«Mamá, ¿ha venido ya el Rey?»
Los Reyes visitaron la zona del accidente en Adamuz y a los familiares y heridos en Córdoba
Los vecinos de Bujalance esperan a los Reyes
Desde bastante temprano los adamuceños se van reuniendo ordenadamente en la acera frente a la caseta municipal, punto neurálgico de medios, autoridades, sanitarios y curiosos que en este martes anda algo más despejado que ayer, aunque dentro de las instalaciones las mantas y la ropa de abrigo siguen quietas, amontonadas sobre mesas en fila, ofreciendo una imagen que uno no sabría muy bien cómo catalogar. Son mantas que no han llegado a abrigar a nadie, huérfanas de ser humano tembloroso pero llenas de generosidad.
Hoy vienen los Reyes de España a Adamuz y la agenda de la Casa Real marca la primera visita en la zona del accidente, bastante alejada de donde se van reuniendo los vecinos y sobre todo las televisiones de todo tipo y pelaje. Un grupo de redactoras francesas, muy jóvenes, hablan animadamente entre ellas mientras esperan y una, que sabe español, pone la oreja como un radar ante cualquier novedad que pueda cazar sobre una regia visita que no se espera en esa parte del pueblo. Pero todo el mundo está allí. Es cierto que lo medios locales no, porque finalmente han sido autorizados a acceder hasta la zona del accidente, pero el resto allí congregado habla andaluz, valenciano, inglés e incluso japonés. La atención que ha causado esta tragedia es grande, algo que ya se pudo comprobar el lunes en el exterior del hogar del pensionista.
Periodistas esperando a los Reyes
Hay agentes de la policía local de Bujalance apoyando a sus compañeros de Adamuz. Están ordenando el tráfico de la rotonda y al público, cada vez más numeroso, que cruza hacia las proximidades del pabellón municipal. El número de cámaras y redactores también ha crecido en menos de una hora y eso acrecienta la seguridad de que sus majestades van a pasar por ahí. Pero no parece probable. El macutazo lo ha dado una televisión y ha crecido como una bola de nieve. Y es cierto que la presencia policial es amplia, lo que refuerza la esperanza de los vecinos y vecinas que ya no paran de preguntar a los periodistas que cuándo, qué dónde están los reyes, que si se sabe algo.
Policías locales de Bujalance, de apoyo en Adamuz
Afortunadamente el día es menos frio que el de ayer y el sol hace más agradable la espera. Pero cerca de las dos de la tarde ya se supo que no, que los monarcas se han marchado hacia Córdoba como marcaba la agenda, y porque no procedía un paseo como el esperado sencillamente porque España está de luto.
Aunque se masca cierta decepción en el ambiente, los adamuceños comprenden la situación. Y porque en definitiva, los Reyes han estado donde deben, han rendido tributo y respeto a los valientes y generosos y les tocaba aún unas citas no precisamente agradables. Pero se les esperaba con ganas y cariño. Un chiquillo que sale de un colegio próximo a la zona ahora marcada por la desazón pregunta a su madre «Mamá, ¿ha venido ya el Rey?», y uno puede pensar que a esa edad es más probable sentir curiosidad por Melchor que por Felipe VI. «Han tenido que seguir para Córdoba porque allí hay gente que está en el hospital», contesta resolutiva la madre del joven monárquico.
Numerosos vecinos de Adamuz, a la espera de los Reyes
Las reunión de cámaras se va disolviendo para tomar un descanso previo a los directos que aún quedan. En el Bar Los Monteros , cerca del hogar del pensionista, se concentra otro de los numerosos grupos que llevan ya dos días en Adamuz. Periodistas de distintas procedencias, con el ordenado junto a una breve cerveza o un plato de boquerones fritos. Hay policías nacionales en pleno y merecido receso. Entran los de mantenimiento de Iryo con los chalecos reflectantes capitaneados por una mujer. No pueden hablar con la prensa, claro, pero confiesan que aún queda tajo. Uno de los camareros de Los Monteros dice que no dan abasto desde el domingo por la noche. «No hemos descansado. Y mira que el pueblo hay más bares, pero o vienen todos aquí o es que hay más gente de la que pensamos».
Aún quedaba una nueva avalancha de periodistas que tras los directos de la sobremesa llegan buscando el refugio impagable de un bar español. De los de toda la vida. Y con unos bocadillos que no se salta ni el polaco que está tratando de pedir en inglés uno de tortilla. Los lugareños se hacen a un lado en la barra y en la terraza con la misma generosidad que han puesto en todo desde antes de ayer. La mayoría son señores de mediana edad que miran cómo transcurre en ese momento la vida en su pueblo. Es cierto que todo lo que allí discurre es producto de una tragedia, pero esos hombres de piel curtida, gorra de paño caqui y cigarrillo perenne tienen en la mirada la distancia y sabia condescendencia de los que saben que, a pesar de las dificultades, los días siguen llegando sucesivamente con otros afanes y que ,en unos meses, solo serán un titular de hemeroteca.