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TribunaJaime Rocha

¿Por qué no hay un buen cine de espías en España?

Me da envidia, no sé si sana o insana, el cine de espías anglo basado en obras literarias que responden con más exactitud a lo que es el trabajo de un servicio de Inteligencia. Quizás algún día María Dueñas escriba otra obra como El tiempo entre costuras y sea llevada a la pantalla. Eso sí merece la pena

El 23 de abril de 2024, publiqué, en este mismo medio, un artículo titulado ¿Por qué no hay buen cine de espías en España? Lo comparaba con lo hecho por los anglos con sus películas basadas en las novelas de John Le Carré o Frederick Forsyth (https://www.eldebate.com/opinion/tribuna/20240423/no-hay-buen-cine-espias-espana_191299.html )

Se acababa de estrenar la «pretendida» película de espías Código Emperador, protagonizada por el magnífico actor Luis Tosar y cuyo premiado guionista, Jorge Guerricaechebarria, también lo fue por Celda 211, Goya a la mejor película, basada en la obra de mi amigo Paco Pérez Gandul.

Pues bien, todo esto es pasado, pero vayamos al presente.

Me apresuré, Ilusionado, para ver la película Zeta, protagonizada por Mario Casas y un magnífico reparto, pero la decepción fue mayúscula; no es eso, no es eso. Nunca jamás el Cesid, o ahora el CNI, hubieran provocado la masacre de personas inocentes en Colombia.

Es una película, es ficción, de acuerdo. La ficción lo admite casi todo y al público le encantan las persecuciones de coches a toda velocidad por las favelas de Río de Janeiro, los saltos circenses de los protagonistas de tejado en tejado, las peleas personales de auténticos luchadores profesionales o esos tiroteos masivos donde los 'malos', que superan en mucho a los 'buenos', mueren todos y a los buenos ni les rozan.

Todo eso es del gusto de una mayoría de espectadores y ya sabemos que aquí lo importante es que la película guste y se recaude, al menos, el capital invertido, que es mucho. Pero que no usen el nombre del CNI en vano, que no desprestigien el trabajo del servicio de Inteligencia.

Estamos rodando un documental sobre este tema. Llevamos dos años y se pretende terminar en el presente, y puedo asegurar que todo su contenido responde a una realidad vivida durante muchos años, en la línea de Reina de Corazones, de los mismos productores.

Es posible que algunas de mis novelas pasen a la gran pantalla, varias productoras importantes están interesadas en ello, pero el mundo del cine es tan complicado, tan caro y lleva tanto tiempo que, seguramente, por mi edad, yo ya no lo veré, pero puedo asegurar que, sea yo o mis herederos quienes tengamos la responsabilidad de controlarlo, el resultado final no será, ni por asomo, una película del estilo de James Bond, sino más parecida a las de John Le Carre, naturalmente salvando las distancias con el maestro e inimitable espía y escritor británico.

Decía, en mi artículo anterior al que he hecho referencia, que ni Código Emperador o La piel del tambor fueron precisamente éxitos de taquilla en los cines, aunque luego, en las plataformas de televisión, hayan tenido un número considerable de espectadores.

Arturo Pérez Reverte publicó en ABC, hace algunos años, un artículo titulado La T.I.A y yo en el que dibujaba a un Cesid de tebeo. Le contesté en este mismo medio con otro artículo «Tu T.I.A. y tú» (https://www.eldebate.com/opinion/tribuna/20230111/t-i_85098.html), con el máximo respeto, que le profeso como lector, sobre todo de su saga Alatriste, pero haciéndole saber que ese Cesid que menospreciaba no era el mismo que yo viví durante tantos años y le añadía: «Ya sabes que nadie del CNI te contestará jamás, son muy buenos y sacrificados profesionales que tienen que soportar en silencio tantas críticas injustas que reciben colectiva y personalmente por parte de quienes ignoran absolutamente todo de su trabajo».

Me da envidia, no sé si sana o insana, el cine de espías anglo basado en obras literarias que responden con más exactitud a lo que es el trabajo de un servicio de Inteligencia. Quizás algún día María Dueñas escriba otra obra como El tiempo entre costuras y sea llevada a la pantalla. Eso sí merece la pena.

Las novelas históricas son novelas y admiten una parte de ficción que los actores empleamos como estilo narrativo que fusiona hechos reales, históricos o biográficos con técnicas literarias de ficción para dar fluidez y profundidad, manteniendo el interés del lector, sin llegar nunca a desvirtuar la realidad que pretendemos exponer.

A ver si el cine español aprende y sigue la línea Le Carré y no la de Ian Fleming.

  • Jaime Rocha es capitán de navío y escritor
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