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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Así fue la conversación de Delcy y Pedro

Pedro no olvida cuando, delante de Ursula von der Leyen, le propinó dos sonoros besos a la hoy presidenta encargada (por Trump) de Venezuela. Lo hizo para que rabiaran los fachas

Act. 12 ene. 2026 - 09:05

El presidente adalid de los derechos humanos –siempre que no sean los de los saharauis a los que dejó tirados en marzo de 2022– pide que llamen inmediatamente a Delcy Rodríguez. Pedro no olvida cuando, delante de Ursula von der Leyen, le propinó dos sonoros besos a la hoy presidenta encargada (por Trump) de Venezuela. Lo hizo para que rabiaran los fachas. A él le caía bien la amiga del otro Rodríguez de su vida, Zapatero. De hecho, estuvo a punto de recibirla en Madrid ese 20 de enero de 2020, cuando furtivamente la dejó aterrizar en Barajas, pese a tener orden europea de que no pisara suelo Schengen. Aldama (ese señor al que no conoce) había organizado una cena para que la vicepresidenta de Maduro conociera a Sánchez, ese español tan afín a su dictadura.

-Presidente, la señora Rodríguez al aparato.

-Delcy, soy Pedro. ¿Cómo estás?

-Hombre, presidente. Qué gusto que me llames. Ya me había avisado «mi príncipe» (ZP) que me ibas a telefonear. Ahora estoy disimulando porque Donald me tiene amenazada, pero que sepas que nunca olvidaré cómo nos defendiste a Nicolás y a mí. Ni tu silencio mientras casi 900 presos, como todo el mundo sabe cómplices de la CIA, purgaban en nuestros «centros de reeducación». Tú nunca te creíste que fueran presos políticos, y eso que había cinco de tu país. Jorge y yo te estaremos eternamente agradecidos. Pero, dime, dime, ¿qué quieres?

-Reiterarte que estamos con vosotros. Y animarte a que no te dejes amilanar por ese loco que preside Estados Unidos. A mí me ha sorprendido mucho que tú y él os hayáis entendido. Pero puedo comprenderlo porque los progresistas somos así, presidenta. Supongo que tendrás miedo a terminar como el pobre Nico y Cilia, con los huesos en una cárcel americana. Esas sí que son auténticos infiernos. No como la vuestra de El Helicoide, un auténtico spa para los detenidos.

-Pedro, qué gusto que tengas esa empatía. Por eso viajé a Rusia, otro santuario de la libertad, cuando la Casa Blanca mandó los helicópteros. Algún día te contaré cómo gestionamos esa operación… ¿Cómo se llamaba? Ah, sí: Resolución Absoluta. Qué cursis son los gringos.

-Delcy, cuidado con PDVSA. Ya sé que conoces muy bien lo delicado que es para José Luis que se ventilen los secretos de esa empresa. Yo tengo además en la cárcel a mi ministro, aquel que te recibió en el avión, supongo que te acuerdas de Ábalos, dispuesto –su hijo lo va a hacer en una tele hoy– a contar todo lo que sabe de nuestras relaciones. No me gustaría que nada de eso saliera.

-No te preocupes, Pedro. Mi hermano Jorge os quiere mucho a ti y a José Luis y va a protegeros. Ni media palabra vamos a contarle a Marco Rubio, que sé que os tiene muchas ganas.

-Albares ya ha hablado con él para defender la transición democrática en vuestro país.

-Ay, presidente, qué transición ni qué ocho cuartos. No os fieis de Rubio. A tu canciller le habrá dado buenas palabras, pero luego a mí me echa unas broncas que Bolívar tirita. Fíjate que me ha obligado a soltar a los presos, que no son más que traidores a la revolución. Como la María Corina esa.

-Es que estamos todos de rebajas con Trump. Hasta el bobo de Macron ha retrasado la reunión del G-7 para que el «emperador» pueda celebrar su 80 cumpleaños. Eso no lo hago yo ni por Begoña.

-Oye, presidente, me gustaría pedirte una cosa. Si acaso esto se complica y Donald y Rubio me ponen contra las cuerdas y mis antiguos compañeros del aparato estatal intentan eliminarme por traidora, me gustaría pedir a los Estados Unidos que me dejaran huir de aquí, y he pensado que tu país, península revolucionaria y progresista de Europa, me acogiera. Sé que el Pollo Carvajal, este sí, un felón, vivió allí muy bien escondido durante años.

-No te preocupes, querida Delcy. Aquí siempre tendrás un lugar donde exiliarte. Tú mantén la boca cerrada y Begoña y yo te arreglaremos un ala de Moncloa que usó mi hermano hace unos meses mientras pagaba impuestos en Portugal, y aquí estarás como una reina. Fíjate que hasta tuvo aparcada su caravana en nuestro aparcamiento.

-Te lo agradezco, Pedro.

-Como sé que te gusta la ropa de buenas firmas, cuenta con que Yolanda te paseará por la milla de oro para que te equipes. Eso sí, debidamente camuflada, para que no te reconozcan esos venezolanos de derechas que han invadido el barrio de Salamanca, protegidos por Díaz Ayuso. Y si quieres la dirección de alguna clínica de cirugía estética, te doy la mía y la de mi mujer. Te harán precio.

-Qué buena es Yolanda. Yo la tengo mucho cariño. No entiendo nada de lo que dice, pero me gustan sus reflejos dorados y sus tacones. Tan revolucionarios ellos…

-Hasta más ver, presidenta. Y no olvides lo de cerrar la boca.

-Ni tú lo de alojarme en tu Palacio. Espero que sigas allí dentro de unos meses. Ten en cuenta que eso de las elecciones está sobrevalorado. Que se lo digan a mi Nicolás.

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