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Walt Whitman, icono hippie

Poeta de la joven democracia norteamericana, de la Guerra de Secesión –durante la que trabajó como enfermero voluntario–; de la naturaleza y de la ciudad, que recorrió confraternizando con tranviarios, carpinteros, vendedores, bohemios, cargadores, menesterosos y gentes de toda condición

Una edición especial de Hojas de hierba, de Walt Whitman (1819-1892), fue el regalo navideño de Bill Clinton a Mónica Lewinsky durante su relación. Algo que, según las palabras de la entonces becaria en la Casa Blanca, significó mucho para ella. Tratándose del escritor que canta a la democracia y a la libertad, incluyendo la libertad sexual con versos muy explícitos, el regalito de marras tenía mucha miga.

Whitman es el arquetipo del americano hecho a sí mismo del siglo XIX, como lo fuera Benjamin Franklin cien años antes. Nacido en el entorno campestre de Long Island, su infancia rural y el traslado de la familia a Brooklyn, donde convivían granjas con los talleres de una incipiente industria frente a la isla de Manhattan, marcarían su amor a la naturaleza y su poesía urbana. Autodidacta, su avidez por la lectura y su afición al teatro y a la música le dotaron de una gran cultura, lo que le permitió ganarse la vida como maestro de escuela y periodista. Esta última condición, de reportero inquieto y gran observador de los problemas de la ciudad y sus gentes, le dio el profundo conocimiento de la sociedad de su tiempo que plasmaría en Hojas de hierba.

Considerado el padre del verso libre, que en España entraría de la mano de la Generación del 27, Hojas de hierba supuso una revolución estilística y temática, cuya influencia perdura hasta hoy. La ausencia de métrica y rima la compensa el poeta con un ritmo prosódico, aliteración y repetición dando a sus versos una gran musicalidad y, sobre todo, flexibilidad para una mayor expresividad y profundidad al no someter el fondo a la tiranía de la forma. Melómano y asistente habitual a la ópera en calidad de periodista, confesó que nunca podría haber escrito Hojas de hierba sin la emoción, arrebato e inspiración operística.

Poeta de la joven democracia norteamericana, de la Guerra de Secesión –durante la que trabajó como enfermero voluntario–; de la naturaleza y de la ciudad, que recorrió confraternizando con tranviarios, carpinteros, vendedores, bohemios, cargadores, menesterosos y gentes de toda condición. «Walt Whitman, un cosmos, de Manhattan el hijo,» dice en uno de sus versos.

Desconocido en el panorama literario, autopublicó Hojas de hierba con escaso éxito y duras críticas no solo por su revolucionario e incomprendido estilo poético, sino por sus referencias sexuales no siempre sutiles. Aprovechando sus contactos, publicó astuta y anónimamente críticas elogiosas a su propio libro titulando la primera de ellas, con descarado autobombo, «¡Por fin, un bardo americano!». Tuvo, además, audacia de enviar un ejemplar a Emerson (otro icono del movimiento hippie), respetado intelectual y escritor y principal figura del trascendentalismo americano. La elogiosa respuesta de Emerson ha pasado a la historia como la carta más famosa de la literatura norteamericana y situó a Whitman en el mapa literario de su época, pues no dudó en publicarla en el periódico neoyorquino Tribune sin permiso del autor.

El libro presentaba un daguerrotipo suyo con aspecto de un trabajador cualquiera de Brooklyn; con una mano en la cintura y la otra metida en el bolsillo de un pantalón de trabajo, camisa con el cuello abierto mostrando la camiseta debajo y sombrero de ala ancha. Una estética muy alejada de la de sus respetables contemporáneos, como Emerson o Longfellow, con sus levitas negras. Celoso de su imagen, el poeta demostró ser el mejor publicista de sí mismo.

¿Cómo se convierte un poeta del siglo XIX en icono y referente para los beat de los años cincuenta y del movimiento flower power hippie de los sesenta?

Como Emerson, su padre literario, Whitman fue un estudioso de la filosofía hindú, que tanto influyó en el movimiento pacifista y contracultural beat, muy especialmente en Allen Ginsberg, y posteriormente en los hippies. Su poema Pasaje a la India ensalza la comunión entre hombre y naturaleza en un viaje espiritual y místico. El poeta se veía a sí mismo como apóstol de la democracia y la libertad, de la armonía entre pueblos y culturas, defensor de la mujer, de la abolición de la pena de muerte y de la esclavitud, de los desfavorecidos, de las mejoras de las condiciones laborales y consuelo de los afligidos. Un activista en el sentido moderno del término.

Su Canto a mí mismo canta a la libertad, al cuerpo y al alma, a la naturaleza, a la solidaridad, al amor libre –incluyendo el homosexual–. Todo ello, impregnado del pensamiento trascendentalista americano, resultaba muy inspirador y sugerente para aquellos universitarios rebeldes, pacifistas y contestarios que se manifestaban contra la guerra de Vietnam y que expandieron su inconformismo por el mundo occidental.

Su poema A los Estados, no ha perdido vigencia:

A los Estados, o a cualquiera de entre ellos, o a una ciudad

cualquiera de los Estados, le digo: Resistid mucho, obedeced poco,

Una vez admitida la obediencia sin protesta, es la servidumbre total.

Una vez esclavizada totalmente, ninguna nación, Estado

o ciudad de la Tierra volverá a reconquistar su libertad.

  • María José López de Arenosa es filóloga y miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles
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