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Cosas que pasanAlfonso Ussía

Conmovedor Errejón

Los animalistas, que son muy amigos de Errejón, no han abierto la boca, ni los de La Sexta. Al fin y al cabo, propinar una patada en el estómago a un simpatizante jubilado, enfermo y poco oportuno, carece de importancia. De haber sido a un perro, Errejón ya habría sido obligado a dimitir

En un principio interpreté que la noticia era falsa. Pero la abrumadora publicación de datos por parte de OK Diario, me han convencido de la veracidad del hecho. Un hecho hermoso, conmovedor, cuyo protagonista es un amante universal del ser humano y de los animales.

Se trata de Íñigo Errejón portavoz de Más País en el Congreso de los Diputados. En la agonía del 2 de mayo, paseaba por Lavapiés con una joven rubia con el moño recogido, según consta en la denuncia policial. Lo del moño recogido es un dato fundamental. Además de la rubia moñuda, le acompañaban algunos amigos, de los que no consta si llevaban moño recogido o moño sin recoger. Íñigo, el nuevo amante de la naturaleza, vio interrumpido su paseo por una voz. Se trataba de un jubilado que acompañaba a otro mientras paseaban a un perro. El jubilado, enfermo de cáncer de colon, rogó a Errejón que accediera a hacerse una foto junto a él, eso que se dice un selfie.

La reacción del amante de la gente y la humanidad en general confundió al jubilado enfermo. Errejón se negó a posar con el enfermo oncológico con estas palabras: «Yo a estas horas no trabajo». Y como es de suponer que llevaba más de una copita encima, le arreó al inoportuno viandante una patada en el estómago. Una reacción normal y medida, por cuanto un tipo menos caritativo que Errejón, le podría haber pateado no sólo en el estómago, sino también en la boca. El agredido presentó denuncia y se vio, días más tarde, obligado a interrumpir su ciclo de quimioterapia por la hernia inguinal que, según se comenta, le produjo la patada del político amante de la gente y la naturaleza en general.

Análisis previo a los momentos inmediatamente anteriores a la patada al ciudadano cuyas iniciales corresponden a A.D.C.

Los hechos ocurrieron a las 11 de la noche del 2 de mayo. El amable señor Errejón y la rubia del moño paseaban enlazados cuando se toparon con el indiscreto ciudadano que le pidió una foto. Con independencia del mal gusto que hay que tener para pedirle un selfie a Errejón, el presunto pateador de estómagos enfermos advirtió que su solicitud se producía fuera de sus horas de trabajo. Un líder político, y eso tendría que haberlo sabido el jubilado, a partir de determinada hora, está de recreo. En el caso de Errejón, lo extraño es sorprenderlo trabajando, porque es más vago aún que Pablo Iglesias y Garzón. Pero hay que respetarle sus veinte horas diarias de descanso, porque para eso es un líder de la izquierda trabajadora. Y solicitarle el esfuerzo de hacerse una foto a esas horas con un posible votante es un abuso intolerable. Eso sí, podía haber evitado la patada en el estómago.

Los animalistas, que son muy amigos de Errejón, no han abierto la boca, ni los de La Sexta. Al fin y al cabo, propinar una patada en el estómago a un simpatizante jubilado, enfermo y poco oportuno, carece de importancia. De haber sido a un perro, Errejón ya habría sido obligado a dimitir y el Congreso se reuniría mañana para conceder al juez el suplicatorio. Y cuando escribo un perro, no me olvido de los gatos. Pero afortunadamente, el pateado fue un ser humano con muy mal gusto político, pero humano al fin y al cabo, y eso no importa. Y menos aún, si se interrumpen con una petición absurda las horas de descanso y ocio de un político de la izquierda universal.

Su compañera de partido, la escultural y juncal Rita Maestre, se lo habrá dicho en privado.

–Jo, Iñigo, tío, si yo te entiendo, tío, que es un tostón lo de las fotos, pero lo de la patada al viejo, eso tío, podrías haberlo evitado. Pero si tengo que apoyarte, tío, cuenta conmigo, siempre que me digas, quien era la tía del moño recogido, porque no me gusta enterarme de las cosas por la prensa, tío, aunque seas un killer, tío.

Sucedió en Lavapiés durante la noche del 2 de mayo. Pero no pasará nada. Eso de dar patadas en los estómagos de los viejos simpatizantes es algo que no debe escandalizar a nadie.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 8 de junio de 2021
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