Solo en el primer trimestre, la deuda ha crecido en 71.400 millones
Los gastos son estructurales y muy difíciles de bajar salvo que se quieran acometer reformas serias y en profundidad, empezando por buscar una eficiencia en el gasto público que ahora no existe
Cada día me cuesta más entender lo que está sucediendo en la Administración General del Estado. La recaudación por IRPF e IVA, a cierre de febrero, ha crecido un 8,1 % y un 9,9 % respectivamente. Estos dos impuestos representan el 97,6 % de todos los ingresos de la Agencia Tributaria. No, no me he equivocado con el porcentaje: entre enero y febrero se producen unos abonos de la recaudación excesiva anticipada del Impuesto de Sociedades que le han cobrado a las empresas.
Así, la recaudación total crece un 13,5 % debido a que las devoluciones del Impuesto de Sociedades en 2025 fueron de 1.300 millones más que este año. Una barbaridad.
La caja generada por la Agencia Tributaria en los dos primeros meses del año subió hasta los 56.700 millones. Si a esto le sumamos que las cotizaciones sociales acumuladas entre enero y febrero se van hasta los 31.100 millones –un crecimiento del 7,8 %–, estamos ante la paradigmática situación de que nunca antes un gobierno ha ingresado tanto.
Esto es irrefutable. Nos expolian a los trabajadores, con incrementos salvajes del IRPF, que creció en términos reales cuatro veces más que el PIB real desde que llegó Sánchez a la Moncloa.
Nos expolian con el IVA porque los precios de los alimentos oficialmente han crecido un 40 %
Expolian a las empresas con pagos anticipados del Impuesto de Sociedades que lo usan para financiarse.
Expolian a los trabajadores, autónomos y empresas con las cotizaciones sociales y todo ello ¿para qué sirve?
Sirve para que veamos que la alta velocidad está en riesgo de seguir produciendo muertes, para que cada día sea más peligroso viajar por carretera por el estado en el que se encuentran y para que sigamos teniendo un gravísimo problema de vivienda.
Pero no se preocupe, dentro de poco nos volverán a contar que van a construir otras 100.000 viviendas fantasmas y que en la cara oculta de la Luna habrá 500.000 viviendas disponibles.
Pero, a pesar del expolio, del crecimiento de los ingresos y de los engaños, la realidad es que el Tesoro Público ha tenido que pedir 71.400 millones a cierre del primer trimestre del 2026, que si lo comparamos con el primer trimestre de 2025 y en dos años la cifra se ha ido a 140.600 millones.
¿Y para qué ha servido ese dinero, el expoliado más el pedido a los mercados?
Quizás ha llegado el momento de que el flamante vicepresidente 1º y ministro de Economía, Comercio y Empresas, nos dé una explicación detallada de en qué se están gastando todo lo que nos quitan y todo lo que piden de más para poder pagar los gastos que generan.
Hasta que se dignen explicarnos a que dedican el dinero, lo que hoy quiero es mostrarles cuánto y cuándo hemos tenido que ir pidiendo dinero prestado.
En enero de 2024 la deuda, a 31 de enero, era de 1,392 billones. En 26 meses se ha colocado en 1,557 billones, 165.000 millones más, que equivale a habernos endeudado a razón de 6.350 millones un mes sí y otro también.
Se imaginan a una unidad familiar que todos los años para vivir tuviese que pedir 6.350 euros, ¿Cuánto tiempo tardarían en perder su casa?
Si miramos solo el 2026, nos damos cuenta de que en tres meses hemos tenido que pedir 41.073 millones, que equivalen a pedir 13.700 millones al mes.
Pero lo peor es que esto se produzca, no por una recesión económica como la que tuvimos entre 2008 y 2013, sino que se produce en un momento que, usando las palabras del presidente, «Vamos como un cohete», quizás en cohete no está tan lubricado como dicen.
Si mañana la economía mundial se enfría –y hay muchos síntomas de que eso se está produciendo–, automáticamente los ingresos se van a congelar o incluso a decrecer porque tienen una correlación directa con el ciclo económico. Pero los gastos son estructurales y muy difíciles de bajar salvo que se quieran acometer reformas serias y en profundidad, empezando por buscar la eficiencia en el gasto público que ahora no existe.
Haber pedido 41.000 millones en tres meses –o 71.000 millones doce– demuestra el descontrol del gasto público que tiene nuestro Gobierno y el riesgo que corre. O, quizás, el objetivo es hundir la economía española para que lidie con ello el siguiente gobierno.
Salvo que desde hoy la oposición se ponga a trabajar en cómo y dónde bajar el gasto público y nos sorprendan a todos con medidas claras y contundentes que permitan bajar el gasto y los impuestos.