Teulada Moraira

Teulada MorairaTurismo Comunidad Valenciana

El idílico destino de playa de Alicante perfecto para una escapada en septiembre

Septiembre es, para muchos, el momento perfecto para acercarse al Mediterráneo. El calor todavía acompaña, el agua se mantiene templada y la presión turística disminuye de forma notable. En la Marina Alta, una de las comarcas más atractivas de la provincia de Alicante, existe un enclave que encaja con esa idea de escapada tranquila: Moraira, un núcleo costero perteneciente al municipio de Teulada que conserva su identidad marinera pese al desarrollo turístico.

El origen de Moraira se remonta a un pequeño barrio de pescadores levantado en torno a una ermita dedicada a la Virgen de los Desamparados. Con el tiempo, esa ermita dio paso a la parroquia que hoy preside el centro urbano, construida en el siglo XIX con piedras procedentes del castillo cercano. Ese castillo, de planta semicircular y coronado por el escudo de los Borbones, fue edificado en 1742 para frenar los ataques piratas. Restaurado en los años ochenta, se ha convertido en una referencia patrimonial y en escenario de exposiciones sobre la defensa de la costa.

Playas y calas para todos los gustos

El litoral de Moraira, de apenas ocho kilómetros, concentra algunas de las playas y calas más apreciadas de la Costa Blanca. La de l' Ampolla, a los pies del castillo, es la más frecuentada por su accesibilidad y servicios, mientras que la playa del Portet, en forma de concha y resguardada por el Cap d' Or, ofrece un paisaje más íntimo y un entorno ideal para deportes náuticos. El camino que asciende desde allí conduce hasta la torre vigía del siglo XVI, desde la que se divisa una panorámica excepcional: la bahía, la sierra de Aitana, el Peñón de Ifach e incluso, en días despejados, la silueta de Ibiza.

Torre de Moraira

Torre de MorairaTurismo Teulada Moraira

El catálogo de calas es amplio y diverso. Andragó, con fondo rocoso y aguas profundas, se ha convertido en un lugar de referencia para el buceo. Cap Blanc, integrada en la Red Natura 2000, ofrece un entorno más agreste y natural. Y la cala Llebeig, de difícil acceso salvo a pie o por mar, conserva la sensación de aislamiento que buscan quienes prefieren un Mediterráneo sin artificios.

Patrimonio y naturaleza protegida

El valor natural de Moraira no se limita a la costa. El Marjal del Senillar, junto a la playa de l' Ampolla, constituye una pequeña albufera catalogada como reserva de fauna por albergar al pez fartet, en peligro de extinción. El Cap d' Or, además de su torre defensiva, guarda restos íberos y microrreservas de flora que refuerzan su interés medioambiental.

En el propio casco urbano, las calles blancas y el antiguo barrio marinero recuerdan la tradición agrícola y pesquera. El cultivo de la uva moscatel forma parte de la identidad local y ha dado lugar a un vino autóctono muy valorado, el Moscatel Romano.

Arroz a banda frente a una cala de Teulada Moraira

Arroz a banda frente a una cala de Teulada MorairaTurismo Comunidad Valenciana

La cofradía de pescadores, activa desde 1929, garantiza producto fresco que se transforma en recetas como el puchero de pulpo, la sopa de pescado o distintos arroces: a banda, negro o con sardinas y espinacas. A esa tradición se suma la influencia de residentes extranjeros, que han incorporado matices internacionales a la oferta gastronómica local.

Turismo sosegado

Aunque en los meses de verano la afluencia se multiplica, Moraira no alcanza la masificación de localidades vecinas como Calpe o Denia. Según datos del Ayuntamiento de Teulada-Moraira, alrededor del 65 % de los visitantes son excursionistas procedentes de la propia provincia, mientras que el turismo extranjero, con británicos, franceses y alemanes a la cabeza, mantiene una presencia significativa. La estancia media supera las trece noches y el gasto diario ronda los 112 euros por persona, cifras que confirman la consolidación del destino.

Moraira también ha sido refugio para quienes buscaban calma fuera del circuito turístico habitual. El escritor estadounidense Chester Himes se instaló en la zona a finales de los años sesenta y permaneció allí hasta su muerte en 1984. Ese espíritu de discreción, unido al paisaje marino y a un clima privilegiado, explica que este rincón de la Costa Blanca conserve aún el aura de lugar secreto.

Así, en septiembre, cuando las calles recuperan su ritmo sosegado y el Mediterráneo se ofrece con toda su intensidad, Moraira se convierte en una alternativa ideal para quienes buscan disfrutar de la costa alicantina sin renunciar a la tranquilidad.

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