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TribunaGonzalo Ortiz

Y después del Nobel ¿qué?

China ha hecho una apuesta política por Venezuela y Putin ha formulado serias advertencias a EE.UU. para prevenir cualquier acción bélica. Pero no creo que en las actuales circunstancias puedan ir más allá

La distinción otorgada por el Comité Noruego a María Corina Machado tiene una especial significación para el mundo hispánico. Se reconocen los valores de la galardonada, su valentía, su compromiso con el pueblo venezolano y su entrega a los valores democráticos. Y es una distinción para una persona privada de libertad que ha vivido en la clandestinidad amenazada por los servicios de seguridad del tirano. Y que tras las elecciones del 28 de julio de 2024 es la eventual presidenta, ya que González Urrutia, (el ganador de las elecciones) era simplemente un obligado sustituto.

En el mundo hispano han proliferado en los más de 200 años de independencia de España los caudillos, «hombres fuertes», generalmente procedentes de la milicia, cuya actividad política tiende a eliminar todas las instituciones del Estado. Maduro es un caudillo bananero más, acaso más sanguinario e ignorante que otros. Un dictador sin ideología, criado a los pechos de Cuba, que ha empobrecido un país muy rico hasta extremos inimaginables.

El presidente del Comité Noruego, Jorgen Watne Frydnes, pronunció un magnífico discurso subrayando el heroísmo de Corina y su «sostenida e innegable trayectoria». Con esta distinción el Premio Nobel de la Paz se coloca a un nivel que no había alcanzado en ediciones anteriores, como cuando premió al presidente Obama en 2009, o al presidente colombiano Santos en 2016. A mi juicio, de forma poco merecida, en los dos casos.

En el Nobel de Corina se ha castigado al régimen bolivariano denunciando sus violaciones de derechos humanos y animado a Trump a poner en marcha una política distinta. Por el momento, las presiones están limitadas a un bloqueo petrolero y a la destrucción en caliente de las narcolanchas que portan droga cuyo destino final es EE.UU.

Desde la puesta en vigor de la doctrina Monroe en 1824, siguiendo las directrices de Jefferson, «los EE.UU. no intervienen en Europa, pero los europeos no interfieren en América». Esta doctrina se endureció con la de Teodoro Roosevelt del Bigstick (palo fuerte) en 1903, luego ablandada por Franklin Delano Roosvelt, con la llamada 'Política de buena vecindad'. Kennedy en su mandato ensayó la fórmula 'Alianza para el progreso', y tras los intervencionismos del siglo XX parecía que en los últimos tiempos EE.UU. no daban importancia, o miraban hacia otro lado, a lo que ocurría en el hemisferio.

Una situación parecida a la actual es la que se planteó con Noriega en Panamá en 1989. El hombre fuerte panameño, después de colaborar con los EE.UU. en un cierto período, se había acercado a Cuba, pero sobre todo (como ahora en Venezuela) se estaba lucrando intensamente con el tráfico de drogas. Bush padre decidió la intervención y Noriega fue hecho prisionero y sometido a juicio. Acción que tuvo que ver con la importancia estratégica del Canal y el hecho de tener los norteamericanos fuerzas destacadas en el territorio.

En la actualidad más de media docena de petroleros (bajo banderas de conveniencia y supuestamente sancionados) han sido ya interceptados y más de 10 lanchas rápidas con droga han sido destruidas, y mandados con sus tripulantes y carga al fondo del mar. Trump ha desplegado en Puerto Rico una potente flota y acompañado esta amenaza con su agresiva diplomacia, ha intentado negociar con Maduro su salida inmediata, bajo ciertas condiciones. Pero por el momento el okupa del Palacio de Miraflores ha optado por resistir.

La disparidad de fuerzas es evidente entre la poderosa flota norteamericana y el ejército bolivariano. Distancia que evoca la que existía en 1898 entre las fuerzas estadounidense y la española. Este despliegue es obviamente costoso en términos políticos y económicos,y no se puede mantener de forma indefinida.

China ha hecho una apuesta política por Venezuela y Putin ha formulado serias advertencias a EE.UU. para prevenir cualquier acción bélica. Pero no creo que en las actuales circunstancias puedan ir mas allá.

El bloqueo petrolero, sin embargo, ahogará a Venezuela, (que no refina), y los mandos militares se sentirán proclives a intentar echarlo, ya que la escasez afectará también a sus economías. El proceso es imparable, pero no se puede aventurar el final. La desafección del pueblo venezolano por el régimen es profunda. El día que caiga Maduro el pueblo se lanzará a la calle para celebrarlo. La 'Operación Lanza del Sur' puede acabar sin que haya un ataque militar, a lo sumo, «acciones quirúrgicas» contra objetivos concretos y bases del narcotráfico. Y la Premio Nobel de la Paz podrá regresar a su país para restaurar la democracia y la libertad.

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