Noelia
Noelia Vera ha renunciado a vivir en más metros cuadrados que los Ceaucescu de la Navata, por si las moscas. Eso sí, el terreno, que roza los tres mil metros cuadrados es algo más extenso que el jardín de Galapagar, y tiene una piscina, una pista de tenis –el deporte preferido de Lenin–, y un frontón
Noelia Vera, íntima amiga de Irene Montero, es la Secretaria de Estado de Igualdad. En realidad no es nada, porque su cargo ministerial es un invento que sirve para muy poco. Pero ella está encantada, como todos los podemitas que disfrutan del dinero público. Noelia presenta una trayectoria profesional admirable. Fue presentadora de La Tuerka, la televisión que le pagaba Irán a Pablo Iglesias. Y del plató saltó a otro plató, asida de la mano de Irene Montero, la de las obsesiones sexuales reunidas en proyectos de leyes que no se aprueban por las faltas de rigor jurídico y de ortografía.
Noelia Vera admira de tal modo a Irene Montero y a Pablo Iglesias, que haciendo alarde de una humildad pasmosa y perfectamente encuadrada en el ideario comunista, ha adquirido un chalé en la sierra. La humildad, y ese detalle hay que agradecérselo, consiste en los metros cuadrados de construcción del chalé, que son menos que los reconocidos en la casa de los Iglesias en Galapagar.
Una secretaria de Estado no puede tener más chalé que su ministra, y ahí ha primado la disciplina estalinista, ejemplar por otra parte. Stalin ordenó que le levantaran una humilde dacha en los alrededores de Moscú para disfrutar los fines de semana con su hija Svetlana, que le salió rana del todo. Para que la niña pudiera saltar a la comba sin que la cuerda chocara con las paredes de la casa, el arquitecto Serguei Tchapaiev, proyectó una construcción de dos mil metros cuadrados. Pero no era su dacha la más grande de la 'urba' roja, orgullo del proletariado.
El científico espacial Wladimir Alexandrov poseía un chalé más grande, que superaba los dos mil trescientos metros cuadrados de construcción. Enterado Stalin del despropósito y el abuso de confianza del científico, ordenó derribar la 'dacha' del científico espacial, y posteriormente consideró que lo más conveniente era fusilarlo. Y así se hizo.
Con el fin de no caer en el mismo e imperdonable error de Wladimir Alexandrov, Noelia Vera ha renunciado a vivir en más metros cuadrados que los Ceaucescu de la Navata, por si las moscas. Eso sí, el terreno, que roza los tres mil metros cuadrados es algo más extenso que el jardín de Galapagar, y tiene una piscina, una pista de tenis –el deporte preferido de Lenin–, y un frontón. En el frontón, ejercicio que no practica Noelia Vera, se habilitarán cincuenta camas para acoger inmigrantes marroquíes. Eso sí, en noches de lluvia torrencial, fenómeno habitual en la comarca serrana, Noelia lo tiene claro. Que se mojen los marroquíes. Ella bastante hace con acogerlos.
La pista de tenis ni tocarla. Noelia es una experta y flexible jugadora del proletario deporte. Su drive liftado es magnífico. Se lo dijo Rita Maestre, experta en lops.
–Noelia, tía, tienes un drive liftado que es la pera, tía, la pera limonera, tía.
No se trata de un lujo. El chalé con piscina, frontón y pista de tenis de Noelia Vera se explica por la necesidad de hacer deporte de la Secretaria de Estado de Seguridad. Y el deporte es el deporte. Cuando Solís Ruiz, ministro secretario general del Movimiento, obtuvo de las Cortes franquistas el permiso para disminuir los estudios de Humanidades en los colegios en beneficio de más horas de deportes, sabía lo que hacía. Lo ululó desde el Banco Azul de los ministros.
–¡Menos latín y más deporte!
Fue replicado por el profesor murciano Adolfo Muñoz Alonso:
–Señor ministro, no se ponga usted tan arisco con el latín, porque gracias al latín, ustedes, los de Cabra, se llaman egabrenses.
Jaime Campmany inmortalizó la escena con una lograda quintilla.
No es tema de discusión.
Lo importante, en mi opinión
Es que el natural de Cabra
No sea llamado cabrón.
Carmen Calvo es de Cabra y gracias al latín nadie le dice «cabrona».
En resumen. Que lo del chalé de Noelia, bien, muy bien y requetebién. Chimpón.