Algunos errores de Albares
Los vaivenes sobre el separatismo catalán, el indulto general o la amnistía no han dado precisamente prestigio a nuestra política exterior. Pero la de Albares no es otra que la de Pedro Sánchez, con un valedor que se llama Rodríguez Zapatero
Según el ministro de Asuntos Exteriores de España (quitemos los añadidos del actual nombre del ministerio que para mí resultan superfluos), nuestro país nunca ha tenido un peso internacional como el actual. El prestigio de España sería inmenso y todo gracias al liderazgo de Pedro Sánchez.
La realidad es, sin embargo, otra y cuesta trabajo encontrar en nuestra historia un período en el que nuestra diplomacia haya 'brillado' a un nivel más bajo. Sin hacer un gran esfuerzo, voy a enumerar algunos de los más grandes errores del actual ministro.
1. Enfriamiento brusco de relaciones con Israel. El país hebreo es pequeño físicamente, pero un gigante en materia de defensa, en agricultura para zonas desérticas, nuevas tecnologías y desarrollo científico.
Atacar verbalmente a Israel (y al judaísmo internacional) no es aconsejable y es ponerse en contra de los EE. UU.. Además, el Gobierno de España, ha apoyado abiertamente manifestaciones propalestinas y el envío de la flotilla que acabó como sabemos.
2. Tensión cada vez más evidente con el coloso americano. La quasiruptura con Israel significa también que desde Washington se nos mire con profunda desconfianza. Como ha quedado acreditado, Trump tiene una cierta obsesión con el exiguo, para él, gasto en defensa español. Para Sánchez sería suficiente con un 2,1 % para dotarse de las capacidades requeridas. La entrada de Huawei en el mercado español de sus redes de seguridad es un elemento añadido de desconfianza.
3. La bochornosa 'extracción' de Edmundo González Urrutia «perpetrada» en la Embajada de España en Caracas. Los hermanos Rodríguez amenazaron al presidente electo, que se vio obligado a firmar (como condición necesaria de su salida del país) que reconocía la 'victoria' de Maduro. Esta «confesión» iba unida a amenazas a sus parientes más próximos.
4. El catalán como objetivo número uno de la política española. Para cumplir los deseos de su jefe, Albares no ha dudado en insistir machaconamente en algo imposible y que, además, afecta seriamente a la viabilidad de España como nación. Moncloa cometió el desliz de afirmar que el canciller alemán apoyaba esta iniciativa, lo que luego fue desmentido por el propio Gobierno de Bonn. El Instituto Cervantes, en la cumbre del español en Arequipa, se ha adherido al falso postulado de los cuatro idiomas oficiales.
5. La aceptación de la ley de «memoria democrática», que tendrá que ser aplicada por los cónsules, significa aumentar prodigiosamente los registros de matrícula y nacionalizar apresuradamente a miles de cubanos, argentinos, mexicanos, etc., para así intentar asegurarse miles de votos, que pueden ser decisivos en las próximas elecciones. Los cónsules se ven incapaces de hacer frente a esta avalancha. Solo en el consulado general en Buenos Aires se han presentado 550.000 solicitudes. De cara al futuro significa no solo aumentar el censo electoral (unos tres millones) sino incrementar exponencialmente el trabajo burocrático: producción de miles de nuevos pasaportes, el derecho a pensiones no contributivas y solicitudes de todo tipo (fes de vida, papeletas de voto, actos notariales).
6. Reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental. Nuestra salida en 1975 fue bochornosa, pero al menos existían unas circunstancias que la hacían comprensible. La concesión 'graciosa' de Sánchez a Marruecos, sin contar con la oposición, ni con el parlamento, y sin contraprestaciones, resulta extraña, y ha despertado tensiones de mucho calado con Argelia (que ahora nos envía inmigrantes irregulares a Baleares).
7. La falta de respeto a la capacidad y a los méritos en el ministerio, lleva a nombramientos muy politizados. Albares prefiere a los yesmen o yeswomen que digan siempre que sí a todo, muy dóciles y que le estén eternamente agradecidos. Las mejores cabezas del departamento están en el dique seco o en consulados periféricos.
8. La política exterior en Iberoamérica es manifiestamente de apoyo a las dictaduras de izquierda. Ha conducido a tensiones con Argentina, como cuando Milei calificó a Begoña Gómez como corrupta. Los «mejores amigos» son los del Grupo de Puebla, a pesar de desaires varios: Petro paseando delante del rey la espada de Bolívar o Sheinbaum negándose a invitarle a su toma de posesión. Y para colmo, el ministro ha pedido excusas «por los daños infligidos a las poblaciones originarias». Sería bueno que el ministro leyera a autores de otra época como Ramiro de Maeztu o Madariaga, o más recientes como Juan Miguel Zunzunegui, Marcelo Gullo, o Elvira Barea.
9. Dejar que se negocien en el extranjero temas que afectan a la España constitucional como la amnistía, el servicio exterior catalán, un nuevo cupo para Cataluña, el control de fronteras, lo que ha dado oxígeno al huido Puigdemont. El ministerio deja que se nombre un mediador salvadoreño entre España y 'Catalunya' como si se tratase de dos entidades soberanas negociando la paz. En la UE ven con incredulidad (con negociadores tan acreditados como Zapatero o Cerdán) estas maniobras antidemocráticas.
Los vaivenes sobre el separatismo catalán, el indulto general o la amnistía no han dado precisamente prestigio a nuestra política exterior. Pero la de Albares no es otra que la de Pedro Sánchez, con un valedor que se llama Jose Luis Rodríguez Zapatero.
- Gonzalo Ortiz es embajador de España