El perol sideralAlfredo Martín-Górriz

Pilates, ayuno intermitente y zumo detox

« Los hábitos saludables se parecen demasiado a una mortificación sin contenido espiritual alguno»

Susana Griso, de 56 años, dice en una entrevista: «Me levanto a las 4 de la mañana, no me echo siesta, hago 60 minutos de bicicleta estática y ceno a las 7». Suponemos que se refiere a las 7 de la tarde, pero nunca se sabe. Mariló Montero, de 60 años, añade: «cada día me levanto a las cuatro de la mañana para dedicar tres cuartos de hora a la elíptica». Michelle Obama no es tan madrugadora: «me levanto a las 4:30 para ir al gimnasio, hago sesiones de cinta de correr combinadas con trabajo de fuerza con pesas». Dan Brown, de 61 años, continúa: «me levanto a las 4 de la mañana y me tomo un batido con espinacas y plátano, seguido de un café con mantequilla y aceite de coco para activar mi mente». Haruki Murakami, de 76 años, afirma lo siguiente: «me levanto a las 4 de la mañana, trabajo 5-6 horas, corro 10 kilómetros y me voy a la cama a las 21». Finalmente, Rafa Sánchez, del grupo La Unión, indica: «hacer deporte me hace mejor persona, el entrenamiento es casi una meditación».

Estos son sólo algunos ejemplos recientes sobre cómo el antiguo lema «sexo, drogas y rock and rolll» se ha transmutado en «pilates, ayuno intermitente y zumo detox». Aquellas celebridades que caían como moscas a los 27 años alcanzarán los 99 contándonos en breve hasta la textura de sus deposiciones y los matices del color de su orina, los resultados de los análisis médicos, y las visicitudes acaecidas en sus colonoscopias. La heroína, la cocaína y el LSD han dado paso al jengibre. Levantarse horas antes del amanecer no se asocia ya a un nuevo día, sino a una especie de noche continuada, en la que los hábitos saludables se parecen demasiado a una mortificación sin contenido espiritual alguno. De la misma manera, el ayuno intermitente desplaza el objetivo trascendental del ayuno tradicional potenciado en multitud de sociedades: aquello que debería acercarnos a Dios, sencillamente nos aproxima a un agujerito menos del cinturón. En ambos casos, la ascesis se cambia por una mera rutina cuyo único objetivo es compensar los excesos del ocio, con el entrenador personal, el nutricionista y el fisioterapeuta como nuevos sumos sacerdotes de un culto pagano en torno a la negativa a aceptar el envejecimiento y la muerte. A todo ello se le añaden los anabolizantes y la TRT como forma de eucaristía. Si no hay ya cielo, se construye en el suelo un paisaje de futuros ancianos que marcan abdominales y enseñan los bíceps con dentaduras postizas de un blanco deslumbrante.

Pero no basta. Goldie Hawn añade, con respecto a su entrenamiento holístico, que «cuando caminas hacia atrás estás empleando una parte diferente del cerebro». Los indispensables diez mil pasos ya ni siquiera pueden ser hacia adelante, sino que se requiere de espejo retrovisor, para intentar desandar lo andado y volver a una extrañísima infancia o una figurada placenta. La entrenadora Mika Takishima es casi perfecta: «me levanto a las 3:30 de la mañana, camino dos horas y al llegar a casa hago 30 sentadillas con una pesa de 20 kg». Pero quizá no madrugan todo lo debido. ¿Por qué no levantarse a las 1 o las 2? ¿O para qué dormir? ¿No sería mejor la vigilia total y el ayuno absoluto mientras se hace el pino puente andando hacia atrás como la niña del exorcista con una pesa atada con una guita al escroto?

Afortunadamente, existe un antídoto, y curiosamente con un elemento de raigambre anti-vampírica. Lo expresa Lolita Flores, de 67 años: «Me levanto a las doce de la mañana, tomo un diente de ajo crudo y no hago ejercicio».

Pero digo yo que entre levantarte a las cuatro de la mañana para hacer bici estática o a las doce para comerte un diente de ajo habrá un término medio.

comentarios

Más de Córdoba - Opinión

Córdoba - Opinión

Silencios

tracking

Compartir

Herramientas