El duque resentido
Duque, el ministro de Ciencia e Innovación es como poco, tan tonto como aquel Duque de Ciudad Real y tan resentido como el Duque de Pomoño y marqués del Chon. Además de tonto, resentido, ausente y blandorro, es astronauta. Y ha decidido desprestigiar los Premios Nacionales de Ciencias
Pocas cosas más relacionadas con la estupidez que un duque resentido. Mi compañero de colegio Félix De Ramón Mogrovejo-Alto fue un niño feliz, simpático y de acrisoladas virtudes. Pero falleció un tío, sin descendencia, y heredó el Ducado de Pomoño, y el Marquesado de Chon. No pudo sobrellevar sus noblezas. Apenas tres meses más tarde, el flamante Duque de Pomoño y Marqués del Chon, entregó su alma a Dios voluntariamente, lanzándose desde un altozano al fondo de un barranco, como en el «Castelo Sangrienti» de Luis Martínez Valdés, «Ludi», un genial y olvidado poeta festivo gijonés.
Lo de siempre. La hija del Barón de Chente Mata que se da un magreo con un «sportman» creyendo que su padre no veía la escena, y la vio. «Le Patre, qu´era un Nerone,/ observó l´operachone/ desde un huerti exhuberanti/ donde tene plantachone/ de pementone picanti./ Aparte del pementone,/ cultivaba: le melone,/ le fabi, la remolachi,/ la chufi, le macarrone/ e le turrón de Guirlachi». Y de dos disparos, mató a su hija, que le había deshonrado y al elegante «sportman» que se estaba dando el filete con ella. Y claro, el horror y el arrepentimiento. Furiosi, desesperati,/y con el juicio incompleti,/ les tritura el esqueleti,/ poniendo el uno en tomati/ y el otro a la vinagreti./
Abre luego le balcone/ y se tiri en direchone/ vertical, sobre un peñasqui,/quedando allí le Barone/ como un centolli sin casqui. Como el Duque de Pomoño y Marqués del Chon, mi inolvidado amigo.
Hay otro tipo de Duque que también se acerca a la confusión del resentido. El que es Duque de apellido, pero no Duque por título de nobleza. Al Duque de apellido, sí merece por su cargo o merecimientos un tratamiento de respeto, se le dice «Buenos días, señor Duque». Pero si se trata del tenedor de un Ducado, la «D» se dobla de manera natural quedando el saludo de esta guisa: «Buenos días, señor Duque». Un Duque siempre ha envidiado al Dduque, y crece en sus entrañas el rencor invencible. Claro, que también hay “Dduques» que no han salido bien librados del ingenio de los poetas. Así definió don Manuel del Palacio al Marqués de la Torrecilla y Duque de Ciudad Real: «Ni la Torrecilla es grande/ ni Ciudad Real tampoco,/ pero él es marqués y duque/ y Grande de España… y tonto».
Duque, el ministro de Ciencia e Innovación es como poco, tan tonto como aquel Duque de Ciudad Real y tan resentido como el Duque de Pomoño y marqués del Chon. Además de tonto, resentido, ausente y blandorro, es astronauta. Y ha decidido desprestigiar los Premios Nacionales de Ciencias, eliminando los nombres de los grandes españoles –y un italiano al servicio de la Corona de España–, que los honran. Ha aplicado la Ley de la Revancha Histórica y se ha cepillado de un plumazo a don Juan de la Cierva, inventor del autogiro y precursor del helicóptero; a don Pascual Madoz, autor del Diccionario Geográfico Estadístico de España; a don Santiago Ramón y Cajal, descubridor de las neuronas y Premio Nobel de Medicina por sus hallazgos en el sistema nervioso; a don Ramón Menéndez-Pidal, eminente escritor, filólogo, historiador y académico; al italiano Alejando Malaspina, marino al servicio de la Corona de España, que al mando de la «Expedición Malaspina» protagonizó el gran viaje científico de la era de la Ilustración; a don Leonardo Torres-Quevedo, ingeniero, diseñador del dirigible e inventor del primer mando a distancia. Y a don Gregorio Marañón Posadillo, médico, historiador, escritor y una de las grandes figuras de la ciencia española del siglo XX. A todos ellos, por franquistas y porque le ha salido del pito al astronauta.
Siempre me pareció un tipejo, taimado, e innecesario. Una prueba de que también entre los astronautas, héroes de la Ciencia, hay cretinos, ignorantes, panolis y sansirolés. Pero no creía que también paletos y resentidos. Ahora, en compañía de Ábalos y Ione Belarra buscarán los nombres que sustituirán a los genios desplazados.
Volverán a su sitio cuando se vayan estos malvados lerdos.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 11 de junio de 2021