El perol sideralAlfredo Martín-Górriz

Educación para el biruji

Córdoba es una ciudad transtérmica. Tiene un invierno suave pero se autopercibe como siberiana.

Act. 08 ene. 2026 - 11:25

Córdoba no está preparada para el frío. Decididamente no lo está. Esto se ve mejor durante el mes de septiembre. Las nochecitas en las que la cigarra canta junto al grillo dan paso a algunas que, por fin, bajan del umbral de los 22 grados. Ya se puede conciliar el sueño. En ese momento, numerosos cordobeses comunes salen a la calle por la mañana ataviados ya con blusas o camisas. ¡Cuidado! Vayan a resfriarse.

Llega octubre y con él alguna mañana suave. Es el turno de sudaderas y jerseys. ¡Cuidado! Podrían destemplarse en días que todavía pasan de los 30 grados. Noviembre empieza a desatarlo todo. Con un tiempo aún primaveral, se ven ya abrigos, cazadoras y trencas. Mediante una proyección psicológica incluso se les ponen prendas a los perros de presa por la calle ¡Cuidado! Se ve la gripe a la vuelta de la esquina. En diciembre, otoño sin más, llega el festival de guantes, gorros y bufandas. Los ciudadanos andan ateridos y esta circunstancia puebla las conversaciones mundanas.

Llega con enero el invierno suave, cuando alguna vez baja el termómetro de los cero grados muy pocas jornadas y sólo durante la madrugada. Empieza entonces el caos: pijamas debajo de la ropa, pasamontañas, saquitos por partida doble, camisetas interiores de manga larga, calzoncillos que llegan a los tobillos. El cordobés común se pregunta cómo sobrevivirán en la tundra y la taiga, los hospitales se colapsan. Por las plazas de la ciudad se ve a personas disfrazadas ora de Amundsen, ora de Scott, acaso de inuit. Rafaé y Manué, como hasky y malamute, andan cabizbajos ante el hipotético vendaval y se frotan las manos o las introducen en los bolsillos. Surgen alarmas de diversos colores, sin saber cuál es más catastrófica. Algunas te llegan al móvil. Ya no se habla de otra cosa.

Córdoba es una ciudad transtérmica. Tiene un invierno suave pero se autopercibe como siberiana. Bien pareciera que Cañero se torna Groelandia, Valdeolleros Alaska, la Fuensanta la Antártida o Ciudad Jardín Kazajistán. Tanto calor, tantísimos meses, tiene un efecto en la apreciación del entorno, que queda tergiversado, como si el invierno fuera imposible de entender y el frío algo fuera de lugar. Esto crea esa impresión de cero absoluto cuando apenas hay una mijita de biruji.

Se cree que biruji proviene del idioma caló, aunque no está demostrado del todo. Es un vocablo relativamente moderno que los estudiosos, tanto en esa forma como virugi, localizan en las primeras décadas del siglo XX, también referido al vientecillo gélido. El término se ajusta mejor al carácter del invierno cordobés, poco dado a excesos pese al revuelo que genera. Uno ve cómo en algunos países nórdicos se sacan las cunas de los bebés al exterior para que duerman la siesta al raso y fortalezcan su sistema inmunitario, luego observa al aterido sureño andaluz de interior, y se da cuenta de lo necesaria que sería la educación en el frío, mejor dicho, educación en el biruji, para acostumbrarse poco a poco a su sensación, evitando recurrir al abrigo a la mínima, un ejercicio verdaderamente saludable que, a la postre, evita enfermedades, prendas excesivas, ahorro por calefacción y, encima, adelgaza, según está demostrado.

Fuera gorros, adiós al verdugo, a un lado las manoplas, ¿es momento para el plumas? Por Dios, ¿una chaqueta de esquí en el barrio de Fátima? No cabe duda, Córdoba necesita la educación para el biruji.

comentarios

Más de Alfredo Martín-Górriz

  • Los travestis llegan a Belén

  • #betunparaelreybaltasar2026

  • El Gran Herrrrrrrrrrrrrrrrmano

  • Por una desmascotización de España

  • El último boomer

  • Últimas opiniones

    Más de Córdoba - Opinión

    tracking

    Compartir

    Herramientas