Un BMR-600 del Ejército de Tierra de España en Irak

Un BMR-600 del Ejército de Tierra de España en Irak

Listos para el combate

Las amenazas, no se manifiestan exclusivamente en forma de agresión militar, sino mediante estrategias híbridas que combinan instrumentos políticos, económicos, tecnológicos y sociales

No es posible entender la historia de occidente en el último milenio sin estudiar la historia de España y reconocer su importante papel en la configuración del occidente actual, del impulso de los valores occidentales, del desarrollo de sistemas avanzados en defensa de la dignidad individual y de la seguridad como un bien común global y del establecimiento de unas relaciones internacionales y un derecho de la guerra justos.

Esto no es óbice para identificar también actuaciones o acaecimientos oscuros, situaciones críticas o criticables que no restan valor al devenir histórico general pero que son motivo de aprendizaje, identificando lecciones y ejercitando la crítica constructiva.

Algunas de estas situaciones críticas: Trafalgar, las guerras de Cuba y del Rif… responsabilizan de las causas del descalabro o de la derrota a una «gran estrategia» inapropiada y a una «estrategia» que perdió la referencia de que las fuerzas armadas tienen que estar «listas para el combate».

El marco político-estratégico actual se caracteriza por la progresiva desaparición de la distinción entre paz y conflicto o dicho de otra forma por el conflicto permanente provocado por luchas hegemónicas o estrategias de colaboración entre los mismos actores en diferentes dominios y con diferentes niveles de confrontación.

Las amenazas, no se manifiestan exclusivamente en forma de agresión militar, sino mediante estrategias híbridas que combinan instrumentos políticos, económicos, tecnológicos y sociales.

Nos movemos en un entorno estratégico volátil, incierto y multipolar donde se ha consolidado la erosión progresiva de las arquitecturas de seguridad y de relaciones internacionales posteriores a la segunda guerra mundial y sufrimos los dolores de parto de un nuevo orden mundial.

Vivimos el impacto de las redes en las relacionas internacionales, nacionales y sociales provocando procesos de globalización que necesitamos embridar y la incorporación de las tecnologías emergentes disruptivas (TED), en todos los dominios y en los procesos de análisis, ejecutivos y de gestión, de forma mucho más rápida y profunda que la prevista.

La competencia hegemónica entre EE. UU. y China con una intención declarada de conseguir una estabilidad estratégica constructiva que no llega a transmitir una sensación de estabilidad y con líderes antisistema que imponen una dinámica de resolución de los conflictos internacionales donde la utilización de la fuerza o su amenaza se impone a la diplomacia y al derecho. Un ambiente de seguridad donde las alianzas son cada vez más necesarias y débiles.

Esta situación provoca que las estrategias de seguridad o los conceptos estratégicos den prioridad a la defensa del territorio nacional o de la alianza incluyendo los dominios de carácter global para hacer frente a la libertad de acción de los diferentes actores estratégicos competidores o adversarios.

La prevención, disuasión y acción para proteger los intereses nacionales o aliados ante amenazas o riesgos representados por cisnes negros o rojos y grises rinocerontes obligan a asegurar la sostenibilidad y la autonomía estratégica, y establece la necesidad de una transformación o de una revolución de los asuntos militares para lo que es necesario una mayor inversión en seguridad y defensa.

En el documento británico The defense investment plan (DIP). 2026 se resume el enfoque actual hacia asuntos que afectan a la «gran estrategia» a la «estrategia» y a la «moral» en un ambiente de mayor inversión para hacer frente a mayores amenazas y compromisos:

“… pero el aumento de la inversión es solo la mitad de la historia. Tenemos que tomar decisiones duras, dejar de hacer cosas que fueron diseñada para otra época e invertir en capacidades para la próxima guerra no para la pasada.
El DIP impulsará la transformación de nuestras fuerzas armadas para reconstruir el alistamiento para el combate [listos para el combate] y enfocar nuestros recursos hacia el combate de hoy. Inteligencia artificial, sistemas autónomos y no tripulados…
Tenemos que acompañar la dedicación y la profesionalidad de nuestros militares con un mejor sueldo,… casas decentes y mejorar el apoyo y cuidado de sus hijos…
Lo más importante, para cada miembro de las fuerzas armadas: La puesta en marcha de este DIP empezará inmediatamente para asegurarle que tendrá lo que necesite para defender nuestra nación y mantener segura a su gente”

¿Qué significa estar listos para el combate?

Las unidades, sistemas, grupos tácticos… tienen un ciclo operativo, ajustado a sus características y a su misión, con una fase de mantenimiento seguida de un periodo de adiestramiento, una calificación operativa para el combate y un periodo de operatividad.

Al periodo de calificación operativa, las unidades deben llegar al cien por cien de personal (cantidad y calidad), de pertrechos y de municiones, con una capacidad de sostenimiento operativo de dos meses y con moral de victoria para superar el periodo de adiestramiento intensivo y la certificación correspondiente. Tenemos que aceptar algo evidente, pero no siempre asumido: «La Fuerza es la razón de ser de las fuerzas armadas».

A partir de esta asunción los resultados de las calificaciones operativas desarrolladas por los centros de valoración y apoyo a la calificación operativa para el combate (en la Armada «CEVACO») son el principal indicador de rendimiento de la eficacia de las fuerzas armadas, o dicho de otra forma de la eficacia de sus órganos de dirección.

Pensando en la «gran estrategia» que define las capacidades militares del futuro y de la «estrategia», el arte del general, que asegura el cumplimiento de las misiones con la fuerza existente hoy, la fuerza de hoy debe tener prioridad en su sostenimiento en la recepción de personal y material y en el apoyo presupuestario para conseguir la certificación de «lista para el combate».

La naturaleza de la guerra, el modo de empleo de la fuerza ha cambiado, pero, el factor humano sigue siendo el que condiciona la victoria.

La moral de las fuerzas armadas es algo intangible, la combinación «moral alta - eficacia alta» es una combinación ganadora y el ser consciente de que se pertenece a una unidad «lista para el combate» y contar con un justo apoyo social y orgánico son elementos necesarios para conseguir esta combinación.

No en vano el artículo 58 de las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas establece: «El mando será consciente de que la capacidad para el combate depende en gran medida de la moral de victoria, de la motivación y de la eficacia de la instrucción y adiestramiento»

Ante un entorno estratégico incierto, de rápida evolución y de una gran libertad de acción con la utilización de la fuerza por encima de la negociación, de la diplomacia y del derecho, las fuerzas armadas que tenemos hoy deben estar permanentemente lista para combatir.

No cabe duda de que el desafío es exigente y para conseguir superarlo es inevitable la reforma o la revolución de los asuntos militares, pero, el debate es necesario y su omisión obliga a asumir riesgos.

El debate

La seguridad entendida como bien común global y la responsabilidad del estado en suministrar seguridad a sus ciudadanos debe priorizarse ante el marco político-estratégico actual.

El debate sobre «cañones o mantequilla» está superado, no existe desarrollo, ni libertad, ni justicia, ni democracia sin seguridad, y la defensa constituye el núcleo duro de esta seguridad. Para conseguir una defensa adecuada es necesario que la sociedad asuma las necesidades de inversión ¿para qué?: para estar «listos para el combate».

El debate no se puede simplificar presentando o discutiendo la conveniencia de sistemas, unidades o grupos tácticos de futuro, brillantes y aparentes como floreros que adornan una avenida o engrandecen el ego institucional.

El debate debe contar con una visión de futuro de las fuerzas armadas integradas en la «gran estrategia» de seguridad nacional, pero, completarse con el indicador del nivel de alistamiento, que mide la capacidad de combate y que da solidez y robustez a la «estrategia».

Nuestras fuerzas armadas ¿están listas para el combate?. Esta es la pregunta clave a la que deben responder los responsables de la defensa como parte integrante de la seguridad nacional.

La sensibilidad del debate no debe anularlo, existen foros donde se pueden discutir los detalles más precisos y los ciudadanos se merecen una explicación coherente en qué y para qué se invierten sus impuestos, solo así podrán apoyarlos.

Para profundizar en esta necesaria reforma habrá que reforzar y extender los centros de valoración y apoyo a la calificación operativa para el combate en las fuerzas armadas pues solo una certificación rigurosa puede suministrar datos de confianza para acercarnos a la situación final deseada de «listos para el combate».

Asumir riesgos

La inversión es necesaria, la renovación y reforma de las capacidades es inevitable, la inclusión de las TED en la red operativa y orgánica de las fuerzas armadas es urgente, pero, desgraciadamente, existe la posibilidad de una política continuista opaca, ineficiente y oportunista que permita, asumiendo riesgos, mantener un rumbo complaciente, cómodo pero desnortado.

Nuestros aliados están en la misma tesitura, con motivo de la reunión de ministros de defensa de la OTAN, el secretario de la guerra de los EE. UU. declaraba «…the historic need..to NATO ... to reforge a relevant, powerful military Alliance». La OTAN quiere estar «ready to fight today and tonight».

Y el secretario general de la OTAN declara: «… los líderes seguirán trabajando para hacer de la OTAN una Alianza más fuerte, más justa y letal, preparada para responder a los desafíos críticos para nuestra seguridad». Esta necesidad de estar listos para el combate en la OTAN coincide con nuestra necesidad nacional y es nuestra obligación como aliados.

En el marco político-estratégico actual, existen mayores posibilidades de que la «cómoda» asunción de riesgos fracase y si, ante una situación de seguridad crítica, no tenemos a la fuerza «lista para el combate» repetiríamos episodios muy dolorosos de nuestra historia.

La urgencia y la necesidad es real y si no tomamos medidas: ¡Qué Dios nos pille confesados!

- Fernando García Sánchez es Almirante general (Ret) y analista del Instituto para el Bien Común Global de la UFV

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