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tribunaLuis Peral

Progres de facultad... 50 años después

España ha perdido puestos en relación con otros países occidentales desde el año 2008, y especialmente en los años de gobierno de Pedro Sánchez. La posición de este, infantil en apariencia en sus alharacas, nos puede conducir a la tercera división mundial

Empecé mis estudios universitarios de Económicas en el curso 1967-1968. Los continué, primero en 'Galerías Castañeda' (Ciudad Universitaria) y luego en Somosaguas, donde terminé la licenciatura en el curso 1971-1972.

En aquellos cinco años en la facultad más de izquierdas de España no vi las letras PSOE ni en pancartas, ni en pintadas, ni en octavillas. El protagonismo de la oposición al Régimen de Franco correspondía a otros partidos más a la izquierda del PSOE. No me gustaban las asambleas, aunque acudí a muchas de ellas, porque el formato era siempre el mismo: la reunión se alargaba innecesariamente para, cuando quedaba menos gente, votar. No había democracia fuera de la Facultad y tampoco en aquellas asambleas. En una ocasión nos conjuramos varios compañeros para explicar a los demás lo que estaba pasando con ETA en el País Vasco. Fue una sorpresa inesperada para muchos de los que asistían a aquella asamblea.

Abundaban en aquellos años los que podrían denominarse «progres de cafetería de facultad». Más de 50 años después, cuando oigo hablar a Zapatero, a Pedro Sánchez y a otros socios de la izquierda plural (y separatista), tengo la sensación de escuchar a algunos de aquellos «progres de facultad» que hubieran sido hibernados durante cinco décadas y hubieran resucitado vociferando las mismas consignas: ¡Bases fuera! ¡OTAN no! ¡Yankees, go home! De alguna forma, es rejuvenecedor volver a oírlas, pero, cuando uno reflexiona, percibe que los que ahora las gritan sufren de una inmadurez adolescente, que no se compadece con todo lo que ha pasado en el mundo en esos 50 años.

Hay otra interpretación, que probablemente es la buena. Es la última carta de un régimen corrupto, que está entregando España en almoneda a los enemigos de nuestra patria (separatistas y sucesores políticos de ETA), sin importarle el daño que se causa al futuro de todos los españoles, incluyendo a muchos socialistas honrados. Un régimen sanchista que intenta cambiar la Constitución por la puerta de atrás, confiando en un Tribunal Constitucional cuyo presidente arrastra desde hace años una toga enlodada por los fangos del camino. Ahora, aprovechando el ataque de Estados Unidos e Israel contra la dictadura teocrática y enemiga de las mujeres de Irán, Pedro Sánchez intenta, con el egoísmo y narcisismo que le caracterizan, apelar a un voto que probablemente ya no existe, por encima de los intereses de España y de su propio partido.

Han cambiado mucho las cosas desde los años 70 del siglo XX. España está en la Unión Europea y está en la OTAN, lo que genera derechos y obligaciones. Nuestras Fuerzas Armadas y nuestra industria de defensa tienen, desde hace muchos años, una relación de especial colaboración con las de Estados Unidos e Israel. Nuestras relaciones económicas con Estados Unidos tienen una importancia enorme, que se puede ver perjudicada con las bravatas de Sánchez, máxime con la imprevisibilidad de Trump, con riesgo de perder muchos puestos de trabajo y de perjudicar inversiones norteamericanas en España y de empresas españolas en los Estados Unidos.

España ha perdido puestos en relación con otros países occidentales desde el año 2008, y especialmente en los años de gobierno de Pedro Sánchez. La posición de este, infantil en apariencia en sus alharacas, nos puede conducir a la tercera división mundial, en un proceso de deterioro del prestigio internacional de España en el que nadie cuenta con nosotros.

No es el momento de «deshibernar» a aquellos «progres de cafetería de facultad» de los años 70 ni a sus consignas apolilladas, como nadie se plantea descongelar a las momias de Lenin, Mao-Tse-Tung, Castro o Chávez.

  • Luis Peral Guerra es economista y abogado
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