A ti
A ti, que tienes una hija y te gustaría que lo de la igualdad fuera verdad, pero sientes indignación cuando se multiplican los casos de dirigentes que acosan a mujeres, tapan los casos y luego van alardeando de feminismo y llamando casi violadores a los varones como tus hijos
A ti, que preparas la última cena de este año. A ti, que nadie te regala nada e intentas hacer de la necesidad virtud, no como Sánchez vendiendo su alma al diablo, sino echándole imaginación y amor a la cocina para que los comensales estén felices y no noten que el súper se ha disparado un 2,7%, mientras a los autónomos la Seguridad Social los sigue sangrando. A ti, que ya cuentas muchas ausencias en tu mesa, pero no solo hoy, sino los 364 días siguientes, cuando te falta la amorosa sonrisa de tu madre o el cálido apretón de manos de aquel amigo con el que fuiste al colegio. A ti, que todavía sientes viva en tu alma la última conversación con aquel colega, del que tanto aprendiste, cuando te contó que sentía cómo la parca se le acercaba, peroqque no quería dar lástima, y que ayudaras a su hijo si algún día lo necesitaba, que estaba un poco descarriado.
A ti, que sientes la soledad del anciano vecino de enfrente, al que siempre acercas un trozo de tarta de manzana porque sabes que le gusta, y al que llegadas estas fechas se escapa alguna lagrimita al recordar a los nietos que no vienen a verle, a los hermanos que no le llaman, y a los amigos que desaparecieron cuando dejó de invitarles a cenar. A ti, que has visitado a tu tía, la que más quería tu madre, que está en una residencia, y que te pidió que te disfrazaras para la función de Navidad que tanto le hizo reír. A ti, que intentas no mandar mensajes virales para felicitar al año, sino que te esmeras en escribirlos y dedicarlos a cada uno de tus seres queridos, porque siempre temes que pueda ser la última vez que lo hagas con alguno de ellos y no quieres perderte ese dulce momento.
A ti, que te harta tanto el odio que destilan algunos. A ti que no metes prisa a la cajera de la frutería, e incluso te enternece que le dé carrete a la señora mayor que tan necesitada está de que alguien le escuche. A ti, que te llevas la mano a la cabeza cuando ves en televisión a presuntos comunicadores que antes admirabas, esparcir bilis contra la mitad de los españoles. A ti, que siempre pudiste hablar en la mesa de lo que pensabas, aun sabiendo que alguno de tus invitados no opinaba como tú, pero con los que siempre conciliabas una palabra, un sentimiento, un buen propósito. A ti, que ya tienes miedo hasta de que las sobremesas degeneren en algún asunto público y la paz familiar salte por los aires.
A ti, que madrugas para levantar la persiana sin una subvención que llevarte a la boca mientras millones de compatriotas viven de ellas, que también pagas tú con tus cotizaciones disparadas. A ti, que abonas hasta el último impuesto que no te mereces mientras observas en el telediario un ir y venir de políticos que se lo gastan en prostitutas, muebles en El Corte Inglés y casas lujosas en la playa. A ti, que sigues contribuyendo a la Hacienda Pública creyendo que va para sostener hospitales, asilos y colegios, como defienden precisamente aquellos que lo gastan en disfrute privado.
A ti, que tienes dos chicos en el paro, a los que tienes que alimentar porque no pueden ni alquilarse una habitación con derecho a cocina, mientras los mismos políticos venden en televisión la construcción de cien mil viviendas de precio asequible que jamás levantan. A ti, que pese a todo no insultas, no amedrentas, no vociferas. A ti, que ves cómo esos sindicatos que deberían defenderte, como a tus hijos, tu trabajo y el que no llega para ellos, viven deglutiendo langostinos y de las ayudas públicas, aplaudiendo como groupies al Gobierno con el que comparten ideología e impostura.
A ti, que tienes una hija y te gustaría que lo de la igualdad fuera verdad, pero sientes indignación cuando se multiplican los casos de dirigentes que acosan a mujeres, tapan los casos y luego van alardeando de feminismo y llamando casi violadores a los varones como tus hijos, dos excelentes hombres que sí cuidan a las mujeres, como tantos que te rodean. A ti, que tienes un hermano al que el mercado laboral ha enviado al paro porque tiene 55 años, y que siempre te dice que todo ha cambiado, que antes las personas que estaban en su plenitud laboral tenían los sueldos más altos y los mejores cargos y ahora solo es precariedad, discriminación por edad y muerte civil en vida.
A ti, que a pesar de todo eres feliz. A ti, que todavía atesoras una sonrisa de guardia siempre. A ti, que tratas con educación a todos, incluso a los que no lo merecen. A ti, que cuidas a los tuyos. A ti, que vas de tu corazón a tus asuntos. A ti, que quieres a España y sueñas con que todo mejore.
A ti, y a todos los lectores de El Debate, Feliz Año 2026.