Atlantic CityLuís Pousa

Un Nobel, tres Planetas

Hubo un tiempo en que los escritores salían en la tele porque habían ganado
un premio, mientras que ahora ganan premios porque salen en la tele

Octubre es mes de premios literarios. Han fallado el Nobel, que como siempre se lo han dado a un escritor húngaro que publica en Acantilado, y el Planeta, que también ha ganado contra todo pronóstico un escritor que publica en Planeta.

En la provincia coruñesa tenemos un Nobel y tres Planetas, que para nuestro tamaño no está nada mal. El único bendecido por la Academia Sueca es Camilo José Cela, que era un señor de Padrón que escribía como los ángeles, pero al que ya sólo se recuerda por sus guasas y exabruptos en la televisión de los noventa, que era una tele muy de Berlusconi —exactamente igual que la tele de ahora mismo— en la que los vaciles de don Camilo daban mucho juego y hacían repuntar la audiencia. De vez en cuando, hay que apagar la tele y volver a la prosa de Cela. Por ejemplo, a las memorias de su niñez en Iria Flavia, que cuenta en La rosa. A mí me da que para hacer fluir así un relato hay que nacer en un sitio con río. Mejor todavía, si naces en un lugar con dos ríos, como Padrón, donde aprendes a leer y escribir mientras el Ulla y el Sar acunan tus palabras. Aunque el Miño es más grande y se lleva la fama, el Sar viene a ser nuestro Misisipi, que también dio grandes escritores como Twain o Faulkner.

En el escalafón de los Nobel no entra cualquier piernas. Pero como Cela no encaja en los cánones de eso que llaman «sistema literario gallego», en vez de tratarlo como a un Nobel de Padrón, la cultura gallega —tanto la académica como la militante— lo trata como si fuese un señor de Murcia.

Después de recibir el Nobel, Cela obtuvo el Planeta con La cruz de San Andrés, en medio de unas tormentosas acusaciones de plagio que dejaron un borrón con muy mala pinta en su expediente. Parafraseando al propio don Camilo cuando se barajaba su candidatura al Cervantes, que te den el Planeta después del Nobel es como si te nombrasen conde después de haberte coronado rey. El cheque no mereció la pena.

El escritor Camilo José Cela muestra su medalla del Premio Nobel en 1989

El escritor Camilo José Cela con su medalla del Premio Nobel en 1989©RADIALPRESS

Nuestros otros dos Planetas son el ferrolano Gonzalo Torrente Ballester, que triunfó en 1988 con Filomeno a mi pesar, y el coruñés Fernando Bermúdez de Castro, galardonado en 1958 por Pasos sin huellas. Torrente se hizo con el premio con unas «memorias de un señorito descolocado» que hoy rechazaría cualquier editorial grande por considerarlas poco o nada comerciales. Pero aquella era la edad de oro del Planeta, cuando los escritores salían en la tele porque habían ganado el premio, mientras que ahora ganan el premio porque salen en la tele.

Lo de Bermúdez de Castro fue otra historia. Era un completo desconocido y se impuso con un relato autobiográfico sobre sus andanzas de estudiante en Londres. Pasos sin huellas es una novela cruda y espléndida. Y paradójicamente es la única que publicó su autor. Dejó otras quince obras inéditas al morir, pero con la orden tajante de que no viesen la luz. La noche que se fallaba el Planeta de 1958, Bermúdez de Castro ni siquiera asistió a la cena de gala, que entonces todavía se celebraba en Madrid, donde vivía el abogado y escritor. Una vez que anunciaron que había ganado, su familia tuvo que convencerle de que se acercase al hotel para agradecer el galardón. Se llevó el Planeta y el cheque de 100.000 pesetas y desapareció de escena para siempre.

A mí esa fuga de Bermúdez de Castro me recuerda una frase de Vila-Matas, un nombre fijo cada octubre en las apuestas del Nobel de Literatura. En su libro Fuera de aquí, el escritor barcelonés apunta que «pase lo que pase, lo correcto es largarse». A Vila-Matas le encanta jugar a inventarse sentencias y luego atribuirlas a algunos de sus monstruos favoritos. «Pase lo que pase, lo correcto es largarse» se la ha endosado unas veces a James Joyce, y otras a Franz Kafka (otros dos habituales de las quinielas de los Nobel que nunca se llevaron el Nobel). Da un poco igual si la cita es del propio Vila-Matas, de Kafka o de Joyce. Pero lo cierto es que, como hizo Bermúdez de Castro en 1958, pase lo que pase, lo correcto es largarse.

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