La secretaria del PSPV, Diana Morant, junto a la secretaria de organización del PSOE, Rebeca Torró, en un acto de partido
Diana Morant, el juguete roto del sanchismo
La ministra y secretaria general del PSPV, designada candidata a la Generalitat Valenciana por el presidente del Gobierno, sufre el lastre de la corrupción que sufre su partido con el único asidero de la gestión de Mazón sobre la dana
Diana Morant no arranca. Ministra de Ciencia e Innovación, secretaria general del PSPV y elegida por Pedro Sánchez como candidata a la Generalitat Valenciana, no logra capitalizar ninguno de esos cargos en apoyo real en las calles. La dirigente socialista lleva meses forzando su presencia institucional en la Comunidad Valenciana, pero ni la sobreexposición pública ni su intento de tejer una agenda paralela a la del Consell han servido para mejorar sus niveles de conocimiento y valoración entre los ciudadanos.
La última encuesta del CIS, elaborada antes de que estallaran los escándalos de corrupción que golpean al PSOE, ya reflejaba el problema: Morant es menos conocida que Joan Baldoví, portavoz de Compromís y eterno candidato de la izquierda valencianista. Mazón, por su parte, no solo es el más votado, sino también el único con respaldo suficiente para repetir gobierno, incluso a pesar del desgaste derivado de la gestión de la dana que arrasó parte de la provincia de Valencia.
Desde que asumió la secretaría general del PSPV en una operación dirigida desde Ferraz por el entonces secretario de Organización, Santos Cerdán, Morant ha centrado todos sus esfuerzos en multiplicar actos públicos y visitas a municipios valencianos. Pero la estrategia, más pensada para el titular de prensa que para generar estructura territorial, no ha calado.
Un ejemplo claro fue su paso por la romería de la Santa Faz, en Alicante, el pasado 1 de mayo. Acudió para dejarse ver, pero abandonó a mitad del recorrido para llegar a la manifestación del Día del Trabajador. El episodio retrata bien su estilo político: omnipresente, pero sin un compromiso claro con ningún espacio. A su alrededor, se multiplican las críticas por una forma de hacer política más centrada en la foto que en la acción.
Sin escaño, sin púlpito
La ministra no es diputada autonómica, por lo que no puede confrontar directamente con Carlos Mazón en las Cortes Valencianas. Esta ausencia en el Parlamento le resta visibilidad frente al presidente autonómico, que ha recuperado terreno en las encuestas tras meses de tensión por la dana. Las manifestaciones impulsadas por la izquierda tras la tragedia, que llegaron a movilizar a 130.000 personas, han ido perdiendo fuerza hasta no superar las 5.000 en la última convocatoria, pese a contar con el apoyo de más de doscientas entidades. Ni la protesta ni la calle parecen funcionar ya como herramientas de desgaste al gobierno del PP.
Imagen de Diana Morant y Carlos Mazón tomada en el Palau de la Generalitat
Morant, que fue cabeza de lista del PSOE por Valencia en las elecciones generales de 2023, tampoco logró entonces frenar el avance 'popular'. El PP ganó en votos y escaños, mientras ella cargaba con una lista en la que el número dos era José Luis Ábalos, quien decía ser «feminista por ser socialista», mientras elegía prostitutas por catálogo y que hoy se encuentra cada vez más cercado por los casos de corrupción que afectan al partido.
El peso de los padrinos
El ascenso de Morant fue fruto de un pacto de despachos. Su candidatura a la secretaría general del PSPV se fraguó en Ferraz bajo la tutela directa de Santos Cerdán, hoy en prisión por corrupción, y de Ábalos, cuyas vinculaciones con la trama del caso Koldo no dejan de crecer. Alejandro Soler y Carlos Fernández Bielsa, los dos aspirantes con más peso territorial, fueron apartados con presiones internas. A ambos, según fuentes socialistas, se les advirtió de que serían condenados a la «muerte civil» dentro del partido si se enfrentaban a la ministra.
Ahora, con sus mentores fuera de juego, Morant está políticamente expuesta. Cada nuevo dato sobre la presunta trama de contratos fraudulentos en municipios valencianos -algunos gobernados por el PSOE y Compromís- aviva la sospecha sobre el proceso que la llevó al liderazgo del socialismo valenciano. La empresa Levantina Ingeniería, también investigada, operaba con frecuencia en la Comunidad y mantenía contactos con los protagonistas del escándalo. La figura de Morant, que ha intentado desligarse de Cerdán y Ábalos, se debilita a cada paso. «Yo no conozco a esas personas de las que usted me habla» se ha convertido en su respuesta habitual ante los medios.
Triple «pinza» contra Mazón
La presión ahora se comparte. Con el nombramiento de Rebeca Torró como nueva secretaria de Organización del PSOE en sustitución de Santos Cerdán, el partido ha reforzado el núcleo duro del sanchismo valenciano en torno a una nueva «pinza» orgánica formada por Morant, Torró y Pilar Bernabé, candidata a la Alcaldía de Valencia.
La delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Pilar Bernabé, junto a la ministra de Ciencia, Diana Morant, en un acto del PSPV
Torró, de 44 años, es una dirigente de la máxima confianza de Ximo Puig, a quien este colocó como secretaria de Estado tras su salida de la Generalitat. Ahora da el salto al núcleo nacional del PSOE en un momento en que su nombre aparece vinculado a varias adjudicaciones públicas a empresas bajo investigación por la UCO, como Levantina Ingeniería y Contratas Vilor. En su etapa al frente de la Consejería de Obras Públicas de la Generalitat, estas empresas fueron beneficiadas con contratos por varios millones de euros.
El PP ya ha señalado a Torró como «la heredera orgánica de Ábalos y Cerdán», y ha denunciado que Sánchez solo confía la maquinaria del partido a personas bajo sospecha. Carlos Mazón ironizó el pasado viernes: «Si Torró es la evolución natural de Ábalos y Cerdán, que Dios nos coja confesados».
El techo electoral
Los datos no engañan. En las elecciones europeas de mayo de 2024, ya con Morant al frente del PSPV, el PP volvió a imponerse con claridad en la Comunidad Valenciana. Y en todos los sondeos con base sólida, la proyección es la misma: el PP ganaría las autonómicas y el bloque de derechas volvería a alcanzar mayoría, mientras que el PSOE caería incluso por debajo de los resultados de Ximo Puig. Compromís se desinfla, y ni Sumar ni Podemos lograrían representación en las Cortes.
En cambio, solo el CIS dirigido por el socialista José Félix Tezanos ha planteado una hipótesis de victoria para la izquierda. Pero ni siquiera esa encuesta es alentadora para Morant. Los valencianos, según ese mismo estudio, prefieren como presidente a Baldoví antes que a ella.
El factor nerviosismo
La situación interna del PSPV se ha tensado. Muchos dirigentes territoriales, conscientes de la fragilidad de Morant, se mantienen a la espera de nuevos audios, filtraciones o informes que puedan implicarla más directamente en los chanchullos internos que afectan a su entorno. La ministra se ha encerrado en un discurso defensivo centrado en acusar a Mazón y negar cualquier vínculo con quienes la auparon.
La militancia también empieza a cuestionarse por qué fue ella la elegida. La pregunta flota con más fuerza cada vez que se descubre una nueva pieza del puzle judicial que salpica al socialismo.
Morant, que parecía ser la apuesta de renovación del PSOE valenciano, se enfrenta ahora al mismo fantasma que ha devorado a tantos otros en su partido: convertirse en una figura decorativa, aislada, amortizada. A falta de auditorio, de discurso propio y con la mochila de escándalos ajenos, la ministra no logra despegar. El experimento no ha funcionado. La candidatura fabricada en Madrid no prende en Valencia.