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TribunaGonzalo Ortiz

Arrecia la guerra en Oriente Próximo

España vive su propia crisis con Sánchez desleal a sus compromisos con los socios de la OTAN y en abierto conflicto con el Gobierno de EE.UU. Cuando llegue la paz o el alto el fuego, España reaparecerá desprovista de amigos y aliados, dado su distanciamiento tanto de los socios europeos como del aliado transatlántico

Otro día más de la guerra en Irán con noticias sobre dirigentes del régimen de los ayatolás liquidados por Israel. No es que haya una crisis de derecho internacional y del orden mundial, es que está todo patas arriba. Putin pensaba que la guerra en Ucrania (la «acción militar especial») duraría dos semanas. Con el precedente de la «extracción» de Maduro, Trump pensaba que la «acción conjunta» US-Israel sería coser y cantar, con el previsible derrumbe del odioso régimen iraní.

Como no ha sido así, la progresía mundial piensa que se producirá el efecto contrario y que el régimen chiita se verá reforzado y los aliados de los EE.UU. en el Golfo, es decir, Qatar, Bahréin, Emiratos y Arabia Saudí, debilitados. Lo cierto es que la economía mundial se ve amenazada por el cierre del estrecho de Ormuz, por donde pasa más del 20 % del comercio mundial de petróleo. En todo caso, parece evidente que el mercado de la energía a partir de ahora ya no será lo mismo. En estos días, el precio del barril del petróleo supera los 100 dólares, y el Dutch TTF (precio de referencia del gas) ha subido en un 60 %. En realidad, no hay una auténtica escasez, pero el mercado anticipa las subidas de precios. Hasta la planta de LNG en Qatar ha sido cerrada, tras un ataque. Ha aparecido, en el imaginario colectivo, la isla de Kharg (a 31 millas de la costa iraní) con unas formidables instalaciones que pueden cargar hasta diez petroleros simultáneamente, y tres millones de barriles diarios. El estrecho de Ormuz aparece omnipresente en todos los titulares de la prensa mundial.

Israel y EE.UU. se han distribuido los roles: Israel concentrada en decapitar a los dirigentes del régimen (desde el Gran Ayatolá Jamenei y su familia, a Ali Jarijani, máximo responsable de seguridad) en una larga lista que incluye quizás a más de 12 de las 20 figuras más representativas de la nomenclatura iraní. Mientras que EE.UU. se concentra en objetivos militares (100 buques de guerra hundidos, navíos que instalan minas en el mar, cuarteles, nidos de misiles, centros de comunicación, estadios, etc.). Más de 5.000 objetivos, según Trump, habrían sido alcanzados (entre los que, por error, parece, se produjo el ataque a la escuela de niñas). Se podría decir que, tras tres semanas de guerra, la «acción militar» contra Irán habría conseguido sus metas, con leves pérdidas.

Pero la guerra se ha complicado. Nada se sabe del destino de los 400 kg de uranio enriquecido iraní. El tráfico de petróleo por Ormuz se ha interrumpido. El turismo hacia los países del Golfo ha caído en picado. Los aeropuertos de Qatar y Kuwait hasta hace poco permanecían cerrados. Y el régimen, aunque descabezado aparentemente, se mantiene intacto. Los clérigos han elegido un nuevo líder, hijo de Jamenei y las fuerzas de seguridad continúan en dominio de la situación (incluida la terrible Guardia Revolucionaria).

¿Puede Trump cantar victoria? Me temo que no, a menos que pueda llegar en el futuro a un acuerdo con lo que quede del régimen teocrático, que incluya el tema nuclear y garantías de tránsito libre por el estrecho de Ormuz. O se produzca el hoy inimaginable cambio de régimen en Irán.

Habrá que dejar que se asiente la tremenda polvareda que se ha levantado. Los riesgos de extensión del conflicto son innegables (con China y Rusia al acecho, pero ayudando quizás con inteligencia al régimen revolucionario). Para los países del Golfo es una dura prueba dada la reputación de solidez y opulencia que habían sabido ganarse en los últimos años. Y cualquier día puede un dron o un misil hacer volar la carga de un petrolero o una imponente reserva de gas.

Como dice The Economist, a partir de ahora la economía será «menos próspera, más volátil y más difícil de gobernar». Con el conflicto abierto de Ucrania y las amenazas chinas sobre Taiwán, en un mundo sin reglas, y con la ONU inmóvil y desacreditada, los más fuertes tratarán de imponerse en sus intereses estratégicos. Los mercados financieros y de fuentes de energía seguirán experimentando turbulencias inesperadas. España vive su propia crisis con Sánchez desleal a sus compromisos con los socios de la OTAN y en abierto conflicto dialéctico con el Gobierno norteamericano. Cuando llegue la paz o el alto el fuego, España reaparecerá desprovista de amigos y aliados, dado su distanciamiento tanto de los socios europeos como del aliado transatlántico.

  • Gonzalo Ortiz es embajador de España
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