La fragata Santa María, en una imagen de archivo

La fragata Santa María, en una imagen de archivoMinisterio de Defensa

Armada española  Las fragatas que han efectuado un relevo de infantes en Ceuta están especializadas en guerra antisubmarina

La breve escalada de las fragatas Santa María (F-81) y Navarra (F-85) en el puerto de Ceuta, limitada a apenas tres horas, no estuvo relacionada con la crisis migratoria registrada días antes ni respondió a un refuerzo extraordinario de la presencia naval en la ciudad autónoma. La parada obedeció a una operación logística habitual de la Armada: el intercambio de personal entre ambas unidades durante su tránsito por el Estrecho.

Este tipo de relevos forma parte de la actividad ordinaria de la Flota y permite optimizar la gestión de las dotaciones sin necesidad de que los buques regresen a su base. De esta forma, las unidades pueden mantener su disponibilidad operativa sin interrumpir sus misiones.

Este tipo de operaciones logísticas consiste en el embarque y desembarque de miembros de las dotaciones o de personal especializado. Pueden incorporarse militares que inician un período de navegación, relevos de tripulantes que concluyen una comisión, especialistas en determinados sistemas de armas o equipos técnicos encargados de inspecciones y trabajos concretos. Al realizar estos intercambios durante una escala programada se evita que los buques tengan que regresar a su base únicamente para efectuar el relevo de personal, optimizando así la disponibilidad operativa de las unidades.

Los protagonistas de esta escala pertenecen a la clase Santa María (F-80), una serie de seis fragatas de finales de los años ochenta que constituye uno de los principales componentes de escolta de la Armada Española. Diseñadas con un marcado énfasis en la guerra antisubmarina , estas unidades han participado durante décadas en operaciones de la OTAN, la Unión Europea y misiones nacionales de vigilancia y presencia naval.

Con un desplazamiento aproximado de 3.900 toneladas, una eslora de 138 metros y una dotación cercana a 214 militares, las F-80 combinan capacidad oceánica con una elevada versatilidad para operar tanto en aguas abiertas como en escenarios litorales. Según la ficha oficial de la Armada, disponen de un lanzador Mk-13 con capacidad para emplear misiles Standard de defensa antiaérea y misiles Harpoon contra objetivos de superficie. Su armamento se completa con un cañón OTO Melara de 76 milímetros, el sistema de defensa de punto Meroka y dos montajes triples de tubos lanzatorpedos para torpedos Mk-46, además de operar un helicóptero embarcado que multiplica sus capacidades de vigilancia y guerra antisubmarina.

La principal misión de estas fragatas es proteger otras unidades navales frente a amenazas aéreas, submarinas y de superficie. Actúan como escoltas de buques de alto valor, participan en operaciones de control marítimo y vigilancia de líneas de comunicación, integrándose con frecuencia en agrupaciones navales permanentes de la OTAN. La propia Armada destaca que las F-80 complementan a las fragatas F-100, especializadas en defensa antiaérea de fuerza, aportando una elevada capacidad en guerra antisubmarina y de superficie.

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A pesar de seguir siendo plataformas plenamente operativas, la clase Santa María enfrenta ya la fase final de su vida útil. Su sustitución está prevista mediante la incorporación progresiva de las cinco fragatas F-110, el mayor programa de renovación de escoltas emprendido por la Armada en las últimas décadas.

Las futuras F-110 supondrán un salto tecnológico muy significativo respecto a las F-80. Navantia define el programa como un avance tanto en capacidades operativas como en tecnología industrial, con buques diseñados desde su origen para afrontar amenazas complejas y evolucionar durante décadas mediante actualizaciones de software y sistemas.

Con un desplazamiento aproximado de 3.900 toneladas, una eslora de 138 metros y una dotación cercana a 214 militares, las F-80 combinan capacidad oceánica con una elevada versatilidad

Entre las principales novedades destaca la incorporación del radar multifunción SPY-7, un mástil integrado que concentra sensores y antenas para reducir la firma radar del buque, un sistema de combate de última generación, un elevado grado de automatización y el denominado gemelo digital, una réplica virtual que permitirá optimizar el mantenimiento durante todo el ciclo de vida del buque. Estas fragatas también reforzarán la integración de la guerra electrónica, la ciberdefensa y las operaciones multidominio, manteniendo como una de sus especialidades la guerra antisubmarina.

La construcción de las cinco unidades avanza en los astilleros de Navantia en Ferrol. El programa progresa con varias fragatas ya en distintas fases de construcción y constituye uno de los principales proyectos tecnológicos de la Armada Española y de la industria naval nacional.

Hasta que las F-110 entren en servicio de forma escalonada, las veteranas F-80 seguirán siendo una pieza esencial de la Fuerza de Combate de la Armada. De hecho, la institución naval continúa destacando su versatilidad y capacidad para desempeñar misiones de escolta, vigilancia marítima y guerra antisubmarina tanto en aguas nacionales como en despliegues internacionales, demostrando que, pese a su antigüedad, siguen siendo un elemento imprescindible para mantener la presencia naval española allí donde sea requerida.

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