Carta abierta a Pedro Sánchez: devuelva la dignidad y la soberanía a España
Porque los españoles no nos rendimos. Ni ante el clientelismo descarado, ni ante la traición a la unidad nacional, ni ante la mediocridad moral, ni ante este golpe de Estado encubierto que pretende cambiar España sin el consentimiento del pueblo
Señor presidente:
Espero que alguien de su círculo más íntimo, ya sea por cruel ironía o porque aún le quede un resto de conciencia, tenga el valor de ponerle esta carta delante.
Le escribo con la crudeza que exige la gravedad del momento. No como un ciudadano resignado, sino como español que todavía cree en el servicio público honesto, en la lealtad a la palabra dada, en el deber con la patria y en las obligaciones que tenemos como ciudadanos libres, no como súbditos.
Usted ha transformado las crisis, la inflación y las subvenciones en una maquinaria de clientelismo brutal y descarado. Mientras el país se ahogaba, usted no corrigió nada: lo aprovechó para multiplicar cheques, ayudas y dependencias que convierten al ciudadano en un dependiente agradecido y silenciado.
La deuda pública ha alcanzado 1.707 billones de euros en enero de 2026, con un aumento de más de 500.000 millones desde que llegó al poder. Por cada español, la losa ha pasado de unos 25.000 euros a más de 34.400 euros hoy. Casi 9.400 euros más por cabeza.
¿Tiene usted el valor moral de mirar a los ojos a un joven de 25 años y explicarle que su «progreso» consiste en heredar casi 10.000 euros más de deuda que su padre, mientras el paro juvenil sigue en torno al 23-24 %, condenando a toda una generación a la frustración y al exilio?
Con estos números ya no podrá mirar a la cara a los pensionistas que vivieron la Transición, que reconstruyeron España con esfuerzo y sacrificio. Esos hombres y mujeres ven cómo sus pensiones y su futuro se hipotecan para financiar su modelo de dependencia y compra de voluntades.
Ataca sin piedad a quienes realmente sostienen el país: empresarios, pymes y autónomos. Ha endurecido las reglas de contratación y despido y ha subido impuestos y cotizaciones una y otra vez –más de 100 subidas desde 2018–, sin consultar a quienes generan empleo y riqueza real. Presión fiscal que roza el 38 % del PIB.
Esto no es mala gestión. Es un sistema diseñado con frialdad para premiar la sumisión y castigar la independencia económica. Un proyecto maquiavélico nacido en el parvulario ideológico de su Gobierno.
Pero lo más grave es el golpe de Estado encubierto que está perpetrando mediante regularizaciones masivas de inmigrantes. Mientras millones de españoles luchan por llegar a fin de mes, usted acelera la concesión de papeles a cientos de miles sin control ni criterio, alterando artificialmente la demografía y el censo electoral del país. Esto no es solidaridad: es un cálculo político frío para fabricar un nuevo electorado dependiente que asegure su permanencia en el poder. Un golpe blando contra la soberanía popular, ejecutado desde Moncloa sin pedir permiso al pueblo español y sin someterlo a referéndum.
En el exterior, su política es una humillación continua: abraza regímenes autoritarios como Venezuela, Nicaragua, Cuba, Irán o Qatar, y hace cesiones vergonzosas al norte de África, anteponiendo sus afinidades ideológicas a la seguridad y los intereses vitales de los españoles.
Todo esto mientras la corrupción gangrena el corazón del poder. El caso Koldo ya está en juicio oral, con Ábalos y Koldo en el banquillo por una trama criminal desde el Ministerio de Transportes. Y ahora, su propia esposa, Begoña Gómez, ha sido procesada por el juez Peinado por cuatro delitos graves: tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación de caudales públicos y apropiación indebida. La acusación popular pide hasta 24 años de prisión por presuntamente aprovechar su posición como esposa del presidente para obtener beneficios privados, influir en instituciones y utilizar recursos públicos. ¿Hasta dónde llega la impunidad en su Gobierno?
Como escribió en su Manual de Resistencia: «Aquí nadie dimite». Es más fácil cambiar la palabra que cumplirla, ¿verdad?
España no es su finca privada. Los españoles no somos un decorado que se saca cada cuatro años para pedir el voto. Somos el pueblo que resistió invasiones, reconstruyó el país tras guerras y crisis, y que se niega a rendirse ante la decadencia disfrazada de progresismo.
Se lo pregunto sin anestesia y con toda la dureza que merece esta traición:
¿Tiene usted la dignidad mínima de reconocer que su modelo fabrica esclavos del Estado y rehenes de sus socios de investidura, en lugar de ciudadanos libres y orgullosos? ¿O va a seguir adelante con este golpe demográfico que liquida nuestra soberanía sin disparar un solo tiro?
Por el bien de la democracia española, por el del Partido Socialista que usted ya apenas representa, y sobre todo por su propia dignidad y la de su familia, convoque elecciones generales ya. Devuelva al pueblo español la palabra y la capacidad de decisión que le ha usurpado.
La sociedad civil sigue en pie. No aceptamos ser rehenes de un proyecto que debilita España por dentro mientras el mundo acelera por fuera.
Porque los españoles no nos rendimos. Ni ante el clientelismo descarado, ni ante la traición a la unidad nacional, ni ante la mediocridad moral, ni ante este golpe de Estado encubierto que pretende cambiar España sin el consentimiento del pueblo.
¡Viva la sociedad civil! ¡Viva España!
- Ignacio Trillo Arespacochaga es miembro de la junta directiva de la Asociación Pie en Pared y de la Fundación Foro Libertad y Alternativa