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Varias personas caminan bajo la lluvia, a 9 de octubre de 2024, en Santiago de Compostela, A Coruña, Galicia (España). La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha puesto a Galicia en alerta naranja por la borrasca Kirk, que provoca rachas de viento de hasta 150 kilómetros por hora y precipitaciones acumuladas que han llegado hasta los casi 80 litros por metro cuadrado en algunas zonas. Las incidencias registradas son, en su mayor parte, la caída de árboles, el desplazamiento de tierras y las inundaciones, además de cortes de luz.

Álvaro Ballesteros / Europa Press
09 OCTUBRE 2024;AEMET;TIEMPO;BORRASCA;PRECIPITACIONES;VIENTO
09/10/2024

Galicia vive el invierno más húmedoEuropa Press

Galicia vive el invierno más húmedo de los últimos 25 años con lluvias un 81% superiores a lo habitual

Para encontrar un invierno con niveles similares de precipitaciones hay que remontarse a la temporada 2000-2001

Galicia es una de las regiones de España donde la lluvia forma parte del paisaje cotidiano. El clima atlántico que domina la comunidad se caracteriza por inviernos suaves, cielos frecuentemente cubiertos y precipitaciones repartidas a lo largo del año, especialmente en los meses más fríos. Este patrón meteorológico convierte a la lluvia en un elemento habitual del día a día de los gallegos, aunque incluso en un territorio acostumbrado al agua hay inviernos que destacan por su intensidad.

El último invierno meteorológico, que abarca los meses de diciembre, enero y febrero, ha sido precisamente uno de esos episodios excepcionales. Según el balance realizado por MeteoGalicia, la comunidad gallega ha registrado el invierno más húmedo del último cuarto de siglo y el cuarto más lluvioso de toda la serie histórica, con una precipitación media de 800 litros por metro cuadrado, una cifra que supone un 81 % más de lluvia de lo habitual para esta época del año.

Para encontrar un invierno con niveles similares de precipitaciones hay que remontarse a la temporada 2000-2001. El elevado volumen de lluvia ha sido consecuencia de una sucesión casi continua de borrascas atlánticas, muchas de ellas especialmente activas, que han atravesado la comunidad durante buena parte del invierno.

El más húmedo y también el más cálido

Aunque diciembre se mantuvo dentro de parámetros relativamente normales, el verdadero cambio llegó a partir de enero. Durante ese mes las precipitaciones ya se situaron casi un 98 % por encima de los valores habituales, anticipando un final de invierno todavía más extremo.

El punto álgido llegó en febrero. El segundo mes del año fue extremadamente húmedo, con una precipitación media acumulada de 304 litros por metro cuadrado, lo que representa un 160 % más de lluvia de lo normal para este periodo. De hecho, para encontrar un mes de febrero con registros comparables es necesario retroceder hasta 1979.

Durante las primeras semanas del mes, Galicia estuvo bajo la influencia de borrascas muy activas que llegaron de forma casi encadenada desde el Atlántico. Estas situaciones meteorológicas provocaron episodios de precipitaciones persistentes y, en algunos casos, acumulaciones muy elevadas en pocas horas. En la segunda mitad del mes las borrascas fueron menos frecuentes, pero continuaron dejando cantidades significativas de lluvia.

A pesar de la sensación generalizada de frío entre la población, el invierno también fue ligeramente más cálido de lo habitual. La temperatura media se situó en 9,1 grados, alrededor de seis décimas por encima del valor climático de referencia.

El predominio de borrascas y cielos cubiertos ayudó a suavizar las madrugadas. La abundante nubosidad impide que el calor acumulado durante el día se disipe rápidamente por la noche, lo que provoca temperaturas nocturnas más suaves de lo habitual.

La intensidad de los fenómenos atmosféricos también se reflejó en el número de alertas activadas. Durante todo el invierno meteorológico solo hubo 17 días sin ningún tipo de aviso por parte de los servicios meteorológicos: ocho en diciembre, cuatro en enero y cinco en febrero.

La sucesión de temporales, los elevados volúmenes de lluvia y la persistencia de cielos cubiertos han marcado un invierno especialmente intenso desde el punto de vista meteorológico, que podría seguir dejando nuevos episodios de precipitaciones antes de la llegada plena de la primavera.

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