El presidente de Junts, Carles Puigdemont, este mes de agosto

El presidente de Junts, Carles Puigdemont, en una imagen de archivoEuropa Press

Política

Junts colapsa: crece el temor a que el regreso de Puigdemont no remonte las pésimas encuestas

Sectores dentro de Junts consideran a Puigdemont amortizado y se mueven con discreción para preparar la siguiente etapa

Junts no levanta cabeza. Si el jueves fue la encuesta preelectoral del Centro de Estudios de Opinión (CEO) quien predecía un batacazo electoral para los de Carles Puigdemont –perderían casi 20 diputados, serían superados por Aliança Catalana y obtendrían entre 16 y 18 escaños, el peor resultado de la historia para los convergentes–, este viernes el barómetro municipal de Barcelona remataba la faena.

Según esta encuesta, Junts caería de ser la fuerza más votada en las anteriores elecciones municipales –a las que se presentó con Xavier Trias como candidato– al último puesto, con apenas un 2,6 % de intención de voto. Cierto que a Puigdemont le queda el triste consuelo de saber que quien se recibiría esta estocada sería Jordi Martí, el candidato que libró un pulso contra el aparato del partido y lo ganó, pero esta circunstancia no hace el trago menos amargo.

Ambas encuestas, publicadas con apenas 24 horas de diferencia, confirman el auge de Aliança Catalana, que crece sobre todo a costa de captar votantes de Junts. Según el CEO, conocido como el ‘CIS catalán’, el 28 % de quienes dicen que votaron a Puigdemont en las últimas elecciones autonómicas optan ya por Sílvia Orriols.

Puigdemont, amortizado

Desde Junts quitan importancia a estas encuestas, realizadas desde organismos liderados por el PSC. Algunos bucean en las entrañas del barómetro del CEO, señalando la sobrerrepresentación de votantes de ERC y la infrarrepresentación de Junts. Otros prefieren ignorarlas y se limitan a decir que en otras ocasiones ya han superado perspectivas desfavorables.

La presidenta de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, y su candidato para Barcelona, Jordi Aragonès

La presidenta de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, y su candidato para Barcelona, Jordi AragonèsEuropa Press

Hay quien fía el resurgir de Junts a que Puigdemont regrese, pero el director del CEO, Joan Rodríguez Teruel, enfría estas expectativas. «En el nivel en que estamos, no deberíamos sobrevalorar el impacto que esto pueda tener», reflexionaba este en la presentación del barómetro, señalando que –con los datos en la mano– ni la vuelta del expresidente prófugo ni la habilitación de Oriol Junqueras serían el revulsivo que algunos esperan.

Sea como sea, el retrato que pintan estos y otros pronósticos es suficientemente elocuente, y da gasolina a los crecientes sectores dentro de Junts que dan a Puigdemont por amortizado. Muchos le ven como una rémora del pasado, y como el icono de una etapa –el procés– que para los convergentes supuso despojarse de su carácter de partido de derechas, un vacío que ahora capitaliza Aliança Catalana.

De hecho, de un tiempo a esta parte hay movimientos en el entorno de Junts por parte de los sectores más nostálgicos de la antigua Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) para regresar a aquellos postulados. El hiperliderazgo de Puigdemont genera malestar en la formación, pero el hecho de que opere desde Bélgica hace que no tenga un control tan férreo del partido como le gustaría, lo que permite que desafíos como el de Trias y Martí en Barcelona puedan prosperar.

La relación con Sánchez

Tampoco ayuda la posición que ha adoptado Puigdemont con respecto a Pedro Sánchez. Tras investirlo como presidente a cambio de una amnistía incompleta que no ha solucionado la situación del principal interesado, el PSOE ha logrado torear a Junts con reuniones clandestinas y promesas de cesiones que no ha llegado a materializar.

En un momento en que el hedor de la presunta corrupción que rodea al entorno del presidente del Gobierno ha alejado a casi todos sus aliados europeos, Junts ha optado por cortar relaciones con los socialistas, pero a medias. Como el perro del hortelano, ni pacta ni deja pactar, y Puigdemont está atrapado entre el rechazo a Sánchez y a un PP que –en estos momentos– no está dispuesto a ofrecer nada más a Puigdemont que elecciones anticipadas.

Mientras se pregunta qué hacer, el tiempo pasa. El calendario avanza y queda menos de un año para las elecciones municipales de 2027, auténtica prueba de fuego para el liderazgo de Puigdemont. Si el auge de Orriols y el batacazo de Junts se consuman, los movimientos subterráneos actuales podrían emerger y la operación de la vieja guardia para tomar el control pasaría a una nueva fase.

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