Los tres concejales de la CUP en Vic, con camisetas que rezan "Ni obispos ni fachas", en catalán

Los tres concejales de la CUP en Vic, con camisetas que rezan «Ni obispos ni fachas», en catalánCUP de Vic / X

Religión

Reventar una misa en Cataluña sale gratis: «Los católicos son ciudadanos de segunda»

Los 'católicos' Illa, Puigdemont o Junqueras ignoran el chantaje que obligó al obispado de Vic a cancelar la Eucaristía que iba a celebrar monseñor Argüello

El pasado sábado debía celebrarse en Vic (Barcelona) una Eucaristía en la Catedral de Sant Pere para celebrar el 400º aniversario del patrón de la ciudad, san Miquel dels Sants, que nació en esta localidad y falleció en Valladolid. Esta oportuna circunstancia biográfica llevó al obispo de Vic, Romà Casanova, a invitar a su homólogo en la ciudad castellana, Luis Argüello, a concelebrar la misa y predicar la homilía.

La presencia del también presidente de la Conferencia Episcopal, no obstante, no gustó a los grupúsculos radicales e independentistas de Vic, que amenazaron con boicotear la celebración por el posicionamiento explícito de Argüello sobre temas como el aborto o la ideología de género. También le afeaban haberse manifestado «contra el derecho a decidir y la amnistía».

Entre los convocantes del ‘escrache’ se contaban los grupos locales de ERC, los Comunes o la CUP: estos últimos celebran haber conseguido «una fiesta mayor del pueblo y para el pueblo, sin obispos ni fachas» después de que el obispado optase por cancelar la misa. Una decisión que llegó, además, después de que los Mossos d’Esquadra advirtiesen del riesgo para la integridad de los asistentes o el patrimonio artístico de la catedral.

Mirando hacia otro lado

«Fueron mensajeros del miedo», lamenta el columnista Joan Masip en el digital Converses a Catalunya, un medio ligado a la Corriente Social Cristiana, el antiguo e-Cristians. En su reflexión, Masip lamenta también que el gobierno municipal, en manos de Junts, «prefirió mirar hacia otro lado» y «no buscó mediación, ni ofreció garantías jurídicas, ni condenó las amenazas».

«¿Que hubiera hecho el consistorio ante las amenazas a un acto LGTBIQ?», se pregunta retóricamente Masip, para quien lo ocurrido en Vic tiene tres implicaciones «graves»: que se «normaliza la intimidación» como método político, que se «legitima» el silenciar a minorías y que se abre la puerta a futuros vetos. «Es evidente que los católicos son ciudadanos de segunda en Cataluña», concluye.

El alcalde de Vic, Albert Castells, no ha sido el único en «mirar hacia otro lado». El líder de su partido, Carles Puigdemont, habitualmente muy locuaz en X, guardaba silencio.

Tampoco ha dicho nada otro autodeclarado «católico» como Salvador Illa, presidente de la Generalitat y habitual defensor del «humanismo cristiano» en sus discursos. Oriol Junqueras también dice profesar la fe cristiana, pero su partido ha sido uno de los impulsores del escrache al arzobispo de Valladolid.

Sí se ha dado un paso al frente para condenar lo ocurrido desde el PP. El presidente de la agrupación local de Vic, el también diputado en el Parlament Pau Ferran, aseguró que la cancelación de la misa «es un ataque grave a la libertad religiosa» y un «menosprecio profundo a las tradiciones de Vic», y añadía que se trata de unos hechos «vergonzosos y profundamente antidemocráticos».

También desde Vox han condenado el escrache, en el que también participaron varias comparsas de la fiesta mayor y los CDR. El portavoz de la formación en el Parlament, Joan Garriga, lamentó lo que considera «otro ataque a nuestra identidad» y lo contrastó con «poner la alfombra al avance del islamismo». «Lo pagaremos caro», concluyó.

Desde el portal Germinans Germinabit, especializado en el análisis de la actualidad eclesial catalana, Oriol Trillas también ha analizado las consecuencias del hecho. «Se ha conseguido el precedente de la suspensión de una misa tras las amenazas por determinadas declaraciones de un obispo en ejercicio de su libertad de expresión», resume.

Con todo, Trillas dedica un reproche añadido a los obispos catalanes que tampoco se han pronunciado públicamente sobre el tema ni se han solidarizado con Casanova y Argüello.

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