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María Corina y el aquelarre de Barcelona

Para conseguir una Venezuela estable y próspera hay que impedir que el régimen criminal se enquiste. Prioridad es ahora un calendario para la vuelta de María Corina a Venezuela y para unas elecciones

Es una afortunada coincidencia esta visita a Madrid de María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, máximo representante de la lucha por la libertad en Venezuela, cuando se celebra en Barcelona el grotesco aquelarre de autócratas, malhechores y matones narcosocialistas que ha convocado Pedro Sánchez. Lo es porque ayuda mucho a que el mundo entienda la gravedad de la perversión antidemocrática que mueve al jefe de un gobierno español, que cada vez se revela más claramente como la simbiosis de la demagogia totalitaria socialista y el crimen organizado.

Pedro Sánchez reveló ayer que, como otro gran favor, más allá de Plus Ultra, de los negocios de hidrocarburos con PDVSA y de convertir España en santuario de la mafia del chavismo, había invitado a María Corina a la Moncloa para, con una foto de ambos, acabar con el apoyo que ella tiene del presidente Donald Trump y del secretario de Estado Marco Rubio. Machado dejó ayer claro en Madrid que no consideró oportuno ese encuentro. Era una trampa demasiado vulgar.

Menudo regalazo habría sido para la narcotraficante, torturadora y asesina Delcy Rodríguez, que para salvarse se ha puesto al servicio de Washington, pero cuyo tiempo ha de acabarse pronto porque lo demanda la inmensa mayoría de los venezolanos, los intereses democráticos de la región y los intereses de seguridad nacional de EE.UU.

María Corina ha recibido medallas del Ayuntamiento de Madrid y de la Comunidad. Lástima que el alcalde que la galardonó ayer hiciera lo mismo con el despreciable Gustavo Petro. Pero es lo que tiene lo de la conveniencia. A Petro le aplaudieron todos en el Congreso menos Vox. Ahora está en Barcelona amenazando a María Corina y protegiendo a todos los narcosocialistas. El entusiasmo por María Corina empezó en el PP muy tarde. Bienvenido sea. Han mejorado mucho. Antes habían apoyado nada menos que a Zapatero como «mediador» en Venezuela.

Venezuela está en una transición y todos entienden que Trump, con todos los frentes abiertos, no quiera tener que llevar soldados a este país para proteger a María Corina y las fuerzas democráticas de los asesinos que siguen teniendo el monopolio de las armas. Pero todos debieran entender, como afirma la Premio Nobel, que para conseguir una Venezuela estable y próspera hay que impedir que el régimen criminal se enquiste. Prioridad es ahora un calendario para la vuelta de María Corina a Venezuela y para unas elecciones.

Porque existe el peligro de la involución, como bien lo han visto los peruanos estos días con el masivo fraude en las elecciones que han logrado perpetrar las fuerzas comunistas, siempre con la ayuda de los agentes cubanos y venezolanos. El continente iberoamericano está exultante de esperanza con Javier Milei, con José Antonio Kast, con Santiago Peña, Asfura y otros líderes demócratas y antisocialistas. La sed de libertad y de verdad está haciendo milagros y la victoria electoral de María Corina en la figura de Edmundo González fue uno de los más grandes. Habidos. Pero el mal no descansa. Y quien baje la guardia se verá de repente bajo la bota del narcosocialismo como le está pasando a España poco a poco o no se librará nunca de él.

En tremendo contraste con la serenidad con la que María Corina Machado difunde su mensaje de esperanza y demanda de firmeza en la defensa de la verdad y la libertad, el aquelarre de Barcelona resulta tremendo por la sordidez de sus protagonistas.

Lo peor de Iberoamérica ha venido a ver a su amigo, socio y compinche

Como si gozara en confirmar lo que van revelando los informes de la UCO sobre las inmensas tramas criminales de los socialistas, Sánchez se trae como principales invitados a un presidente brasileño ladrón condenado que encarcela a la oposición, a un presidente fraudulento colombiano ex narcoterrorista y depravado hasta la náusea y a una presidente mexicana por la gracia de los cárteles que no hace sino insultar a España. Lo peor de Iberoamérica ha venido a ver a su amigo, socio y compinche.

La reunión de Barcelona de Sánchez con Lula da Silva, Gustavo Petro, Claudia Sheinbaum y otra serie de seres siniestros de la izquierda radical no es en realidad sino una cumbre del Foro de Sao Paulo, los representantes políticos y gobernantes de lo que más que fuerzas políticas gobernantes, son cárteles del crimen organizado con bandera ideológica. Lo que viene a ser la solución política de futuro que diseña Sánchez para España.

Lo primero que se ha oído de la cumbre llamada «progresista» de Barcelona han sido las amenazas hacia María Corina Machado que ha proferido Gustavo Petro. Como muy bien dijo ayer la aludida en la Fundación Disenso tras su largo encuentro con el presidente de Vox, Santiago Abascal, no se puede entender de otra forma la afirmación de Petro de que la vuelta de Machado a Venezuela provocaría muchos muertos.

Que la quieren matar los amigos de Sánchez es cierto. Que el Gobierno español hace todo lo posible por proteger y eternizar el régimen asesino y narcotraficante que subsiste pese al control de EE.UU. también lo es. Pero que desde España los amigos del jefe de Gobierno hablen de Venezuela como lo hacen no solo habla de los peligros que acechan a la heroína María Corina. También hablan de los peligros que corren todos los españoles.

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