¡Váyase, Majestad!
En Francia, todos lo saben, el presidente de la República François Mitterrand, en un partido internacional Francia–Argelia, en cuanto empezaron los pitidos a la Marsellesa, no solo se marchó sino que se suspendió el partido. No ha vuelto a producirse esta situación ninguna otra vez
Desde el máximo respeto y cariño: ¡Váyase, Majestad! No nos haga pasar más vergüenza a los españoles en su persona, aguantando estoicamente insultos, pitadas y faltas de respeto a Su Majestad y por ende, a todos los españoles.
Esto no pasa en ningún país civilizado del mundo donde también existe la «libertad de expresión» aunque debe tratarse de otra versión, porque hay libertad, sí, pero no para insultar, faltar al respeto o agredir verbalmente al prójimo. En Francia, todos lo saben, el presidente de la República François Mitterrand, en un partido internacional Francia–Argelia, en cuanto empezaron los pitidos a la Marsellesa, no solo se marchó sino que se suspendió el partido. No ha vuelto a producirse esta situación ninguna otra vez. No será porque en el país vecino no se respete la libertad de expresión, es que, en esta España decadente, desde el punto de vista moral y de respeto a los demás, se amparan demasiadas cosas negativas (daría para otro artículo enumerarlas).
Váyase, Majestad, y ordene que se suspenda el partido y cada uno a su casa, con silbato incluido, donde le quepa. Ya son muchas finales, muchas repeticiones de un mismo hecho bochornoso, vergonzoso, inadmisible.
Ni la Casa Real, ni el gobierno, ni la oposición, ni la federación de futbol, aquí nadie chista y manda quien manda. Muy bien, pues emplee esas dotes de mando para defender a todos los españoles de esa panda de energúmenos (es lo más suave que se me ocurre para no incurrir en el insulto) y al primero de todos a S.M. El Rey, aunque bien podía defenderse solo y de paso a todos nosotros, simplemente abandonando el estadio.
Suspendido el partido, los equipos cuyos aficionados nos hayan faltado al respeto al Rey y a todos los españoles, naturalmente en uno o dos años, no volverán a jugar una competición que patrocina la Federación Española de Futbol y que preside S.M. El Rey de España.
Si no nos quitamos los complejos, si no nos hacemos respetar unos a otros, la convivencia nunca será posible. Si los españoles que son socios o aficionados a esos equipos de futbol no ponen pie en pared, no dicen ¡Basta Ya! y son ellos, la masa social de esos clubes, los primeros que tienen que exigir respeto para ellos mismos y para el resto de los españoles, esta deriva acabará muy mal. Tenemos una sociedad dividida por muros levantados intencionadamente, pero aun así, se puede convivir si existe el respeto necesario de los unos por los otros. Por las buenas o por lo económico, o por dejar de asistir a su estadio o cualquier otra medida de presión hasta lograr la cordura de sus dirigentes y aficionados exaltados y mal educados.
La cosa es muy sencilla: O nos respetamos todos o esto, esta sociedad, terminará muy mal, no es posible la convivencia desde el odio. Además, si los hechos ocurrieran al revés, si los españoles de bien, los educados y respetuosos con lo ajeno, pitaran su himno, insultaran a su bandera o prohibieran la presencia de sus símbolos deportivos en otros estadios de España, les aseguro que los afectados no permanecerían impasibles.
El F.C. Barcelona se negó a jugar en su estadio el partido de vuelta de semifinales de la Copa del Rey en la temporada 1999–2000, alegando ausencia de jugadores del primer equipo que estaban jugando con sus respectivas selecciones. Para no ser sancionados con la exclusión de la competición de Copa la siguiente temporada, sacaron un improvisado equipo de 10 jugadores y tras los saludos se retiraron del campo, dando por perdida la eliminatoria.
Hay antecedentes de suspensión de partidos por esa u otras causas y los árbitros españoles tienen órdenes de suspender el partido si hay muestras de xenofobia en el comportamiento del público, insultos a jugadores negros o faltas de respeto graves a los jugadores.
A los jugadores no, pero a S.M. El Rey de todos los españoles, lo quieran esos descerebrados o no, a él sí se le puede faltar al respeto. ¡No lo consienta Majestad, antes váyase y evítenos la vergüenza!
- Jaime Rocha es capitán de Navío (R) y exagente del CNI