La pluma y la espadaJosé Luis Monroy ANTÓN

Locura de amor

Enamórense, aunque no lo comprendan. Aunque les tomen por locos

Estos días se está representando en el Teatro Principal de Valencia la obra «Los Locos de Valencia», de Lope de Vega. ¿Qué le hizo al Fénix de los Ingenios localizar una de sus piezas en la ciudad del Turia? Fue una circunstancia tan grave como una sentencia de destierro motivada por la redacción de unos sonetos nada afortunados y ofensivos al parecer de la justicia del siglo XVII -parece ser que difamaban a su amante Elena Osorio-, lo que trajo a vivir a Lope a la, por aquél entonces, una de las metrópolis culturales europeas. Pero de aquellas censuras literarias que aún incluso hoy nos alcanzan de manera nada sutil ya hablaremos en otra ocasión. Vamos ahora con nuestro Lope y sus locos (o no tan locos).

La acción transcurre en el bien conocido hospital de Ignoscents, Folls y Orats construido en el siglo XV por mediación del padre Jofre. Allí eran llevados todos aquellos a los que se les «diagnosticaba» un proceso de locura, desde los simples insensatos o irracionales (Folls), hasta los más agresivos (Orats). La trama de esta comedia de enredo convierte a unos protagonistas cuerdos en locos voluntarios encerrados en el que está considerado como primer hospital psiquiátrico construido en el mundo. Un lugar donde podía caber cualquiera, desde un simple vagabundo con delirios hasta un profundo perturbado.

En el fondo, la locura de los personajes principales no viene derivada de lo que hoy podemos etiquetar como trastorno mental, sino que es causa de un mal que nos aqueja desde nuestro primitivo desarrollo: el mal de amores. Locura de amor tantas veces llevada a la literatura, al cine, al teatro, a la música. Fundamentada en personajes históricos como la reina Juana (la Loca) de Castilla, o mitológicos como los dioses del panteón griego. El amor, un eje tradicional de la literatura universal y omnipresente en nuestras plumas del Siglo de Oro. Grandes locos enamorados: el Orlando de Ariosto, el Orfeo del mismo Lope, y, como no, nuestro gran Alonso Quijano de Cervantes. Lope desarrolla unos personajes perturbados por el amor y por los actos a los que este sentimiento conduce. Los «Locos de Valencia» es solo una de las obras en las que el escritor plantea el tema, pues el amor mezclado con locura está presente en muchas de ellas y en cada una le da una perspectiva diferente, tantas diría yo, como formas individuales tenemos de enfrentarnos a ese sentimiento tan incomprensible.

Dentro del manicomio, una forma de prisión, todos se comportan representando una gran farsa, como personajes de un teatro. Del «gran teatro del mundo». Burla o crítica lopesca sobre la vida y las personas, sobre las prisiones reales y las impuestas por las emociones, en una especie de carnaval de enamorados, donde la careta de la indiferencia es el escudo que tapa los sentimientos que da pudor mostrar.

El amor ha llegado hasta nosotros con infinidad de caretas. «Love Actually» (Richard Curtis, 2003) es ya un clásico del cine navideño, y pretende ser un corolario de la infinidad de situaciones por las que se mueve esa pequeña y loca cosa llamada amor («Crazy Little Thing Called Love», Queen, 1979). Si leen ustedes a Lope, o van a disfrutar de su pieza teatral, probablemente cuando vean esta película estarán viendo personajes del siglo XVII con vestidos del siglo XXI. Al fin y al cabo, esa comedia romántica sienta sus bases en aquella concepción del amor tan clásica que pienso que no morirá. El romanticismo del siglo XIX impregnó estos amores de un sentimiento más dramático, incluso trágico. Sin embargo, en nuestro siglo aquella concepción del amor parece rancia. Es despreciada por una sociedad que le ha quitado el vestido de gasa y le ha abierto las tripas, poniendo al descubierto lo que no se quiere ver. Dónde han quedado aquellos amores platónicos, trágicos, blancos, locos. ¿Dónde ha quedado ese amor de Lope?

«Beber veneno por licor suave/olvidar el provecho, amar el daño;/creer que un cielo en un infiermo cabe,/dar la vida y el alma a un desengaño;/esto es amor, quien lo probó lo sabe». Lope de Vega.

Enamórense, aunque no lo comprendan. Aunque les tomen por locos. Porque tal vez «todos somos locos, los unos de los otros».

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