Imagen de archivo de Luis Suñer en su casa junto a su familia tras ser liberado del secuestro a manos de ETA
Se cumplen 45 años del secuestro del 'rey de los helados' a manos de ETA: 90 días en un zulo
El empresario Lui Suñer estuvo mes y medio en cautiverio por la banda terrorista en 1981
Para el Gobierno de Pedro Sánchez y muy particularmente para la práctica totalidad de sus socios parlamentarios, ETA es algo del pasado. Por completo, pese a que todavía quedan cientos de asesinatos y otros crímenes cometidos por los terroristas sin resolverse. Los presos van accediendo de manera discrecional a beneficios penitenciarios que, incluso, les permiten salir a las calles al mismo tiempo que miles de familias siguen esperando justicia y otras tantas continúan recordando con horror lo que sufrieron pese a haber sentencias.
Con la polémica política carcelaria del Ejecutivo vasco que está ejecutando la consejera socialista María Jesús San José como telón de fondo, este martes se cumplen 45 años desde que la banda asesina secuestró al empresario Luis Suñer, conocido entonces como 'el rey de los helados'. En un pueblo de la comarca de La Safor, en Valencia, estuvo secuestrado en un zulo durante 90 días.
De ello trata el libro Operación Apolo, obra del periodista Sergi Moyano y que narra lo que califica como un cautiverio «extraño» en la historia de la rama político-militar de ETA, con la participación de un madrileño y un valenciano que eran pareja.
Esta investigación periodística, que sitúa la narración entre el microcosmos del secuestro y el sufrimiento de las negociaciones con ETA, devuelve a la actualidad un acontecimiento histórico que se produjo hace más de cuatro décadas: el mes y medio que pasó retenido el llamado 'rey de los helados' en 1981 hasta que fue liberado por la banda terrorista el 14 de abril. Este martes, por tanto, se cumplen 45 años.
Nadie del comando fue detenido
En su historia, Moyano ha intentado «equilibrar» la actividad criminal de ETA con el día a día de los jóvenes secuestradores, «siempre con respeto a las víctimas». «Para mí era importante explicar por qué una persona de Madrid y una persona de La Safor acaban metidos en ETA. Y explicar no es justificar, es simplemente contar, ayudar a entender».
Moyano, nacido en Carcaixent en el 2000, llegó a esta historia «por casualidad», aunque había oído a su familia hablar del secuestro, cuando una amiga le contó que conocía a uno de los etarras que participaron. «Empecé a tirar del hilo y llegué hasta él. Aceptó hablar, pero antes me investigó para ver si yo era de fiar. Es la primera vez que habla», destaca, ya que nadie del comando fue detenido.
Este exetarra, con el pseudónimo de Xavi en el libro, vivió una especie de «confesión» o de «catarsis» al contar al periodista «el secreto más grande de su vida». Fue una conversación «bastante natural» que se prolongó durante seis horas, tras lo que Moyano inició un arduo proceso de documentación para contrastar el relato, gracias a declaraciones policiales y al sumario del caso en la Audiencia Nacional.
Distancia emocional con ETA
En todo momento, el autor se sirvió de su «distancia emocional» con los hechos cometidos por ETA -«para mí la violencia política es un elemento del pasado»- para atreverse a narrar algo que «la gente vive con mucha pasión». «Muchas veces se habla de ETA como un elemento para tirarse a la cabeza entre unos y otros», constata, y aboga por «explicar con todos los matices qué fue el terrorismo en nuestro país».
Cuando se sumergió en esta historia, Moyano se sorprendió de que los secuestradores fueran tan jóvenes y lejanos a ETA, sin «nada que ver con Euskadi o con la izquierda abertzale», algo que achaca a la polarización de la época. Javi, madrileño, sembró la semilla de la operación al trasladarse a la Comunitat Valenciana después de que su entorno se hubiera convertido en un «polvorín» durante la Transición.
Aquí se hizo llamar Xavi, formó «una colla» y empezó una relación amorosa con Nello, quien compartía su intención de pasar a las armas. Ambos viajaron a Bilbao para contactar con ETA político-militar, la rama «menos sanguinaria» de la banda. A partir de las vivencias de ambos, Moyano trata de «normalizar» que hubiera homosexuales en la banda armada, sobre lo que se han contado «pocas historias reales».
«El secuestro se hizo eterno»
El 13 de enero de 1981, Xavi, Nello y otros cinco encapuchados entraron en la fábrica de la empresa de helados y congelados Avidesa, ubicada en Alzira, para secuestrar a Suñer, un empresario que venía del franquismo y tenía valores que «chocaban con el nuevo mundo que se abría». ETA, que secuestraba para financiarse exigiendo cuantiosos rescates, escogió a Suñer porque su nombre lideraba una lista del Ministerio de Hacienda sobre los mayores contribuyentes al Estado.
En las páginas dedicadas al secuestro se lee cómo Suñer vivió una «especie de síndrome de Estocolmo» con sus captores: primero en el diminuto «zulo comercial» -en el interior del negocio de Xavi y Nello en la Safor, cuya ubicación exacta todavía se desconoce-, donde empezó a cogerles cariño, hasta llegar a jugar a las cartas y a brindar con whisky con ellos poco antes de ser liberado. Una actitud que «una parte importante del Estado, especialmente los militares y la policía, no veía con buenos ojos».
La negociación, de la que se encargaron la familia y los hombres de confianza de Suñer, se vio «enturbiada» por el 23F, «pero también porque ETA pensaba que iba a ser llegar y besar el santo» para conseguir el dinero. «El secuestro se hizo eterno», apunta Moyano, si bien deja claro que esta rama de la banda en ningún momento se planteó la posibilidad de asesinar al empresario.
Se dieron cuenta que no tenía sentido
Los dos jóvenes secuestradores pudieron «volver a la normalidad» cuando Suñer fue cambiado de zulo a un pueblo de Zaragoza, tras lo que ambos dejaron las armas en un proceso de «autodisolución». «Fueron de los primeros etarras que se dieron cuenta que la violencia no tiene sentido en democracia», asevera el autor.
Al leer la prensa de la época, Moyano percibe que este secuestro quedó algo en el olvido porque fueron años de «alto voltaje político y social». «A mí me pilla muy lejos a pesar de haberme documentado muchísimo», manifiesta «satisfecho» de haber podido aportar detalles y testimonios inéditos.
Sí tenía claro que el relato iba a gustar al público no valenciano al contener elementos universales. «No es el típico secuestro de ETA: cada uno de sus personajes tiene una historia única, extraña», remarca, y asegura que Xavi se ha sentido reflejado al leer el libro.
Moyano anima a jóvenes periodistas a embarcarse en un proyecto de investigación de esta envergadura: «Es un aprendizaje brutal, ha sido el máster de mi vida; ya no solo profesional, sino también personal».
Este pasado sábado, con informaciones que apuntaban a una salida inmediata del investigado de la capital alicantina, un agente franco de servicio observó al fugado en el vial de Los Cipreses, y solicitó el apoyo inmediato de la UPR y del GOR, que procedió a la detención de esta persona cuando se disponía a entrar en una vivienda.