Silencios
«No hay que perder de vista que la modernidad contiene unos valores morales que provienen del cristianismo»
No puedo mantenerme al margen, tampoco en esta ocasión, de los tristes hechos que durante la semana pasada nos tuvieron sobrecogidos. Siento la necesidad de seguir hablando en voz alta a través de este medio. La cercanía en el espacio físico lo hace inevitable. La historia que encierra cada una de las familias afectadas, también. Pero el hecho de contar en el ámbito más próximo con quienes han estado al pie del cañón, me impulsa aún más a hacerlo.
De manera especial quiero expresar mi gratitud y tener un recuerdo, que con seguridad son compartidos, hacia todos los que han desarrollado sus tareas en silencio. Hay ciertos trabajos que se hacen de manera sigilosa y son esenciales a la hora de aportar una base científica. Ahí estuvieron ellos. En una noche aciaga, cargada de tristeza. Al pie de una lóbrega vía, en el interior de un vagón accidentado o posteriormente en la frialdad de una sala de autopsias. Actuando como siempre, pese a la magnitud del infortunio; con un profundo respeto a las víctimas. Y también rotos por el dolor que causa una catástrofe de este tipo. Los forenses, entre los que se encuentran amigas y conocidos, el Instituto de Medicina Legal al frente del cual está mi apreciado Pepe Sáez, realizaron una labor muy loable.
En silencio permaneció la asistencia espiritual. No tuvieron permitida la intervención pese a que hubiera quien necesitara ese tipo de auxilio. Acompañar en ese momento también es un acto de humanización. Valga como muestra un ejemplo muy simple: desgranando las cuentas de un rosario finalizaba su viaje espiritual una pasajera. La realidad de hoy día pasa por la sustitución de toda referencia cristiana por otro tipo de referencias trascendentales en las que cada uno se va conformando una fe o espiritualidad a su medida y la hace extensiva al resto sin contar con la libertad que es inherente a la persona. Sin embargo, no hay que perder de vista que la modernidad contiene unos valores morales que provienen del cristianismo. Vacío y frustración quedaron ante esta ausencia.
La psicología, el tratado del alma y sus facultades, también ejerció y sigue ejerciendo su actividad en medio de la tormenta. Teniendo la certeza de que solamente es posible afirmar aquello que se puede experimentar, estos trágicos acontecimientos de Adamuz me han hecho recordar las palabras de Víktor Frankl en su obra 'El hombre en busca de sentido'. Considero que son un remanso de paz en la voz de alguien que ha padecido en primera persona. En paralelo, uno y otro caso, permiten encontrar la templanza y dan la esperanza necesaria para la trascendencia de la capacidad humana ante sus propias dificultades.