Versiones sobre el Guernica
Una de las leyendas más conocidas sobre el Guernica lo considera un homenaje a la muerte de Sánchez Mejías, tan admirado por Picasso, un acontecimiento nacional
No hay día sin sorpresa. Evidencia las ocurrencias que padecemos y la debilidad del Gobierno. Últimamente al presidente del Ejecutivo vasco, Imanol Pradales Gil, se le ocurrió insistir en el traslado del Guernica al País Vasco. Pradales Gil, con esos apellidos, apeló a traducir su nombre de pila al vascuence para eludir que sus padres y sus orígenes familiares no son precisamente vascos y tampoco vascófonos. En el cole tuvo como profesor a Íñigo Urkullu que le introdujo en política y fue su antecesor en el palacio de Ajuria Enea. Y hasta hoy.
En una decisión acertada, casi única, el ministro Urtasun se ha negado, por ahora, al traslado de la obra picassiana, pero el final dependerá de que a Sánchez le apoye el PNV o no. A esos detalles se ajustan las decisiones del Gobierno. Temí que Urtasun se inquietase por la presencia de un toro en el Guernica tan antitaurino él. Atiende a otros intereses. Su pareja fue nombrada el año pasado directora general por Salvador Illa. Urtasun es el peor ministro de Cultura de la democracia, y César Atonio Molina el mejor; si sería eficaz que Zapatero, según parece ahora experto en intermediaciones y negocietes, cesó a Molina mientras se encontraba en Egipto en viaje oficial.
Si sus colegas europeos coincidiesen con Urtasun en su idea de descentralizar el Museo del Prado, quedarían disminuidos el Louvre, la National Gallery, la Alte Pinakothek o los Uffizi. Pero Urtasun no ha pinchado con el Guernica, aunque lo justifique en los riesgos del traslado; si estuviese bien, allá que se iba. Tras décadas en el MOMA de Nueva York, el Guernica llegó a Madrid en 1981 y al Reina Sofía en 1992, tras pasar años en el Casón del Buen Retiro. Picasso murió el 8 de abril de 1973. Recuerdo que estaba en París, cenando con colegas en Maxim's y nos pasaron una escueta nota: «Picasso est mort». Llamada al trabajo.
Como todos los grandes acontecimientos y las relevantes obras de la cultura, el Guernica tiene su leyenda, que puede compartirse o no, y más en una obra emblemática y politizada al máximo. La politización a menudo desvirtúa la intención original del artista. En ese sentido la interpretación oficial del Guernica no ha impedido otras. Inciden en la afición de Picasso por la tauromaquia, heredada de su padre y la atención al toro en su obra. El primer óleo del genio, con ocho años, fue El picador amarillo; siempre le acompañó.
Al pintor le impresionó la muerte de Joselito El Gallo en Talavera, 1920, y, sobre todo, la de Ignacio Sánchez Mejías, cuñado de El Gallo, en Madrid, en 1934, dos días después de su cogida en Manzanares. Era, además, dramaturgo, amante de la poesía, y amigo y mecenas de poetas de la Generación del 27. A Lorca le debemos su impresionante llanto: «andaluz tan claro, tan rico de aventura». Y aquí aparece también Urtasun. Vetó al torero en los actos previstos para el centenario de la Generación del 27, sencillamente porque era torero. El sectarismo va unido a este ministro de una cultura sesgada y a su gusto
Una de las leyendas más conocidas sobre el Guernica lo considera un homenaje a la muerte de Sánchez Mejías, tan admirado por Picasso, un acontecimiento nacional. Según esta interpretación la obra estaba iniciada, para otros concluida, cuando el pintor recibió de la República el encargo de una pintura para la Exposición Internacional de París de 1937; recibió 200.000 francos. No pocos intelectuales han compartido esta versión. Entre otros el catedrático de Historia de la Complutense José María Juarranz de la Fuente, autor de Guernica. La obra maestra desconocida, tras un estudio de años.
Las dos interpretaciones del Guernica, la bélica y la taurina, son enriquecedoras. No se trata de desestimar el símbolo universal contra la guerra, que está consolidado, pero abre una reflexión. Aquilino Duque, intelectual e investigador, es contundente: «No es más que una adaptación con ánimo de lucro del cuadro, collage, cartón, cartel o como quiera llamarse con el que el artista pretendió sumarse al luto nacional por Ignacio Sánchez Mejías». Comparten esta idea otros investigadores, como Francisco Aguado, biógrafo de Joselito «El Gallo».
El investigador José Morente, experto en la tauromaquia y en la obra de Picasso, escribe: «Este cuadro no representa, se mire como se mire, ni una guerra ni mucho menos un bombardeo». Interpreta: «El toro representa a un toro y el caballo a un caballo; la apenada madre con su hijo es una apenada madre con hijo y la dolida mujer de la derecha es simplemente una mujer dolida, por más señas, la amante. La bombilla es una bombilla (de enfermería), el quinqué, un quinqué, y el torero que yace en la arena con su estoque roto es el mismo diestro que murió en Manzanares». Y remacha: «Resulta más lógico suponer que el Guernica no es una denuncia de la guerra sino, lisa y llanamente, una obra taurina pues taurino –y mucho– era su autor y taurinos son los elementos (toro, caballo de picador, torero muerto) que pueblan el cuadro». El estoque roto es la muerte del torero.
Según Juarranz, el título se lo dio a Picasso Juan Larrea en una visita a su estudio cuando el genio aún no lo había decidido. Otra versión apunta que el titulo inicial era Recuerdo a Ignacio Sánchez Mejías. No descarto ninguna interpretación rigurosa.
- Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando