Júlia Calvet

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Cataluña

Julia Calvet: de la defensa de los valores constitucionalistas en las aulas en Cataluña, a dirigente nacional de Vox

Procede de una familia independentista y asegura que el nacionalismo «se le curó viajando»

Júlia Calvet (Barcelona, 2001) se ha consolidado en los últimos años como uno de los perfiles emergentes de Vox en Cataluña. Diputada en el Parlament, y ahora recién incorporada a incorporada al Comité Ejecutivo del partido, su trayectoria está vinculada a S'ha Acabat!, la asociación constitucionalista de la que fue presidenta de septiembre de 2021 a enero de 2024. Ella estudió derecho en la Universidad Pompeu Fabra.

S’ha Acabat, recordemos, es una entidad nacida en el ámbito universitario, en pleno proceso separatista, con el objetivo de denunciar la imposición ideológica del independentismo en las universidades catalanas. Y la asociación, y también Calvet cuando estuvo al frente de ella, tuvieron que sufrir episodios de acoso, e incluso agresiones en los campus, cada vez que instalaban una carpa informativa o cada vez que intentaban organizar un acto. Y allí estaban ellos para dar la cara.

Estos incidentes situaron a la ahora diputada de Vox en el foco mediático y la convirtieron en una de las voces más visibles del constitucionalismo joven en Cataluña. Ella misma ha explicado en varias ocasiones que esa experiencia marcó su decisión de dar el salto a la política institucional.

De un entorno independentista al activismo constitucionalista

Uno de los elementos que más llama la atención en su perfil es su origen familiar. Calvet, que tiene hasta siete apellidos catalanes (Calvet, Puig, Figuerola, Robert, Puig, Canyelles y Solé), porque el octavo, Abadía es de Aragón, ha reconocido públicamente que procede de una familia independentista y que, en etapas anteriores, participó en movilizaciones convocadas por entidades separatistas.

Su familia era de las que no sintonizaba otra cosa que no fuera TV3 o Cataluña Radio, y fue, precisamente, a raíz del proceso independentista, que empezó a cuestionar todo lo que le transmitían estos medios de comunicación, pero también sus profesores de historia. Ha explicado, en un libro, cómo su vida le cambió el día que le preguntó a su madre «¿Tan mal estamos para querer salir de España y no volver jamás?». Con su padre mantuvo discrepancias ideológicas, pero, en su caso, asegura, «el nacionalismo se le curó viajando».

Esas convicciones y su discurso, sin complejos en defensa de la libertad en las universidades catalanes y de los valores constitucionales, llamó la atención de Vox, que la fichó para las elecciones autonómicas de 2024. Fue la sexta de las listas y salió elegida. Y, a partir de ahí, su ascenso, también en política, ha sido meteórico.

Su elección como diputada en el Parlament la ha situado definitivamente en la primera línea política, donde se ha centrado en cuestiones relacionadas con los jóvenes, la educación, la lengua y la libertad ideológica, ámbitos muy vinculados a su experiencia previa.

Y su reciente nombramiento como miembro de la Comisión Ejecutiva de Vox refuerza su proyección dentro del partido y la convierte en una de las referentes del espacio político de la formación en Cataluña. El ascenso llega en un momento en el que la formación busca consolidar liderazgos jóvenes y con recorrido público en territorios donde su implantación ha sido más compleja.

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