Banda de gorrones
Quizá el motivo de mi serenidad se deba a que jamás he visto una película en la que intervengan los hermanos Bardem
Lustros ha que no discuto la extraordinaria trayectoria interpretativa de los hermanos Bardem. Quizá el motivo de mi serenidad se deba a que jamás he visto una película en la que intervengan los hermanos Bardem. Con los hermanos Bardem que no se apellidan Bardem me sucede lo mismo que con los sesos rebozados. Los tolero con mucha educación a pesar del asco que me producen los sesos rebozados, que jamás he probado ni probaré. Y con las criadillas, los riñones y demás repugnancias de casquería.
Tampoco me considero autorizado para calificar la categoría profesional de Guillermo Toledo, Pepón Nieto y demás cómicos de nuestro cine. No veo cine español. Me basta y sobra con financiarlo sin que nadie me haya solicitado permiso para usar mi dinero en beneficio de esa banda de gorrones. Y nada tengo personal ni anímico contra los Bardem, que por otra parte son dueños de pensar y decir lo que se les antoje porque son ciudadanos de una nación, todavía libre, que respeta la libertad de expresión e incluso, la libertad en la incoherencia.
No obstante, cuando se trata de una incoherencia que admite la sangre inocente derramada, las celdas de tortura, las desapariciones de discrepantes, la instalación del hambre y la miseria del pueblo, y la avaricia y riqueza de sus dirigentes, como sucede en Cuba, me considero autorizado a poner en duda la dignidad de quienes defienden un sistema asesino desde la comodidad de una sociedad libre.
Javier Bardem y Penélope Cruz hicieron las américas. No se instalaron en Cuba, sino en los Estados Unidos, que garantizan sus derechos humanos, profesionales y civiles. Cuba se ubica a noventa millas de las costas de Florida, pero el matrimonio Bardem Cruz –ella sí se apellida Cruz, de los Cruz de Alcobendas de toda la vida-, se instaló en California. Cuando ella quedó embarazada, todos los ignorantes nos figuramos, o pensamos, que elegirían Cuba para el alumbramiento del ser humano que habían creado al unísono.
Decían que la Sanidad en Cuba era la más avanzada del mundo. Pero les dio pereza. Les mostraron unas fotografías de los quirófanos, dormitorios y demás dependencias de los hospitales cubanos y decidieron renunciar a sus ventajas y entregarse a los inconvenientes de un hospital privado de Los Ángeles, alquilando para ello media planta de su sección de natalidad. Por mera curiosidad aporto un dato. Los Bardem, como todos los comunistas y buena parte de los socialistas españoles son antisionistas, adversos a los judíos, masacrados durante la Segunda Guerra Mundial por Hitler y Stalin, que en su odio a los hebreos coincidieron plenamente. Pero el formidable y gran Hospital privado de Los Ángeles que los Bardem eligieron no era de capital palestino, ni árabe en general, sino judío en su totalidad. Media planta de un hospital judío para que la «Audrey Hepburn» de Alcobendas –perdón por la ironía-, no fuera molestada durante el trance y su convalecencia. No obstante ellos, al amparo de su «lobby» californiano, millonarios comunistas, y que ella –hay que reconocerlo-, supo conquistar previamente mediante sus sacrificios de mujer, insistieron en la matraca del comunismo, el pueblo, la igualdad y todas esas tonterías que se creen sus partidarios. Desde Los Ángeles, claro, no desde La Habana.
Y ahora, que el pueblo cubano se ha hartado de la dictadura criminal comunista, los Bardem y demás gorrones de su banda, han olvidado su amor por los humildes, los hambrientos, los perseguidos y los torturados, y defienden a capa y espada al régimen inhumano que durante sesenta años ha encarcelado a Cuba. No se mueven por la acera contraria del Gobierno español, que ha llegado a una conclusión valiente. Cuba no es una democracia, pero tampoco una dictadura, si bien no lo han podido explicar.
Me refiero principalmente a los Bardem porque representan a la jefatura de la banda de cómicos y trinadores de la farsa en España. Farsa sangrienta que ellos no reconocen. Y escribo en plural, los Bardem, porque además del instalado en los Estados Unidos, hay otro que se llama Carlos.
También actor, dicen.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 15 de julio de 2021