Fundado en 1910
en el recuerdoAlfonso Ussía

Familia unida

Pero en esta tierra de envidiosos, esos detalles para con la familia son motivo de repulsa, queja y aspavientos, cuando tener un suegro como don Sabiniano dispuesto a hacer lo que sea necesario para agradar a su hijo político, equivale a poseer un precioso tesoro

Lo decía, y lo demostraba con hechos y esfuerzos, el Padre Peyton, sacerdote norteamericano. «La familia que reza unida, permanece unida». No tengo a la familia Sánchez Gómez Castejón como antorcha de la cristiandad, y ello desmiente al bueno del Padre Peyton, porque más unida no puede estar. Tengo entendido que Sánchez estudió en un instituto religioso, el Ramiro de Maeztu, que honra el nombre de un intelectual y cristiano profundo, asesinado por los socialistas y comunistas en Madrid. «Vosotros no sabéis porqué me matáis, pero yo sé por qué muero. Para que vuestros hijos sean mejores que vosotros».

Una familia desunida es como un páramo desnudo. Acudí al entierro del padre de un amigo que había fallecido en un remoto pueblo de la Cantabria profunda. Su hijo vivía separado de la casa de su padre en otra choza a menos de cincuenta metros. No acudió al entierro de su padre. Preguntado por su ausencia, no tuvo reparos en aclarar el motivo que impulsó su indiferencia. «Mi padre era muy villanísimo». Y su sentencia fue tan convincente, que aquí paz y después gloria.

Un gran amigo de San Sebastián, hijo único, padecía la permanente persecución y vigilancia de sus padres por su exagerada afición a ingerir licopodios alcohólicos. Sus padres eran bondadosos y muy discretos en sus costumbres sociales. Pero una noche de invierno fueron invitados a cenar en «La Nicolasa» con un grupo de amigos. Mi amigo prometió no aprovechar su ausencia para largarse a tomar copas y permaneció en su casa. Cuando sus padres llegaron a su dulce hogar, el hijo les había cerrado la puerta con el candado.

-¡Abre, que somos papá y mamá!-, gritaban mientras tiritaban de frío.

– ¡Lo que sois es una pareja de borrachos!-, respondía mi amigo, alborozado.

Después de aquella noche, tuvo que pasar el invierno y parte de la primavera para que su familia pudiera considerarse, de nuevo, unida.

Lo primero que hizo Biden, en contra de los que se dice, después de jurar su cargo como presidente de los Estados Unidos fue llamar a Pedro Sánchez. Lamentablemente, la llamada se produjo durante el «cumple» de una de sus hijas, en el preciso instante en el que la niña se disponía a soplar sobre las velas de la tarta. Y lógicamente, Sánchez renunció a Biden en beneficio del apagón de las velas y la canción posterior, Así se lo ordenó a Iván Redondo.

–Le dices a Biden de mi parte que le llamo más tarde, que ahora le tengo que cantar a mi hija lo de «japiberdeytuyú»

–Y eso es una familia unida.

A su mujer, Begoña Gómez, le buscó trabajo sin ir a la oficina, y posteriormente ha conseguido que la Universidad Complutense le haya encomendado, como Catedrática sin licenciatura, la jefatura de una Cátedra que no existía. Y eso es prueba de una familia unida. Como lo es, volar en un Falcon hasta Logroño para llegar a tiempo a la boda de su cuñado, el hermano de la catedrática. Y como lo es, encomendarle a su suegro, gran empresario del difícil mundo de las saunas y los masajes, que se reuniera en su nombre con determinados comisarios conectados con Villarejo para conocer las últimas novedades de la trama «Kitchen». El suegro, don Sabiniano, cumplió los deseos de su yerno de mil amores, porque una familia que confabula unida, permanece unida, y vaya si permanece.

Pero en esta tierra de envidiosos, esos detalles para con la familia son motivo de repulsa, queja y aspavientos, cuando tener un suegro como don Sabiniano dispuesto a hacer lo que sea necesario para agradar a su hijo político, equivale a poseer un precioso tesoro. Ahí, en el lado opuesto, tienen al padre de Monedero, que no quiere ver a su hijo ni en pintura y vota a Ayuso. Una familia desunida por culpa de Isabel Ayuso, que ya no sabe qué hacer para dañar la armonía en las familias de nuestras moderadas izquierdas.

Lo escribió un poeta del último entresiglos.

Tengo en mi casa un tesoro
Que reluce más que el oro
Y el sol en pleno verano.
Un tesoro que yo adoro
Y es mi suegro, Sabiniano.
Me pinchan y no sangro. 
  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 9 de junio de 2021
comentarios

Más de Alfonso Ussía

  • La madre superiora

  • Conmovedor Errejón

  • Las cosas de Anita

  • Noelia

  • El federalizador enamorado

  • tracking

    Compartir

    Herramientas