Sánchez y Jamenei, Elon y la verdad
Es de guasa escuchar a Sánchez decir que sus intentos de acabar con la libertad de expresión son una lucha contra magnates tecnológicos
Resulta muy lógico que Pedro Sánchez busque pretextos para controlar y censurar las redes sociales. Como es lógico que el gobierno de socialistas y comunistas en España se haya lanzado a una histérica campaña contra todos los medios que permiten a la ciudadanía expresar sus opiniones libremente. Tan lógico como es que el ayatolá Jamenei bloqueara todas las redes en Internet cuando decidió ponerse a asesinar en masa a la población para crear un escarmiento sangriento que le garantice su supervivencia al menos hasta plantearse otras opciones.
Es de guasa escuchar a Sánchez decir que sus intentos de acabar con la libertad de expresión son una lucha contra magnates tecnológicos. Cuando él es una obediente mascota en el circo general de siete pistas con fieras y enanos que regentan los Soros, Bill Gates y tantos otros miembros del club de la ingeniería social y humana tan asiduos de Davos como amigos de China.
Sánchez no es Jamenei, aunque solo sea porque estamos en otro rincón del mundo en el que hoy, al menos de momento, hay cosas que ya no pasan y no han vuelto a pasar. Pero ambos comparten, Sánchez y Jamenei, como gobernantes que temen a su pueblo, una voluntad de perseguir, cegar y aplastar sin ningún escrúpulo a la verdad. Que es su máximo enemigo porque es la que moviliza, inspira y arma a sus respectivos pueblos contra sus gobiernos de la mentira y la miseria.
Las redes y especialmente X, la antigua Twitter, la única que desde que tiene por dueño a Elon Musk no se ha dejado intimidar, comprar o chantajear por los gobiernos, son hoy el mayor enemigo de todo gobernante autoritario, mentiroso, abusador, delincuente o abiertamente criminal. Los gobiernos que saben cuestionada o amenazada su legitimidad saben que las redes son su enemigo porque en ellas la verdad fluye de forma imposible de controlar si no tienen comprados o secuestrados a los dueños.
Por mucho que algunos medios como El Debate sean honroso y escasísimo ejemplo de dignidad profesional del periodismo hoy en día, las redes combinan la información con las experiencias, sentimientos e inquietudes de sus consumidores de una forma tan fluida y veloz que es letal para quienes pretendan defender una mentira uniforme.
En este sentido, y dejando a Jamenei ya en su rincón oriental viendo cómo negocia con Donald Trump su supervivencia, en Europa Pedro Sánchez no es sino el más radical y extremista de los gobernantes de una socialdemocracia cada vez más radicalizada toda ella. Se ha radicalizado por la propia angustia que le genera su miedo a perder la hegemonía que con sus distintos disfraces ha logrado mantener desde hace más de medio siglo en Europa.
En Bruselas, la menguante mayoría que aún mantiene esa hegemonía y que integran populares, socialistas, verdes y comunistas, está volcada en la generación de instrumentos de censura y pretextos para utilizarlos. Saben ya que han perdido el discurso político, como se demuestra en toda campaña electoral en Europa en los últimos dos años y sobre todo en sus resultados. Se ve en Austria y Alemania como se verá hoy en Aragón, se vio en Extremadura y se verá en todas las regiones españolas como se ve en todos los países europeos.
El pánico se extiende en eso que podemos llamar bipartidismo o partido único socialdemócrata. Y si bien damos por hecho que no van a utilizar los medios de Jamenei en las calles, podemos también dar por seguro que llegarán muy lejos en los métodos administrativos y legales mientras puedan, judiciales y policiales, así como propagandísticos, para intentar mantener esa hegemonía.
Para intentar no ser arrollados por las fuerzas nacionales y antisocialistas que se nutren de la frustración e indignación por los fracasos continuos, la obcecación en el error y las permanentes mentiras del poder político del consenso socialdemócrata de Bruselas y los mil tentáculos de su monstruo burocrático.
Los intentos de aplastar la libertad de expresión, también por parte de aquellos que dicen ser sus defensores, son parte de la angustiosa autodefensa de unas fuerzas políticas y una ideología definitivamente fracasadas. La libertad de prensa será la fuerza que determine en gran parte la velocidad de los cambios, que habría sido mucho mayor ya de haber tenido las sociedades occidentales un periodismo honrado y no sectario y militante con escasas excepciones.
La compra de X por parte de Elon Musk, que liberó a esta red de las garras de la izquierda, fue fundamental para la victoria de Donald Trump. Esta ha sido decisiva para la ofensiva de conquista de libertades y derechos en países iberoamericanos sometidos por el narcosocialismo. Y también ha supuesto una disuasión para las tentaciones de la Unión Europea de actuar con su particular doctrina Breznev contra las fuerzas conservadoras y nacionales. Si hubiera ganado Kamala Harris, en Europa muchos habrían creído que ha llegado el momento de prohibir partidos que tienden a ser mayoritarios. No fue así y por eso el cambio de era va a ser mucho más rápido de lo que muchos creen y algunos confían.