Fernando de Rosa

Los socialistas valencianos tienen dos héroes: Ábalos y Puente

Lo que pide la Comunidad Valenciana no es un privilegio. Pide lo que le corresponde por población, por aportación al PIB y por número de viajeros

En estos días hemos conocido que los socialistas de Torrent han escrito una carta invitando a Óscar Puente a dar un mitin en la localidad, afirmando que es un referente para la izquierda. No podemos olvidar que el que fue ministro de transportes, y en la actualidad en prisión por corrupción José Luis Ábalos, también fue durante muchos años el líder de los socialistas de Torrent y de toda Valencia.

Cada uno elige a quién quiere considerar su líder moral, y que los socialistas de Torrent y de Valencia tengan como referentes a Ábalos y a Puente debemos tenerlo en cuenta a la hora de votar el próximo 29 de noviembre.

Los valencianos, a parte de motivos de decencia, sabemos que el gobierno de Sánchez nos ha abandonado y no tenemos motivos para confiar el voto en la candidatura encabezada por Pilar Bernabé, ya que en materia de infraestructuras hay un termómetro infalible para medir el abandono de una administración: el estado de su ferrocarril.

Y en la Comunidad Valenciana ese termómetro marca fiebre alta desde hace años. No es una percepción, es una experiencia diaria para cientos de miles de valencianos que cogen cada mañana un tren de Cercanías. El Gobierno de España, que es quien tiene las competencias, la infraestructura y el operador — Adif y Renfe —, tiene que asumir de una vez que el problema ferroviario valenciano no se arregla con notas de prensa. Se arregla con inversión, con planificación y con respeto.

El caso más sangrante es Cercanías. La red de Valencia es la tercera de España en número de viajeros y la primera en incidencias por kilómetro. No es un tópico, son los datos de la propia Renfe. Retrasos crónicos, supresiones sin aviso, trenes con 40 años de antigüedad, aire acondicionado roto en agosto a 40 grados y una información al viajero que roza la falta de respeto. Las líneas C1, C2 y C3 — el eje Gandía-Valencia-Castellón, Xàtiva-l’Alcúdia y Buñol-Utiel — concentran el 80% de las reclamaciones.

No es culpa de los maquinistas ni de los interventores, que hacen lo que pueden. Es culpa de la falta de inversión durante estos ocho años sanchistas. No podemos olvidar que en Valencia seguimos con tramos en vía única, con bloqueos telefónicos en pleno siglo XXI y con una flota de trenes de la serie 592 que debería estar en un museo ferroviario.

El segundo punto negro son los pasos a nivel. La Comunidad Valenciana tiene aún más de 90 pasos a nivel en la red de ancho ibérico, la mayoría en la provincia de Valencia y Alicante. En Alfafar, en Massanassa, en Catarroja, en Paterna, en Xirivella. Pasos que parten pueblos en dos, que generan colas interminables cada vez que pasa un tren, que son un peligro objetivo para peatones y ciclistas, y que cada vez que hay una DANA se convierten en trampas mortales.

El Ministerio se comprometió en 2018 a eliminarlos todos antes de 2024. Estamos en 2026 y siguen ahí. Adif licita un proyecto, lo paraliza, cambia el trazado, lo vuelve a licitar. Mientras, los ayuntamientos tienen que pagar agentes de policía local para regular el tráfico cada mañana porque la barrera lleva 15 minutos bajada. No es serio.

El tercer capítulo, y el más simbólico, es el de los túneles de Valencia. Valencia es la única gran ciudad española que aún tiene un túnel ferroviario de Cercanías sin desdoblar y sin modernizar. El túnel de Serrería, que une el Grao con el centro, y el túnel pasante central, son cuellos de botella de toda la red.

El túnel pasante, que debería conectar el norte y el sur y permitir que los trenes de Castellón no tengan que hacer maniobra en la Estación del Norte para ir hacia Alicante, lleva 8 años en cajones. El resultado es que Valencia tiene una estación término del siglo XIX para una red del siglo XXI. Cada tren que entra por el norte tiene que retroceder para salir por el sur. Eso es perder 10 minutos por tren, multiplicado por 200 trenes al día. Y es condenar a Valencia a no tener una conexión directa de alta velocidad con Alicante y Murcia sin pasar por una maniobra absurda.

Sin ese túnel pasante no habrá tampoco Parque Central. Y sin Parque Central, Valencia seguirá partida por las vías. El soterramiento prometido en Russafa y Malilla es humo si no se soluciona el nudo ferroviario. Los vecinos llevan 30 años esperando.

Y por último, el tren de Camporrobles, la línea C3. Es la metáfora perfecta del abandono del interior. La línea Valencia-Buñol-Utiel-Camporrobles tiene tramos donde los trenes no pasan de 30 km/h porque el balasto no se ha renovado desde los años 70. Tiene estaciones sin accesibilidad, sin marquesinas, sin personal. Y tiene un servicio que se ha recortado hasta dejar incomunicada a la Plana de Utiel-Requena. Esa comarca es la mayor productora de vino de la Comunidad y no tiene un tren digno para llevar a sus trabajadores, a sus estudiantes ni a sus turistas. El Ministerio prometió electrificarla, luego prometió renovarla, luego prometió autobuses sustitutivos. Lo que no prometió nunca fue cumplir.

La línea necesita una inversión integral: renovación de vía, electrificación hasta Buñol y supresión de limitaciones de velocidad. No es un capricho. Es vertebración territorial. No puede ser que ir de Utiel a Valencia cueste dos horas y media en tren y 50 minutos en coche. Así se mata el interior.

Lo que pide la Comunidad Valenciana no es un privilegio. Pide lo que le corresponde por población, por aportación al PIB y por número de viajeros. Pide que Adif ejecute el presupuesto que ya tiene asignado y que Renfe ponga trenes nuevos donde ahora hay chatarra. Pide seguridad en los pasos a nivel, puntualidad en Cercanías, un túnel que cosa la ciudad y un tren para Camporrobles que no avergüence a nadie.

El Gobierno de España tiene la competencia y tiene el dinero. Lo que le falta, hasta ahora, ha sido la voluntad. Pero para los socialistas de Torrent y de toda la provincia de Valencia, tanto Ábalos como Puente son su referente moral. No lo olvidemos el 29 de noviembre cuando vayamos a las urnas.

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