Mujer africana, socialista y perseguida
Alguien tendrá que preguntarle también a Sánchez qué pasa y para qué utiliza a la Internacional Populista esa
Es mujer, es progresista, es negra, vicepresidía la Internacional Socialista y, según varios diarios y en especial Artículo 14, sin que conste desmentido de nadie, ha denunciado a Pedro Sánchez por «acoso laboral», haciendo constancia de que todo arranca por su raza y género.
Se llama Benedicta Lasi, es una abogada ghanesa y ha interpuesto la demanda en Londres, sede entonces del chiringuito que el secretario general del PSOE quiere utilizar, entre sospechas que afectan a su financiación, para proyectar una imagen de líder mundial que solo se creen los adeptos y cuatro o cinco presidentes como él, de la extrema izquierda indigenista latina.
Una simple acusación no convierte a nadie en culpable, aunque con las leyes promulgadas por el Gobierno de Sánchez él mismo lo sería: la palabra de una mujer es suficiente, y no digamos si la señora en cuestión es progresista y africana, dos condiciones que en el universo mental sanchista apuntalan todo relato y agravan los cargos. Que se defienda él, pues, y que se vea obligado a decir algo parecido a lo de Íñigo Errejón en el juzgado, por una causa distinta y más grave: que no basta con un testimonio para condenar a nadie, ni en el ámbito civil ni desde luego en el penal, por mucha mujer que se sea.
Termine como termine el capítulo, sí llega ya de entrada por preguntarse por la dichosa Internacional Socialista, un artefacto averiado que Sánchez intenta convertir en la némesis de la Internacional Ultraderechista, esa fábula que le sitúa a él como el álter ego de Trump y Netanyahu y le sirve para intentar justificar, poco a poco, su agresión continua a la democracia en nombre de salvarla de las garras del fascio.
Y lo cierto es que es la tercera vez que brotan indicios siniestros de que en esa opaca organización no es oro todo lo que reluce. El PRI mejicano, tantos años en el Gobierno, ya denunció las supuestas prácticas corruptas que afectan al chiringuito desde la llegada de Sánchez, con una extensa acusación que el aludido no quiso o supo replicar:
«La IS hoy es una organización señalada por actos de corrupción y lavado de dinero por primera vez en su historia. Medios de comunicación y excolaboradores de Sánchez han señalado que el Gobierno de Venezuela, considerado una narcodictadura comunista y terrorista, utiliza a la IS para triangular recursos de dudosa procedencia en favor del PSOE. Hechos que han sido señalados por el Gobierno de los Estados Unidos y otros países del mundo».
La ausencia de desmentido prolonga también la inexistente respuesta a un señalamiento similar de Víctor de Aldama, que no ha dudado en afirmar en público y en el juzgado que la petrolera pública venezolana, la misma que está detrás de la condena al embajador de Zapatero en Caracas y a su hijo, soltó una millonada en barriles de crudo para financiar la carrera de Sánchez, tanto en la IS cuanto en el PSOE.
Nada de ello es verdad porque alguien lo diga, pero el silencio suele ser un síntoma de miedo y de cierto complejo de culpabilidad. En ese escenario, la destitución de una mujer de Ghana, elegida a la vez que Sánchez y procedente del país en el que existe huella de gestiones de Begoña Gómez, aumenta las dudas, sobre todo si ella misma da el paso de judicializar el asunto bajo una acusación especialmente grave para alguien que se pasea por el mundo presumiendo de unos valores inalcanzables para el resto de los mortales. Así que, como tantas otras veces, la pregunta procede: ¿Qué tiene que alegar, señor Sánchez, sobre el funcionamiento de la Internacional Populista y la acusación de una señora tan aparentemente respetable? En esta ocasión, echarle la culpa a los jueces fascistas y la prensa manipuladora no le llega.
Posdata. A Nacho Cano, por una denuncia no muy distinta, le organizaron una redada policial y le trataron como si fuera un capo. Por si eso.