Romería vikinga, Catoira

Romería vikinga, Catoira

El pueblo de Galicia que representa un desembarco vikingo durante sus fiestas

Entre drakkares y vino: así se celebra en Catoira la fuerza del pueblo gallego

España es un país con muchas tradiciones, muchas de ellas de origen cristiano y algunas romano. Sin embargo, al norte de la península, específicamente en Galicia, existe una tradición cuya historia no es cristiana, ni romana, sino vikinga.

En Catoira, un pequeño municipio de Pontevedra, se celebra el desembarco de Catoira, más conocido como Romería Vikinga en conmemoración de algunos eventos ocurridos en el siglo XI.

Este municipio estuvo siempre muy ligado a la vida militar debido al punto estratégico donde se encuentra. Así, entre los siglos IX-XI, Catoira fue asediada por los vikingos que entraron por el océano Atlántico para más tarde llegar a Santiago de Compostela. Durante años los habitantes de este pueblo lucharon para defender su tierra y su patrimonio de los vikingos y de los piratas sarracenos. Siempre con la ayuda de las fortificaciones construidas, como las Torres de Oeste, que ayudaron como escudo no solo durante las invasiones de la Edad Media, sino también hasta el siglo XVIII, donde protegieron al puerto de padrón de un ataque de los ingleses.

Diez siglos después de este evento, los habitantes de Catoira lo conmemoran, pero de una manera muy distinta a como ocurrieron los eventos originales. Con comida, bebida, música y representaciones se organiza todos los años en agosto la Romería Vikinga

Celebrada por primera vez en los años 60, se organiza para recordarle al mundo la importancia de este lugar en Galicia y la fortaleza del pueblo gallego. Más tarde, en los 90, empezó a darse más a conocer hasta el punto en que llegó a ojos internacionales y Catoira se hermanó con la localidad de Frederikssund, en Dinamarca. De hecho, artesanos gallegos viajaron a Dinamarca para estudiar objetos y naves vikingas, conocidas como drakkar, para replicarlas con precisión. Estos se llevaron los planos del Skuldelev 5, un navío vikingo que fue hallado en aguas danesas. Sería este el que inspiró el navío de Torres de Oeste que se usa para la celebración.

También se replicaron otros barcos, como es el caso del Gokstad, un barco noruego que fue bautizado en Catoira como el Frederikssund en honor a su ciudad hermana. Y más recientemente se construyó una tercera nave para que formara parte de la celebración. Fue nombrada la Ardglass-Catoira, que homenajea a la localidad irlandesa con la que también tiene hermandad el pueblo gallego.

La celebración se hace alrededor de los únicos restos que quedan de la fortificación de las Torres de Oeste. Se organizan juegos y actividades, al igual que se establece un mercadillo medieval donde la protagonista es la comida de la que los visitantes pueden disfrutar. Ofrecen mejillones, paella de mariscos y otros platos de la región que se mezclan con música y una atmósfera de celebración.

Debido a la popularidad de la celebración, se ha alargado en los últimos años y ahora dura unos cuantos días, en los que el primero de agosto es el más importante.

Dentro de toda la celebración hay un evento que eclipsa al resto y es una simulación de la contienda que se llevó a cabo en el pasado. Unas 200 personas a bordo de los barcos se enfrentan entre sí y «La violencia, el terror y el odio se transforman en una divertida fiesta de convivencia en la que los temibles guerreros nórdicos invaden pacíficamente el castillo y, esta vez, la sed no es de sangre, sino del vino tinto del Ulla». Acaba con baños de vino y un espectáculo de luces y antorchas donde se recuerda lo vivido y se celebra la hermandad entre pueblos.

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