Niños preparados para la evacuación de España con el puño en alto, símbolo utilizado por el bando republicano
Historia
Historiadores nacionalistas falsean el exilio republicano y plantean un inexistente plan de exterminio
El INH tergiversa la dura realidad de lo ocurrido durante la Guerra Civil
El exilio republicano tras la Guerra Civil es uno de los episodios más dolorosos, complejos y documentados de la historia contemporánea. Fue un éxodo heterogéneo donde convivieron comunistas, anarquistas, socialistas y nacionalistas, todos unidos por la derrota y el desarraigo.
Sin embargo, el Instituto Nova Història (INH) –referencia de los pseudohistoriadores nacionalistas catalanes– ha pretendido fracturar la memoria colectiva para imponer una tesis de odio y conspiración, en el artículo Quan els exiliats espanyols van intentar assassinar els exiliats catalans («Cuando los exiliados españoles intentaron asesinar a los exiliados catalanes»), sin ningún tipo de rigor histórico.
La tesis es que, incluso en el exilio y frente a la amenaza común del fascismo y el nazismo, el exilio español priorizó la aniquilación física y política del exilio catalán. Esta afirmación parte de un error de base que es constante en las tesis de la INH. Esto es la homogeneización del adversario. Para ellos no existen las luchas de facciones ideológicas, sino un deseo del español por destruir al catalán. Al reducir conflictos políticos complejos a una cuestión de identidad nacional excluyente, el INH despoja a los protagonistas de su contexto histórico para convertirlos en caricaturas de una guerra eterna.
El INH hace especial énfasis en las tensiones vividas en los campos de refugiados de Argelès-sur-Mer o Saint-Cyprien y en el exilio mexicano. Es un hecho histórico documentado que en los campos franceses hubo robos, peleas y una durísima lucha por los recursos escasos. También hubo tensiones políticas feroces entre el PSUC, la CNT, el POUM y los partidos republicanos.
Sin embargo, el INH interpreta estos incidentes no como el resultado de la desesperación, la falta de suministros y la desorganización de un ejército derrotado, sino como un plan orquestado por los españoles para asesinar catalanes. Seleccionan testimonios aislados y los elevan a la categoría de norma general. Ignoran los miles de casos de solidaridad entre soldados de diferentes orígenes que compartieron el mismo destino trágico bajo la vigilancia de los gendarmes franceses.
Sin pruebas
En la historiografía seria, un intento de asesinato requiere una orden, una logística y una ejecución. El INH no aporta pruebas de una directriz política de los gobiernos republicanos en el exilio para eliminar físicamente a los líderes o exiliados catalanes por el mero hecho de serlo.
Lo que sí existió fue una agria disputa por el control de los fondos de ayuda al refugiado del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE) y la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE). Hubo acusaciones de favoritismo y corrupción, pero convertir una disputa por subvenciones y legitimidad política en un plan de exterminio falta a la verdad histórica. El INH utiliza la palabra asesinato para incluir desde discusiones acaloradas en asambleas hasta la marginación política, vaciando el concepto de su significado legal y criminal.
Liberación por los estadounidenses del campo de concentración de Mauthausen-Gusen bajo una pancarta escrita en español que reza: «Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras»
Una de las mentiras más sutiles es la idea de que el exilio catalán era un bloque unido frente a la agresión externa. Ignoran que la mayor fractura en el exilio catalán no fue con España, sino interna. La relación entre la Generalitat de Lluís Companys y las fuerzas del Gobierno de la República fue tensa.
Las críticas más feroces a Companys a menudo venían de otros sectores catalanistas o de los anarquistas de la CNT que no compartían su hoja de ruta. Al borrar las diferencias ideológicas internas de Cataluña, el INH presenta una visión infantil de la historia donde Cataluña es una víctima pura y España un victimario unánime. Esta visión insulta la memoria de los miles de catalanes que se sentían plenamente republicanos españoles y de los españoles que defendieron con su vida la autonomía de Cataluña.
El INH, desde su fundación, ha pretendido alimentar el agravio. Al presentar el exilio como un escenario donde el español intentó terminar el trabajo de Franco asesinando a los catalanes que habían escapado, se busca generar una desconexión emocional y moral absoluta. Este tipo de narrativa es peligrosa porque utiliza el sufrimiento de personas reales para justificar agendas políticas presentes.
Los exiliados de 1939 sufrieron hambre, frío, humillación por parte de las autoridades francesas y, en muchos casos, la muerte en los campos nazis como Mauthausen. Mezclar ese sacrificio con teorías conspirativas sobre intentos de asesinato entre compañeros de exilio, sin contraste documental, es una forma de revisionismo que degrada la historia del exilio español.
Anacronismos
La supuesta metodología del INH para afirmar esto se basa en fragmentos de diarios personales donde un exiliado expresa su amargura contra otro y se interpreta como una prueba de un plan nacional de agresión; en un incidente aislado en un barco hacia México se convierte en la prueba de la actitud de los españoles; y se aplican conceptos de la política catalana del siglo XXI a los refugiados de 1940.
La comunidad académica ha señalado repetidamente que el INH no busca la verdad, sino la confirmación de sus prejuicios. Y sobre el exilio pretenden demostrar que existió una violencia contra Cataluña, manipulando la verdad para fracturar la memoria colectiva del republicanismo para imponer un relato de odio étnico.
Como hemos dicho, al presentar al exiliado catalán como una víctima pura y al resto como victimarios coordinados, el INH borra la pluralidad de la propia Cataluña, donde muchos exiliados eran catalanistas y republicanos españoles a la vez. Esta narrativa es un terraplanismo histórico que utiliza el trauma de 1939 como herramienta política actual, insultando la memoria de quienes compartieron barracones en Argelès-sur-Mer.
En lugar de historia, ofrecen un panfleto que reduce la complejidad de la tragedia humana a una caricatura de buenos y malos, diseñada solo para alimentar el agravio nacionalista sin rigor científico.