Ilia Topuria durante el combate de la UFC contra Justin Gaethje en la Casa Blanca en Washington (EE.UU.)
El refugio de 'El Matador': Garbinet, el barrio alicantino que curará las heridas de Ilia Topuria
Tras ceder su invicto y el título de peso ligero de la UFC en los jardines de la Casa Blanca, el luchador hispanogeorgiano regresará a su ancla vital: las calles de clase trabajadora y el modesto gimnasio donde comenzó todo a los 15 años
La madrugada del pasado lunes, el rostro ensangrentado de Ilia Topuria dio la vuelta al mundo. En un escenario sin precedentes, bajo una enorme estructura metálica instalada en el jardín sur de la Casa Blanca y ante la atenta mirada de Donald Trump en su 80 cumpleaños, 'El Matador' conoció por primera vez el amargo sabor de la derrota.
Los médicos y jueces dictaminaron el final del combate en el cuarto asalto frente al estadounidense Justin Gaethje, arrebatándole su condición de invicto y el título de campeón del peso ligero. Sin embargo, cuando los focos y el ruido del mediático evento UFC Freedom 250 se apagan, el luchador sabe exactamente dónde encontrar consuelo para lamerse las heridas: en las calles de Alicante.
Lejos de los 60 millones de dólares que costó la velada en Washington, de los 80.000 asistentes congregados en el parque Elipse y de las recientes provocaciones sobre su vida privada, la verdadera fortaleza de Topuria se levanta al norte del casco urbano alicantino.
Se trata del barrio de Garbinet, también conocido como Parque de las Avenidas, una zona eminentemente de clase trabajadora donde se respira un ambiente familiar. Con apenas 1,07 kilómetros cuadrados de superficie y algo más de 13.000 habitantes, este enclave residencial -caracterizado por sus amplias avenidas, bloques de pisos, zonas verdes y urbanizaciones- contrasta frontalmente con el glamur y la opulencia que rodean hoy a la élite de las artes marciales mixtas.
Rotonda del Milenio situada en el barrio del Garbinet (Alicante)
Fue precisamente a este rincón del sureste donde la familia Topuria llegó huyendo de la inestabilidad política del Cáucaso. Ilia tenía tan solo 15 años cuando pisó por primera vez unas calles que, sin saberlo, pronto haría suyas. Sus padres, un obrero de la construcción y una cuidadora de niños, se instalaron en la ciudad buscando ganarse la vida honradamente, brindando al joven luchador un entorno seguro.
Su arraigo es hoy tan profundo que, tal y como confesó en una entrevista al diario Información, su fidelidad al barrio es innegociable: «Todo lo que tengo en mi vida, como mis amigos, está aquí. Y no lo voy a cambiar por nada, porque puede ser que me vaya a otro lugar y tenga el doble de dinero, pero aquí soy el doble de feliz».
El gimnasio como segunda familia
El verdadero epicentro de su vida en Garbinet se ubica en la calle Burgos. Allí se erige el Climent Club, el modesto gimnasio de barrio regentado por Jorge y Agustín Climent. Lo que empezó casi como una casualidad -después de que su madre viera en el autobús a un hombre con «orejas de coliflor» y le preguntara dónde entrenaba- se convirtió en su verdadero hogar.
Junto a su inseparable hermano Aleksandre, Ilia demostró un gran nivel desde los primeros entrenamientos, lo que les llevó a tomar la drástica decisión de abandonar los estudios para entregarse en cuerpo y alma al jiu-jitsu y las artes marciales mixtas.
Pero los inicios no fueron sencillos. Para poder financiar sus entrenamientos y su sueño deportivo, el joven Topuria tuvo que compaginar el tatami con trabajos como vigilante de seguridad y cajero. El Climent Club fue el lugar donde no solo forjó una técnica letal, sino donde aprendió castellano a base de esfuerzo, construyendo una base mental a prueba de golpes.
A pesar de haber amasado un patrimonio que ronda los dos millones de dólares y de atravesar etapas vitales complejas -como su reciente y mediático divorcio de la empresaria Giorgina Uzcategui-, Topuria mantiene los pies anclados al asfalto de su barrio.
Una persona «normal»
El deportista insiste al citado medio en que su vida cotidiana es sorprendentemente sencilla, lejos del estereotipo de agresividad que presupone el octógono: «Soy una persona bastante normal, mucha gente se puede llegar a imaginar que puedo llegar a ser agresivo por el tipo de deporte que practico, pero pasa totalmente lo contrario. Cuando salgo del gimnasio lo que necesito es paz».
El chico que llegó a España desde Halle y Georgia sin conocer el idioma lo tiene claro: «He viajado por todo el mundo y Alicante no tiene nada que envidiar a ningún otro sitio. Es como un paraíso, tenemos sol, playa, buena gente, buena comida». Ahora, tras la noche más dura de su carrera deportiva en Washington D.C., ese paraíso de asfalto en Garbinet, su ancla emocional junto a sus hijos y su hermano, espera pacientemente a su campeón para ayudarle a preparar, desde la humildad de siempre, su regreso a la cima.