Imagen de archivo de un aula vacía en un colegio

Imagen de archivo de un aula vacía en un colegioEl Debate

Córdoba tiene 16 vacantes para dirigir centros docentes: «Muchas veces nos sentimos solos»

La directora de un IES afirma que son «el saco de boxeo al que todo el mundo da, todos exigen»

Uno de los problemas menos conocido con los que carga el sistema educativo es la cada vez más frecuente falta de candidatos a la hora de nombrar el director de un centro docente. Este cargo, antes respetado y con cierto atractivo, pierde su encanto a pasos agigantados y en la actualidad se complica la búsqueda de aspirantes.

Los datos explican la situación: en Córdoba se han ofertado 132 vacantes en todos los niveles educativos (Infantil, Primaria, Secundaria, Conservatorios, Escuelas de Arte o de Idiomas) y actualmente hay 16 vacantes por cubrir, sin candidato alguno, de las que 10 corresponden a colegios de Infantil y Primaria, dos a IES, dos a Escuelas de Idiomas o otras dos a Escuelas Infantiles. En Andalucía, el número de vacantes asciende a 164, lo que supone un 12,72 por ciento del total, según la asociación sindical docente de directores Asadian.

«Ser director ya no es solo liderar un proyecto educativo; hoy, en demasiadas ocasiones, significa convertirse en gestor administrativo, mediador de conflictos, responsable legal y, además, estar disponible prácticamente las 24 horas del día». Quien así lo explica es una profesora que conoce bien de lo que habla. Es María Ángeles Domínguez, directora del IES Fidiana desde hace nueve años y responsable en Córdoba de Asadian.

Ella llegó al cargo por jubilación de su antecesor y desde entonces ha visto cómo ninguno de sus compañeros ha dado el paso, por lo que se ha presentado en dos mandatos y el próximo 28 de abril presenta el proyecto de dirección para un tercer periodo.

Domínguez se autodefine como «directora vocacional» y confiesa que está rodeada de un claustro de profesores que «vale un imperio» y que le hace más fácil el trabajo. Pero esto no impide que ella conozca la realidad por la que atraviesan sus compañeros en otros centros. «Si lo piensas friamente, nadie asumiría una dirección, porque la responsabilidad es brutal», apunta.

Una presión constante

Ahora, además, los problemas laborales no se quedan en el trabajo, ya que «el teléfono móvil ha terminado de borrar cualquier frontera entre la vida profesional y la personal, convirtiendo un cargo ya de por sí exigente en una responsabilidad constante e ininterrumpida».

Por si fuera poco, «a esto se suma una burocracia creciente que, lejos de facilitar el trabajo, parece pensada para justificarlo, con informes que nadie lee, protocolos que se multiplican y una sensación generalizada de que el tiempo se dedica más a cubrirse las espaldas que a mejorar la educación», detalla María Ángeles Domínguez, quien se pregunta «en qué momento se perdió el foco pedagógico».

«Muchas veces nos sentimos solos, porque tienes que gestionar equipos y somos el saco de boxeo al que todo el mundo da, todos exigen», explica para describir una situación en la que «siempre estás apagando fuegos y en ese fuego siempre hay personas, y gestionar personas y adolescentes es muy delicado».

La falta de autoridad

Los potenciales aspirantes a la dirección de un centro conocen a la perfección que en la actualidad el cargo no compensa ni social ni económicamente y por eso se ahorran dar el paso al frente. La directora del IES Fidiana argumenta que «el complemento salarial, que en teoría debería compensar el esfuerzo, apenas se percibe en la práctica tras la carga fiscal». Por si esto fuera poco «más preocupante aún es la pérdida de autoridad y confianza, porque la figura del director, antes respetada, se ve ahora cuestionada con facilidad por una parte de la sociedad que deposita en la escuela responsabilidades que van mucho más allá de sus competencias».

Esta presión constante tiene unas consecuencias directas en el desgaste emocional, porque «gestionar conflictos con familias, atender problemas de convivencia o enfrentarse a situaciones delicadas sin el apoyo suficiente genera una presión difícil de sostener en el tiempo», sin perder de vista que en muchos casos no se cuenta «con la formación específica necesaria ni con equipos multidisciplinares que respalden estas tareas».

En los casos de vacantes a la dirección de un centro, el inspector de referencias busca un candidato entre el claustro de profesores. Si esta operación resulta infructuosa se abre la oferta a profesionales de otros centros que aprovechan la oportunidad para cambiar de centro o de localidad sin esperar a tener los puntos necesarios.

Las medidas propuestas

Para revertir la situación y hacer que vuelva a ser atractiva la dirección de un centro, Domínguez propone como «imprescindible» replantear las condiciones del cargo, puesto que «no basta con discursos sobre la importancia del liderazgo educativo, hacen falta medidas concretas: menos burocracia, más recursos humanos, mejor reconocimiento y una delimitación clara de responsabilidades».

La situación no se puede demorar, según explica esta responsable de Asadian, porque de seguir así «el problema no será solo que falten directores, el verdadero riesgo es que quienes podrían desempeñar mejor ese papel decidan, sencillamente, no hacerlo».

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