Fundado en 1910
TribunaJuan Ignacio de los Mozos Touya

Pues sí, viva la libertad de expresión y ¡viva Elche!

Por todo ello, más que fosilizar constitucionalmente la opinión de algunos convirtiendo este tema en un «trágala» sectario, lo procedente sería plantear, como acaba de hacerlo el Ayuntamiento de Elche en uso de la libertad de expresión, la derogación de la injusta ley del aborto

El gran error de cierta derecha es caer en la trampa de considerar conquistas irreversibles lo que no son más que imposiciones ideológicas. El gran error es dejarse amedrentar con la amenaza de cancelación a quien discrepa del discurso aparentemente mayoritario que no es más que el de los medios pretendidamente progresistas. El gran error es dejarse imponer un marco de ideas como si fueran unos grilletes que aprietan el cerebro e impiden pensar cualquier otra cosa.

Dejando al margen aquellos casos en que el riesgo para la vida de la madre o la legítima defensa pongan en conflicto dos bienes jurídicos igualmente dignos de protección, ¿es una conquista el que la madre pueda matar a su propio hijo? El nuevo Dios de la igualdad de género reclama para sí cruentos sacrificios humanos para justificar esa igualdad que no existe más que en el dogma. ¡Claro que existe una igualdad esencial entre hombre y mujer, pero también una diferencia substancial que los hace complementarios!

El miedo a la cancelación es un miedo real y muy humano porque a nadie le gusta ser excluido, quedar fuera de la sociedad, ser un proscrito por causa de la enfermedad, las circunstancias personales o las ideas. Realmente es un miedo justificado porque todos los sistemas totalitarios han perseguido al discrepante, es un fenómeno muy antiguo como mecanismo de control del discurso oficial, hoy diríamos el relato oficial. Pensemos en la damnatio memoriae del Derecho Romano que imponía el olvido de la persona condenada borrando todo vestigio de su existencia lo que llevaba a derribar las estatuas que se hubieran erigido en su honor, o «la Comisión de la Verdad» del muy «progresista» régimen de la URSS (curiosamente existe otra semejante en la España del sanchismo). Frente a ello se necesitan hombres y mujeres valientes capaces de vencer el miedo pero también medios de difusión que permitan influir en la cultura y el ambiente social.

¿Por qué se consiente la imposición de un marco mental que impide la libre expresión de ideas que chocan con sus postulados? Primero por comodidad, porque es más cómodo no ponerse a pensar, es mejor que te den las cosas hechas: «lejos de mí el vicio de pensar» parece que dicen algunos. Segundo, por la tendencia natural que tiene el ser humano por el simple hecho de formar parte del grupo social de seguir unas mismas pautas o usos sociales por razones de certeza y seguridad, de forma que dichas «formas de pensamiento general» son acatadas por la mayoría mientras no puedan ser sustituidas por otras en el discurso social tras haber sido previamente desacreditadas las primeras. En último término y volvemos a lo mismo, por el apabullante dominio de los medios de comunicación de masas por parte del pensamiento de izquierda empezando por la televisión pública a la que están encadenados nada menos que un tercio de la población por razones de edad, lo que nos lleva a plantearnos muy seriamente la necesidad de trabajar en revertir esa situación fomentando el espíritu crítico en la educación del futuro ciudadano y en la creación de medios de difusión de calidad que lleguen al mayor número de personas capaces de cambiar la «melodía» que se oye en el ambiente social de manera que la música suene distinta (como, por cierto, hace este periódico que acoge estas líneas).

Un caso paradigmático de lo aquí se expone es el tema del aborto, no es una cuestión cerrada ni mucho menos como lo demuestran los millones de personas que llenamos las iglesias estos días de Semana Santa. Más aún, existe un clarísimo cambio de sensibilidad respecto a la manera de percibir a los no nacidos en la mayor parte de los países más desarrollados que va de la mano de los grandes avances científicos en esta materia que nos permiten un mayor conocimiento de la realidad del ser humano en sus inicios: hoy podemos afirmar con seguridad que el feto muy tempranamente siente dolor o sensación de placer. Pero esto no ha hecho más que empezar, de modo que a medida que los conocimientos científicos progresen irá en aumento la percepción social de que el no nacido es «uno de nosotros». Por todo ello, más que fosilizar constitucionalmente la opinión de algunos convirtiendo este tema en un «trágala» sectario, lo procedente sería plantear, como acaba de hacerlo el Ayuntamiento de Elche en uso de la libertad de expresión, la derogación de la injusta ley del aborto.

  • Juan Ignacio de los Mozos Touya es jurista
comentarios

Más de Juan Ignacio de los Mozos Touya

Más de Tribuna

tracking

Compartir

Herramientas