Imagen de la Virgen de Montserrat venerada en el santuario

Imagen de la Virgen de Montserrat venerada en el santuarioAbadia de Montserrat

El verso del himno a la Virgen de Montserrat que el independentismo desearía ver borrado

El redescubrimiento de la Moreneta como símbolo de unidad espiritual y nacional refleja la recuperación de una devoción que trasciende fronteras ideológicas

La Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, vuelve a ser emblema de unidad espiritual y amor a España tras años de intentos de apropiación política. El redescubrimiento de su dimensión nacional y católica ha devuelto a la Moreneta el lugar que siempre tuvo en el corazón de los fieles, especialmente gracias al impulso del actual abad del monasterio, Manel Gasch, decidido a recuperar el sentido universal de la advocación.

El verso del célebre Virolai escrito por Mosén Cinto Verdaguer —«Dels catalans sempre sereu Princesa, dels espanyols Estrella d’Orient»— resume la esencia que el independentismo ha tratado de borrar: una Virgen profundamente catalana y, al mismo tiempo, luminosa guía de toda España. La devoción a la Moreneta no se detiene en los límites del Ebro. Madrid, Sevilla o Zaragoza conservan parroquias, capillas y hermandades dedicadas a Nuestra Señora de Montserrat desde hace siglos, testimonio palpable de una fe compartida más allá de toda frontera.

El ejemplo más reciente se vivió el pasado fin de semana, cuando más de trescientos hermanos de la Hermandad de Montserrat de Sevilla peregrinaron al monasterio catalán, acompañados por el arzobispo Saiz Meneses y el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno Bonilla. Portando la imagen sevillana de la Virgen bajo palio y acompañados por un coro rociero, los peregrinos recorrieron los alrededores del santuario en un rosario procesional que simbolizó mejor que nunca la Montserrat «de todos».

Desde su llegada al cargo en 2021, el abad Gasch ha reforzado una visión abierta, eclesial y profundamente espiritual del monasterio. En palabras suyas, «a Montserrat le corresponde retirarse del papel que tuvo en los años sesenta y setenta», marcando distancias con la deriva ideológica de etapas pasadas. Su labor, junto al prior Bernat Juliol, se refleja también en el cuidado por la liturgia y el decoro monástico, con la recuperación de ornamentos tradicionales como la mitra, el báculo o la pèlerine, así como en el enfoque vocacional centrado en la vida benedictina y no en el discurso político.

El reciente documental El temps a Montserrat, producido por la red de televisiones locales La Xarxa, es otro síntoma de esta nueva etapa: una hora y veinte minutos de vida monástica y oración en los que apenas se menciona a Cataluña, sino a la Virgen y a la Regla de san Benito. La imagen que ofrece es la de una comunidad sencilla, piadosa y universal.

Tras décadas de mitos y relatos interesados, incluso algunos símbolos del nacionalismo catalán —como la supuesta fundación de Convergència Democràtica en Montserrat, que ahora se reconoce falsa— se desvanecen ante la evidencia histórica. Los nuevos tiempos en la abadía demuestran que, por encima de todo, Montserrat no pertenece a ningún partido ni movimiento, sino a todos los creyentes y a todos los españoles.

Como hace más de un siglo escribió Verdaguer, la Moreneta sigue siendo «Princesa dels catalans» y «Estrella d’Orient dels espanyols»: la Virgen de todos, no de unos pocos.

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