Los travestis llegan a Belén
«Las supuestas intenciones rompedoras se quedan más bien en tímidos intentos de disimular la obediencia a las normas del sistema»
La retransmisión de las campanadas de fin de año siempre tuvo algo sencillo, humilde, acorde al antiguo espíritu de la Navidad. Tras los indispensables programas humorísticos, musicales o recopilatorios, dos presentadores dejaban el guión a un lado y concedían todo el protagonismo al momento. Sin nada prácticamente escrito, repitiendo clichés, atropellándose muchas veces por los nervios, y casi se diría de forma reiterativa y hasta aburrida, volvían a hablar de cuartos o de atragantamientos con uvas. Había un antes y un después. Antes: sofisticados espacios televisivos con multitud de escritores, comediantes, músicos, iluminación, escenografía, escaletas, vestimentas.... Después: una intranquila pareja con una copa de cava o de sidra atenta al reloj, sin muchos más añadidos. Las familias, igualmente inquietas en los hogares, se reflejaban en ellos y ellos en sus casas. La única salvedad fue hecha por el dúo cómico Martes y Trece, que en 1990 elevó este momento a cotas jamás vistas antes. Pero lo hizo mediante evidentes y magistrales improvisaciones.
Aquella naturalidad con cierta inocencia se fue complicando. Primero con más humoristas tras ver el resultado de Martes y Trece. Luego con conexiones más largas. Posteriormente con multitud de reporteros que complementaban a los presentadores principales y se introducían entre la gente para preguntar obviedades a gritos, son los corrresponsales en el alarido. Más tarde con parejas imposibles, con miembros cada vez más próximos a la prensa rosa y más tarde al mundo de los influecer. Llegó el semi-desnudo, los animadores premiados por su ideología e incluso minorías como los obesos mórbidos o su versión anoréxica al año siguiente. De la pareja se pasó al grupo vociferante de actores, y de la designación ordinaria al sorteo previo vía votación popular. Hoy día, las campanadas son una suerte de lotería donde te puede tocar cualquier manifestación reivindicativa sin la más mínima relación con las fiestas y donde los conductores del acto realizan proclamas, vuelcan sus neuras o muestran físicos llamativos.
En este punto las televisiones regionales siempre fueron a rebufo de las nacionales, y ahora las locales tratan de rizar el rizo. Y así, una drag queen dio las campanadas en Procono para toda Andalucía desde Córdoba, tomando el testigo de otros lugares de España que ya hicieron lo propio. En algún evangelio apócrifo debe de aparecer que entre Nochebuena y Reyes los travestis llegaron a Belén. Teniendo esto ya un aroma caduco, pues remite a la Madonna de los años 90 y a Elton John con Rupaul, las supuestas intenciones rompedoras se quedan más bien en tímidos intentos de disimular la obediencia a las normas del sistema.
Por ello, si se quiere ir de verdad a una parada de los monstruos, a una campanadas cordobesas transgresoras, hay multitud de posibilidades:
1) Dos enanos por sorteo: Acondroplásico y displásico elegidos por sorteo en el Ayuntamiento dan visibilidad a este colectivo siempre ninguneado. No vale hacerse pasar por enano poniéndose de rodillas, como hizo el actor Gary Oldman en la película «Tiptoes». Los viste Andrew Pocrid.
2) Miss Córdoba y Julio Anguita: En este caso, la Miss Córdoba del año conectará mediante ouija con Julio Anguita, que al margen de nombrar estaciones y futuras calles y colegios y plazuelas y rotondas y paseos y parques y avenidas, también debe estar en fechas tan señaladas. Los viste Andrew Pocrid, que hace también adornos especiales a la tabla de ouija.
3) Un vegano y alguien que hace ayuno intermitente: Qué mejor que un vegano y su frutita junto a una persona que hace ayuno intermitente -los nuevos veganos- y lo rompe justo en las campanadas. Los viste Andrew Pocrid.
4) Dos perros.- Dos hijes, quizá lo mejor perros de moda, como el pastor belga Malinois y el american bully. Mientras se toman doce piensitos, sus dueños recogen doce caquitas. Viste a todos Andrew Pocrid, incluidos lacitos de gala a las deposiciones.
5) Una docena de transculturales.- En Córdoba abundan los transculturales, es decir, personas sin obra ni talento que se autoperciben como miembros de lo que ellos llaman cultura. En una performance sin uvas, pues las simbólicas uvas son ellos, improvisarán poemas en verso blanco al solsticio de invierno mientras pinchan discos de vinilo. Los viste Andrew Pocrid.
6) Prostitutas antiguas.- Un homenaje a las últimas trabajadoras tradicionales del último de los burdeles antiguos, el situado en Rey Heredia, símbolo de una Córdoba ya mismo inexistente. Las viste Andrew Pocrid.
7) Sandokán.- Sandokán, reconvertido últimamente en cantante de rancheras, se basta y se sobra para amenizar la velada con canciones navideñas mejicanas. Lo viste de mariachi Andrew Pocrid.
8) Dos ciudadanos normales.- Un vecino de Cañero y una vecina de Valdeolleros, sin más pretensiones. Quizá ésta una propuesta excesiva hoy día. Se visten ellos mismos asesorados por Andrew Pocrid.
Se podría seguir indefinidamente con múltiples posibilidades para convertir la Nochevieja cordobesa en buscarle tres pies al gato, alejándose de la modestia y la sobriedad, en innovar verdaderamente ¿Qué nos depararán futuras campanadas? Quién sabe. Aunque intuimos que vestirá Andrew Pocrid. Y esto añade una pregunta: ¿Quién viste a Andrew Pocrid?