¿No tienen nada más que hacer que pedir la dimisión de Mazón?
Son mayoría los valencianos que no quieren que sus representantes en las Cortes Valencianas sólo sean noticia si la oposición abandona sus escaños
Que los partidos de la oposición en las Cortes Valencianas , PSPV-PSOE y Compromis, estén en contra de Carlos Mazón, entra dentro de lo que cabe esperar de quien no gobierna. Que lo más descollante y que trascienda a la opinión pública como su principal actividad parlamentaria sea exigir su dimisión, no tanto. Lo piden y exigen por activa, pasiva y perifrástica. En el hemiciclo, en la calle, en los medios y los enteros, pero Mazón no se va. Sólo hay tres maneras dentro de la ley, para que deje la Presidencia de la Generalitat: Por su propia decisión dimitiendo. (Descartado). Por una moción de censura. (No tienen votos para ganarla). Y por adelanto electoral. (Tan próximo o no como puedan estarlo las Generales). Son muchos los valencianos que a pesar de no estar de acuerdo con Mazón –lo que para el PP será llegado el momento un perturbador hándicap electoral -- tampoco comparten y rechazan de plano la invariable postura obstruccionista de la oposición, como la que han puesto de manifiesto en el Debate sobre la Comunidad Valenciana de esta misma semana.
Hacer algo más que pedir la dimisión
Son mayoría los valencianos que no quieren que sus representantes en las Cortes Valencianas sólo sean noticia si la oposición abandona sus escaños; si los grupos se abuchean e interrumpen constantemente; si el discurso del presidente Mazón dura cinco horas; si a socialistas y compromisos sólo se les oye decir «Mazón, dimisión». Son, somos, muchísimos más los valencianos que queremos leer– y lo queremos de una de una puñetera vez-- un titular de prensa en el que se diga: «Consell y oposición pactan urgentes medidas para paliar los daños de la dana». Señorías de un lado y otro del arco parlamentario, convengan con suma urgencia, como lo exigen las desafiantes circunstancias, coordinar y desarrollar, con prisa y sin pausa, la efectividad ayudas para los afectados de la dana. Y no se fíen sólo de lo que les dicen los suyos para halagarles los oídos, ni de las propagandas. Ábranlos a las opiniones de los otros y, sobre todo, de los afectados. Llegarán a la conclusión de que ya es mucho el hartazgo de la ciudadanía, en gran medida culpa de la bipolarización y el «tú más». Los familiares de las víctimas mortales, y todos los demás damnificados, castigados por las lluvias, arruinados, todavía secuestrados en sus propias casas por un ascensor que no funciona, mal pagados por indemnizaciones ridículas por recortadas…. no quieren más diatribas ni anuncios. Quieren ver hechos y que no les pase como a muchos palmeros, que cuatro años después del volcán, inundados de promesas como lava, todavía esperan que se conviertan en realidades.
PSOE y Compromis, contra las obras anti-riada
No debería nunca más dejarse abandonados a los damnificados por la gota fría. Ni en el Senado, Congreso, o Cortes Valencianas. El senador valenciano Gerardo Camps defendió en la cámara alta una moción para que el gobierno de Sánchez acelerase las obras hidráulicas que se contemplan en los llamados Planes de Gestión de Riesgo de Inundación, con los que se impedirían los daños catastróficos en el caso de repetición de lluvias torrenciales. El Partido Popular, Vox y Unión del Pueblo Navarro votaron a favor y en contra el PSOE, Compromis, Sumar y ERC. Un resultado que vino a ratificar que el encono y frentismo que se gastan gobierno y oposición lo pagamos los valencianos. Y que las obras que debieron haberse hecho años ha, que en su día fueron objetivos y promesas de unos y otros, pero que ni otros ni unos hicieron realidad, se lleven a término con la mayor premura. Para que las lluvias torrenciales –amenaza que con el otoño está ahí – no vuelvan a repetirse once meses del 29-O, cuando devastaron vidas, viviendas, campos, industrias, talleres e infraestructuras, cuya reparación nos costará veinte o treinta veces más que las obras prometidas y que todavía siguen pendientes.
Hackers rusos y pulseras que petardean
El semanario Loclar de Ontinyent daba cuenta en su edición de la pasada semana de los serios y graves problemas sufridos por varias empresas de la comarca de la Vall d’Albaida, atacadas por hackers rusos. Algunas todavía arrastran las consecuencias de la brutal intrusión, a pesar de ímprobos esfuerzos informáticos y crematísticos por recuperar los datos secuestrados. Lo peor, la inseguridad que genera el que por muchos que sean los cortafuegos tratando de impedir el incendio cibernético, el mal putinesco no descansa y es una amenaza constante, que lo mismo bloquea el sistema de riegos del antiguo cauce del Turia que el avión en el que viaja la ministra de Defensa.
Y aunque no haya ha sido cosa de hackers el penoso funcionamiento de pulseras, o mejor dicho tobilleras, con la que dar cierta tranquilidad a las mujeres en riesgo de volver a sufrir daños o malos tratos a manos de exparejas, hay que denunciar la actitud y aptitud de la ministra de Igualdad, que ha negado con histriónicas gritos el problema, que sí ha confirmado la delegada del gobierno contra la violencia de género, desmintiendo lo afirmado por su ministra. Una Ana Redondo, a la que por mucho que la haya reprobado el Congreso de los Diputados, sigue en el cargo tan campante.
¿Aún no lo han elegido como el más guapo?
Dejemos de lado la acritud ambiental y antes de poner punto final a estas preguntas recurramos al sarcasmo. Han pasado ya más de diez días que supimos de la muerte de Robert Redford, un actor que por dentro y por fuera, fue considerado como el hombre más guapo del mundo. ¿Quién lo es ahora? ¿Quién está llamado por su propios méritos –cirugías, botox y maquillajes aparte -- a sentarse en ese trono? Sorprende que todavía no se haya reunido, con la prontitud que el caso requería, el comité federal --si ese es el órgano que más poder tiene, aunque ya todo el poder lo acumula él – para decidir por unanimidad norcoreana que su líder es el más guapo del mundo mundial. ¿Cómo no reconocerlo con ese nombramiento, que será todo lo honorífico que sus detractores dirán, pero título es? Viendo sus broncíneas facciones, tanto por el color propio de la aleación de cobre y estaño, como por la dureza de su cara, no se puede tener dudas. Es el más guapo. Y el que tenga alguna duda que se lo pregunte a Pedro Almodóvar.
Premio Nobel y elevado a los altares
Lo de designarlo como el más guapo cede el paso obligado por otras propuestas surgidas en los últimos días. Una nos llegó desde Canarias. Entrevistado en una emisora de televisión local el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres Pérez (Arucas, Las Palmas 1966) no desdeñó la posibilidad de Pedro Sánchez, el mismo que le ha nombrado ministro, sea galardonado con el Nobel de la Paz, premio para al que también se postula en primer persona, sin necesidad de que lo haga un mandado suyo, Donald Trump. Y como la veneración que suscita la figura y obra de Pedro Sánchez encandila hasta el paroxismo a muchos y muchas de los suyos, hete aquí que la concejala socialista de la localidad granadina de Pinos Puente y diputada de la Diputación de Granada, Francisca Santaella Aceituno, se descuelga en un debate en la corporación provincial con este comentario: «Y aunque ustedes quieran echarla culpa de todo lo habido y por haber al señor Pedro Sánchez, que algún día lo haremos santo, o lo elevaremos a los altares, cada uno elige sus santos...». ¿San Chez? Amén, les faltó decir a sus compañeros algo faltos de reflejos.