Lo 'woke' no es un invento de la extrema derecha
Lo 'woke' no es un invento de la extrema derecha, sino algo muy real en la sociedad. Que lo pregunten a los padres cansados de la ideologización de sus hijos en las aulas; que se observe la hipersexualización de la sociedad muy en línea homosexualista
Hay un deliberado intento de negar la existencia de un fenómeno que se está convirtiendo en el centro de no pocos debates, lo woke. Sectores progres silencian su existencia, otros afirman que es un invento de la extrema derecha. Los más moderados de entre ellos manifiestan que en los últimos años, sectores conservadores usan «woke» para describir lo que consideran excesos ideológicos en cultura, educación y política.
La denominación woke es opinable, pero lo sustancial es el contenido. Anotemos que lo que se entiende como woke, o 'wokismo'. Empezó como algo positivo, la lucha contra el racismo en Estados Unidos, con exigencia de un trato digno y respetuoso hacia las personas de raza negra. Aparte de algunos excesos, tenían razón. Pero pronto se le sumaron otros movimientos reivindicativos, y se ha transformado en una amalgama de antirracismo, ideología de género con transexualismo incluido, feminismo radical, ecologismo extremo, animalismo, reivindicación justicialista de la Historia…, con lo que la inicial reclamación antirracista se desbordó y, como el agua fuera de cauce, se convirtió en dañina.
Asimismo, ha sido asumido por la mayoría de partidos de izquierda, por buena parte de la derecha liberal, por la mayoría de medios de comunicación, por muchas editoriales, por el cine y las plataformas televisivas… Es la ideología del establishment.
A raíz de la reciente publicación de mi libro Woke, cristianismo y sentido común (Ideas y Libros), la cantidad de inputs que me han llegado ha sido enorme, algunos alabando el atrevimiento de destapar sin miedo un fenómeno que se ha convertido en una imposición para la mayoría de las personas en la sociedad en función de intereses o deseos de unas minorías que, si en otro tiempo fueron a menudo maltratadas o postergadas, se han convertido ahora en privilegiadas y prepotentes.
Tales ideologías han penetrado a fondo en la sociedad, monopolizan la mayoría de medios de comunicación y son impulsadas y financiadas desde las instituciones públicas. Por ello se ha configurado una mentalidad que han asumido una mayoría de personas, aunque muchos ni siquiera se hayan percatado.
Lo woke no es un invento de la extrema derecha, sino algo muy real en la sociedad. Que lo pregunten a los padres cansados de la ideologización de sus hijos en las aulas; que se observe la hipersexualización de la sociedad muy en línea homosexualista; que se pregunte si en algunos trabajos (sobre todo oficiales) se exigen o no cuotas para la mujer y para personas de una determinada raza; o a quien se da un puesto de trabajo en igualdad de méritos; o si se financia igual una película según sea su director/a hombre o mujer; o si no pocos perros son mejor tratados que muchas personas; o si es cierto o no que se intenta promover y fomentar el aborto, y hasta blindarlo en la Constitución. Y muchas cosas más.
Puede discutirse si el término woke es adecuado, pero sus efectos están ahí. Y darles el vuelco requiere una gran lucha.
- Daniel Arasa es periodista