Compromís y sus amistades peligrosas
No es un partido valencianista, sino la sucursal emocional del independentismo catalán y vasco
Compromís lleva años intentando venderse como la voz amable del progresismo valenciano, pero cada vez que tiene ocasión demuestra lo contrario: no es un partido valencianista, sino la sucursal emocional del independentismo catalán y vasco. Y lo peor es que ya ni lo disimulan.
Su último gesto político lo deja claro: abrir las puertas de la Comunidad Valenciana a Bildu y ERC, como si fueran referentes democráticos y no formaciones marcadas por un pasado y un presente que cualquier valenciano moderado rechaza de plano. Mientras la mayoría social pide estabilidad, convivencia y respeto institucional, Compromís se dedica a tejer alianzas con quienes han hecho de la ruptura su proyecto político.
La diputada de Compromís en el Congreso, Águeda Micó, organizó el pasado martes un evento en la ciudad de Valencia en la que los invitados «estrella» fueron la diputada de Bildu Marije Fullaondo y el diputado de ERC Fracesc Álbaro. Fullaondo ayudó, según el que fue juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, al entramado organizativo entre Batasuna, Acción Nacionalista Vasca y ETA, además fue parte de la delegación de Bildu que fue a Venezuela a reconocer a Nicolás Maduro como «legítimo ganador» de las elecciones frente a María Corina Machado.
Por otra parte, Francesc Álvaro, de ERC, es una de las máximas figuras del independentismo catalán y negacionista de la personalidad propia de los valencianos, como pone de manifiesto cada vez que interviene en el Congreso de los Diputados.
Este «akelarre» independentista llevaba como título «Plurilingüismo. La colaboración y la fuerza de los territorios». Lo llaman «pluralismo lingüístico», pero todos sabemos que es la coartada perfecta para lo de siempre: diluir la identidad valenciana en un relato pancatalanista que aquí nunca ha tenido mayoría. Hablan de «defender el valenciano», pero se abrazan a quienes niegan su denominación. Reclaman «respeto institucional», pero se sientan con quienes dinamitaron la legalidad en el golpe de estado en Cataluña del año 2017.
No podemos olvidar que ETA asesinó en Valencia, que atentó en Valencia y que causó mucho sufrimiento en Valencia, y Bildu nunca ha condenado las acciones de la banda terrorista, por lo que traerlos como «estrellas» a un acto en nuestra capital es un insulto. Por otra parte, las juventudes de ERC, herederas de los «escamots» republicanos, se están caracterizando por su radicalización defendiendo la «desobediencia civil» y participación en todas las manifestaciones en las que se niega nuestra personalidad como pueblo valenciano.
Igualmente, el otro diputado de Compromís en el Congreso, Alberto Ibáñez, perteneciente al partido comunista de Mónica Oltra, no ha querido pasar desapercibido esta semana, ya que no acudió al acto independentista de forma voluntaria o involuntaria, y dio una rueda de prensa para atacar a la Guardia Civil, negando la condición de víctimas de asesinato de los dos servidores públicos asesinados en Huelva por narcotraficantes, al afirmar que eran simples accidentes laborales. Aunque no participó en el «akelarre» quiso participar en el espíritu independentista y de ataque a las instituciones del Estado que se puso de manifiesto por Bildu y ERC.
Compromís, tanto su versión independentista como comunista, ha decidido que su lugar está ahí: con Bildu y con ERC, con los que cuestionan el marco constitucional y el Estatut d’Autonomia. Y esa foto no es un accidente, es un mensaje. Un mensaje que dice: «nuestro proyecto no es la Comunitat Valenciana; nuestro proyecto es otro».
Por eso sorprende tan poco que actúen como muleta política de quienes jamás han defendido los intereses valencianos. Porque cuando uno se pasa años construyendo su identidad política a la sombra del independentismo, acaba pareciéndose más a sus socios que a su tierra.
Compromís puede seguir envolviéndose en la bandera del «progresismo valencianista», pero la realidad es tozuda: sus hechos hablan más alto que sus discursos. Y lo que dicen es claro: han elegido bando, y no es el de los valencianos.
No lo olvidemos, sus candidaturas en las venideras elecciones autonómicas, municipales y generales, serán verdaderos «caballos de Troya» en las instituciones tanto españolas como valencianas, una carcoma que pretende hacernos vasallos de una ideología extraña a los intereses de nuestra Comunitat. Estamos a tiempo de evitarlo denunciando la «piel de cordero» con la que ocultan su verdadera realidad, aunque se envuelvan en el «tabalet y la dolçaina»