Educalienación
En ocasiones pienso que la máquina del tiempo de Wells existió y que muchos de ellos fueron tripulantes que escribieron sobre lo que vieron en sus viajes al futuro
Circula entre la sociedad una palabra que hasta hace pocos años era culto de unos pocos friquis de la literatura: «distopía». Para quien no sepa su significado, les dejo la definición de la RAE: «Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana».
Desde estas premisas de «sociedad futura», «negatividad» y «alienación humana» la literatura ha parido una buena cantidad de las mejores obras de ficción universalmente reconocidas. Orwell, Atwood, Huxley, Dick, y una larga corte de escritores nos han puesto a vivir en mundos posibles que tal vez solo estuvieron lejos de la realidad desde la perspectiva cronológica que los acogió cuando escribían sus obras. En ocasiones pienso que la máquina del tiempo de Wells existió y que muchos de ellos fueron tripulantes que escribieron sobre lo que vieron en sus viajes al futuro.
Me resulta imposible elegir a uno de ellos o una sola de sus novelas para analizar, pero hoy me voy a quedar con Ray Bradbury y su impactante «Fahrenheit 451», en la que una brigada de bomberos se dedicaba a quemar libros. ¿Se han parado a pensar alguna vez cómo sería un mundo sin libros? Pues para conocerlo, tal vez les interese acudir al coloquio que propone la Universidad CEU Cardenal Herrera y que tendrá lugar en el Palacio de Colomina (Valencia) el 23 de abril (qué curioso, el día del libro). Se trata de un debate sobre «Educación y Distopías», tomando como base la novela «Ciudad Fahrenheit» (seguro que si la buscan en Google, su autor les sonará). La cuestión en la que nos enfrascaremos será sin duda la de cómo plantear una educación sin libros, sin escritores, solo con la propaganda oral de unas autoridades cuya pretensión sería formar al ciudadano ejemplar, modelo. Recuerden una de las palabras que conforman el término distopía: alienación. Veamos también qué dice el diccionario RAE: «Limitación o condicionamiento de la personalidad, impuestos al individuo o a la colectividad por factores externos sociales, económicos o culturales». Una educación dirigida y controlada que conduce a limitar la personalidad, a condicionarla, a reprimir la individualidad, el ser único. Y de ahí, trabajando sobre la masa social (algún día analizaremos en esta sección a Ortega y Gasset), a controlar al colectivo. Todos los ciudadanos cortados por un mismo patrón. Me recuerda a otra genial distopía: «Metrópolis», escrita por Thea Von Harbou (1925) y llevada al cine por su esposo Fritz Lang en 1927. Una denuncia amarga del trabajo en cadena que luego parodiaría el genial Chaplin («Tiempos Modernos», 1936). Allí, en aquel mundo industrial frenético y monstruosamente homogéneo, el individuo se diluye en una colectividad obediente.
¿Por qué leen ustedes? ¿Qué leen? ¿Qué harían si sus gobernantes les dijesen lo que tienen que leer? En el año 2019 se editaron en España 64.154 libros (fuente: INE) de diferentes disciplinas y áreas temáticas. Una total libertad de pensamiento donde elegir, para poder luego disfrutar, criticar, o aburrirse. Diversidad. Libros para niños, para adultos, para deportistas, para filósofos, para altos, para bajos, para… pongan ustedes el sustantivo o el adjetivo que quieran. Esa diversidad educa, forma. Se sale del circuito docente ortodoxo para ofrecer una línea de pensamiento (para el que quiere pensar). La importancia radica en la libertad de escribir y leer cualquier cosa. Los bomberos de la novela de Bradbury perseguían a quienes tenían ejemplares de libros escondidos en sus casas. Eran considerados delincuentes. En «Ciudad Fahrenheit» esos libros hace años que no existen, y la sociedad sigue funcionando. La reflexión que hay que hacer es cómo funciona.
En este mismo diario digital, ustedes tienen acceso a múltiples temas, artículos y autores. Pueden elegir. De eso trataremos el 23 de abril: de la importancia de la lectura en libertad para generar opinión y pensamiento; de la importancia de la escritura en libertad para expresar hasta lo que podemos considerar más al límite, sin censura, sin autocensura. Seguro que reventaremos el sistema educativo con nuestras propuestas de salón y nuestras críticas. Debatiremos, porque de eso se trata: de tener la posibilidad de leer y de debatir.
De momento, las distopías Fahrenheit cumplen el principal parámetro de la definición de la RAE: son ficción, lo cual no quiere decir que no puedan llegar a ser posibles, pues el ser humano no es consciente de sus posibilidades, hasta que comete una torpeza mayor que la anterior. Miren, lo peligroso no es leer, es pensar después de haber leído. Y eso, a veces, va contra el sistema.