De comienzo en comienzoElena Murillo

Tras el paso de los Reyes magos

Con el tiempo, se empieza a dar valor no al regalo sino al corazón de aquel que ha pensado en ti y lo entrega con alegría

Con la Fiesta del Bautismo del Señor, el próximo domingo 11 de enero, se cierra el Tiempo de Navidad. Ayer, en la celebración de la Epifanía, se escuchaba el relato de la Adoración de los Magos que vienen de Oriente guiados por una estrella y se postran ante el Niño entregándole oro, en señal de realeza; incienso, como ofrenda a la divinidad; y mirra, al reconocer la humanidad de Dios.

Todos los pueblos están representados en los Magos, la gentilidad, siendo Jesucristo el único salvador de todos ellos. Epifanía es esperanza, iluminación de la Iglesia. Cristo es la luz que ilumina a los Magos así como el bautismo es iluminación para el cristiano.

Hoy, los más pequeños de cada casa, tienen un día de disfrute tras esa multitud de emociones vividas en la cabalgata y después de haber pasado la noche más ilusionante de todas. Es esa noche en la que más de uno habrá oído cómo entraban los Reyes a su casa y en la que la mayoría habrá experimentado un precioso sueño que al despertar se hacía realidad. Ojalá los adultos no perdiéramos nunca esa parte del alma infantil.

Con el tiempo, se empieza a dar valor no al regalo sino al corazón de aquel que ha pensado en ti y lo entrega con alegría. La estrella a veces no nos ilumina como debería o no la reconocemos y, quizá, lo verdaderamente importante sea encontrar esa estrella para que guíe nuestro camino durante el año, porque suele ocurrir que lo valioso no viene envuelto y no sabemos entender los verdaderos regalos.

En estos días uno se da cuenta de que las palabras quedan muy bonitas sobre el papel o como mensaje en la pantalla de un móvil, pero que lo que llega de manera tangible son los actos, la mayor parte de las veces provenientes de la sinceridad, que se realizan cuando surge la necesidad y no requieren de ningún reconocimiento: ”por sus obras los conoceréis”. Superemos la hipocresía, abandonemos la envidia y la soberbia que tanto mal hacen y dejemos las medallas para que las imponga el que todo lo puede, el que nos juzgará realmente. Hechos son amores…No nos erijamos en jueces si no conocemos la verdad. Dejemos las informaciones sesgadas y seamos capaces de ver la batalla que lidia diariamente esa persona que tenemos cerca.

Nos habituamos a que alguien dé siempre el paso a la hora de organizar una comida, de invitar a una fiesta, de tener un detalle o mostrar que le interesas y no nos damos cuenta de que a todo el mundo le hacen bien esas acciones. Pronunciar la palabra amable y preocupada, qué difícil es; reconocer el trabajo bien hecho, qué poco se hace… Ojalá el orgullo desaparezca con el perdón y este alborear del año nos haga algo mejores en todo su recorrido.

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