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en el recuerdoAlfonso Ussía

Las cuatro balas

Somos tan proclives al cansancio de la memoria, que pocos mantenemos el interés por conocer quiénes fueron los que enviaron a Pablo Iglesias cuatro balas de la Primera Guerra Mundial a su despacho. Se comenta que el remitente trabajaba en el antedespacho de Pablo Iglesias en concepto de Asesor de Sustos y Temores, y que envió el paquete por Correos con el permiso del asustado. Sucede que el ridículo envío, y la escasa seriedad que demostró el temeroso al recibir el paquete que los suyos le habían enviado, ha llevado al ministerio del Interior a clausurar las investigaciones.

Las balas recibidas por Pablo Iglesias con antelación a su batacazo electoral son de la época de la difunta Mata-Hari, que las probó en su propio cuerpo cuando los franceses la pasaron por las armas acusada de espionaje. Y probablemente provienen de la munición que la URSS regalaba al bando rojo durante la Guerra Civil española. Algún combatiente las guardó como recuerdo y llegaron al cabo de ochenta años a las manos del Departamento de Asesores de la Vicepresidencia del Gobierno. Y Pablo Iglesias, las recibió, escenificando un susto y un pavor impropios de su cargo y de su edad, hasta que llamó a Marlasca para ordenarle que dejara de investigar porque no merecía la pena. No obstante, enviar u autoenviarse cuatro balas por correo es un delito, pero ya me dirán ustedes lo que les importa a los delincuentes delinquir cuando la investigación depende de ellos mismos. El temor del atemorizado que se atemoriza para sacar unos cuantos votos de más, que al final resultaron de menos.

Durante el franquismo, Franco creó un Consejo Nacional, compuesto por ilustres señores cuyo único cometido era reunirse una vez cada año para oír un discurso del Caudillo. José María Pemán lo definió a la perfección con su ironía gaditana. «El Consejo Nacional es una cosa que se reúne todos los años para escuchar un discurso del Aconsejado». Pues lo mismo lo de las balas. Se trata de un paquete asustadizo para asustar al Asustado, que además de receptor es el remitente.

En los años de plomo, en los tiempos duros de la ETA, recibí una carta anónima con amenazas de muerte. No le di importancia porque los asesinos no avisan. Pero al comprobar el sobre observé que el cobarde, ofuscado quizá, había metido el papel de la amenaza y los insultos en un sobre timbrado con su nombre y dos apellidos impresos. Conseguí su número de teléfono y me puse en contacto con él. Cuando le dije que era su amenazado, se sofocó de voz.

–»Oh, perdón, es que estaba indignado con un articulo suyo y no pude reprimirme. ¿Cómo ha conseguido usted localizarme?«

-«Muy sencillo. Porque su carta, en la me amenaza de muerte y me llama hijoputa, la ha metido usted en un sobre con su nombre impreso. Es decir, que usted, además de un delincuente, un cobarde y un hijoputa etarra, es el mayor gilipollas de la provincia de Guipúzcoa”.

Y el hombre me colgó el teléfono, probablemente consternado.

Bueno, todo esto para pedir al Ministerio del Interior que nos aclare a los ciudadanos que no hemos perdido el interés, quién o quiénes fueron los que mandaron las cuatro balas del año de la Polka a Pablo Iglesias. Esas descortesías se tienen que investigar, analizar, y si existe delito, proceder a la detención del remitente. Y si el remitente y el receptor son la misma persona, esa coincidencia es digna de ser administrada por un juez. Se trata de una amenaza falsa e imbécil. Pero no sé lo que me pasa, que tengo curiosidad.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 10 de junio de 2021
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