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TribunaMiguel Boronat Roda

Un discurso ganador

España necesita un proyecto fuerte capaz de aglutinar una mayoría que existe, pero que aún no encuentra liderazgo. Si esa alternativa no se construye a tiempo, no será por falta de oportunidad, sino por incapacidad de quienes estaban llamados a liderarla

En España, la oposición tiene un problema evidente: no ha sido capaz de ofrecer una alternativa sólida e ilusionante. No ha articulado un proyecto con fuerza suficiente para desalojar del poder a un pésimo gobernante que va camino de completar dos legislaturas como presidente del Gobierno, sin apoyo ciudadano real, sin presupuestos y sostenido por alianzas con el separatismo golpista y la izquierda más radical.

Todo ello en un contexto de corrupción y deterioro institucional, marcado por el creciente control del Gobierno sobre organismos que deberían ser neutrales, o al menos aparentarlo, como la Fiscalía General del Estado, el Tribunal Constitucional, el CIS o RTVE.

Y, sin embargo, la oposición –PP y Vox– no han construido una respuesta adecuada. Esto resulta casi más preocupante que la propia existencia de un 'Sánchez': la ausencia de una alternativa a la altura.

No basta con esperar la caída del Gobierno por desgaste, acción judicial o presión mediática. Hace falta estrategia, liderazgo y acción política eficaz, más aún cuando existe una convicción cada vez más extendida: una derecha unida podría ganar hoy con mayoría absoluta.

El problema es claro: ni hay unidad ni liderazgo suficiente. De hecho, parecen existir más diferencias entre las cúpulas de PP y Vox que entre sus votantes.

Conviene recordar lo ocurrido tras la mayoría absoluta de 2011, la última en la que la derecha acudió unida. El Partido Popular abandonó, sorprendentemente, parte del discurso liberal-conservador que le había hecho ganar, en busca de un electorado que no necesitaba, dando por segura la fidelidad del suyo. Ese error abrió espacio al nacimiento de Vox en 2014. Aunque más de una década después, tampoco Vox, por mucho que se congratule de sus lentos y ligeros avances, ha logrado construir por sí solo una mayoría suficiente.

El PP ha perdido consistencia ideológica y parte de su base electoral, mientras Vox no ha conseguido transformar su propuesta en alternativa de gobierno. En política, no basta con resistir o crecer: si no se gobierna, se fracasa.

Fuera de España, ese discurso sí está encontrando éxito. Durante años, la izquierda ha ejercido una hegemonía cultural en Occidente, imponiendo marcos basados en el enfrentamiento, el relativismo y la sobreintervención estatal.

Frente a ello, emergen planteamientos basados en principios claros, en el sentido común más elemental, en la defensa de las libertades y con un lenguaje directo. No son ideas nuevas, sino abandonadas por un tiempo. Responden a una demanda creciente de libertad frente a la intervención estatal, la asfixia fiscal y la imposición ideológica. Ejemplos como el de Giorgia Meloni o Javier Milei muestran cómo ese discurso gana elecciones y gobierna.

Ese enfoque implica reivindicar la concordia frente a la división, la historia como elemento de unidad, el mérito y el esfuerzo como base del progreso, y afrontar con seriedad desafíos como la crisis demográfica con políticas de natalidad, o la viabilidad del sistema, junto con una necesaria racionalización del gasto público.

Los ciudadanos demandan claridad, coherencia y valentía. Y ahí la derecha española tiene una responsabilidad ineludible.

El Partido Popular debe dejar de intentar ocupar un espacio que no es el suyo y recordar qué le llevó al éxito cuando lo tuvo.

Le conviene analizar, de paso, con qué discurso Isabel Díaz Ayuso logra esas mayorías en Madrid.

Y Vox debe preguntarse por qué, pese a sostener un discurso exitoso en otros lugares, no ha logrado convertirlo en mayoría suficiente. No se trata de consolidar un nicho, sino de construir una alternativa real de gobierno.

España necesita un proyecto fuerte capaz de aglutinar una mayoría que existe, pero que aún no encuentra liderazgo. Si esa alternativa no se construye a tiempo, no será por falta de oportunidad, sino por incapacidad de quienes estaban llamados a liderarla.

  • Miguel Boronat Roda es consultor y empresario
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